‘Manos de lumbre’, de Alberto Chimal

PEDRO PUJANTE.

El escritor mexicano Alberto Chimal es un gran conocedor del relato breve, como ya demostró en su anterior libro Los atacantes, una antología de cuentos en los que destacaba un estilo mordaz e inteligente con el que se adentraba en el género de terror pero reescrito desde los miedos más contemporáneos. En esta nueva entrega, Chimal vuelve a recoger escenarios y personajes actuales pero tratando de evocar antiguos temas y viejas emociones: el temor, la angustia existencial, la fractura de la identidad o la frágil línea entre cordura y locura.

En la primera de las piezas, “Los Leones del Norte” encontramos a un escritor sin talento que se dedica a plagiar las letras de canciones. Pero quizá sea recomendable tener en cuenta que cualquier día alguien puede aparecer para pedirte explicaciones y exigirte un desagravio poco ortodoxo

En “Marina” se narra lo que parece un inocente juego. Sergio se enamora de su prima Luisa y, para conquistarla, le propone llevar a cabo una sesión de hipnosis con la secreta intención de dominar su voluntad. Pero, como ocurre en las historias de Chimal, las cosas no siempre suceden como deberían suceder y derivan en inesperados desenlaces. Algo extraño ocurre y la identidad de su prima aparenta sufrir un extraño cambio. ¿Ha intervenido alguna fuerza oculta, un ser sobrenatural y perverso, o quizá Luisa le está gastando una pesada broma a su inocente primo?

“La segunda Celeste” me ha parecido la historia más lograda del volumen. Un relato que flirtea con la ciencia ficción y que nos propone otra vez la suplantación de la identidad pero sustituyendo lo fantástico por lo científico. Se está experimentando con una tecnología que permitirá volcar la identidad de personas fallecidas en receptáculos informáticos, realizando una suerte de “copia identitaria” de los sujetos. Enferma terminal (que acabará convertida en una “Inteligencia Capturada”), novio abnegado y joven doctora conforman un trío amoroso en un relato con un giro final inesperado. Un relato en el que la identidad, el amor y los límites borrosos de qué es un humano perfilan y dan fondo a una magnífica narración.

“Final feliz” es una especie de bufonada, la relación de amistad entre el narrador y un curandero que, como el título ya nos advierte, devendrá en un final totalmente inusual.

Cierra el volumen un cuento también redondo, “Voy hacia el cielo”. De nuevo, Chimal nos coloca ante la duda total y hasta el final (y quizá tampoco) no sabremos si nos está hablando de un loco que cree que ha sido contactado y secuestrado por extraterrestres o de un pobre hombre víctima de una abducción terrible.

Por estas páginas desfilan curanderos, locos e inadaptados, escritores falsarios, miembros de sectas estrambóticas y abducidos por alienígenas adictos a la música rock. Y todos ellos forman un mosaico caleidoscópico con el que Chimal retrata el México más subterráneo, casi mágico y también gamberro.

En general todos los cuentos están narrados con una prosa sobria y bien dosificada y, aunque a veces el lector tiene la impresión de hallarse ante un estilo excesivamente plano, la inteligencia, la sutileza y la ironía con las que penetra en los temas son indicadores de que Chimal es un buen contador de historias. Además, la sobriedad que destila sirve de contrapunto para relatar los más disparatados argumentos.

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