Una historia de amor de libro

NINA KOSMAC.

La belleza, la juventud, el éxito, la inteligencia, el glamour y el dinero, en algunos casos llegan a ser tan efímeros y maravillosos como la primavera y la pasión. Pocos privilegiados son bendecidos y maldecidos con estas virtudes durante la primavera de su juventud.El año pasado vierón la luz ciertos relatos de Fitzgerald inéditos,convirtiéndose como lastimostamente todo lo maldito en un éxito de ventas post-mortem.

Zelda y Scott F. : una pareja icónica, que arde en el fuego eterno de la pasión

Francis Scott Fitzgerald es uno de los mejores escritores del siglo pasado, cuya vida y obra, están elevadas a categoría de mito y de culto. Zelda y Scott Fitzgerald siguen siendo los iconos malditos de la generación perdida, por el trágico desenlace de sus excesivas vidas, sus ganas de vivir al límite y sus actitudes autodestructivas. Ambos perversamente ricos, pecaminosamente jóvenes, puñeteramente guapos e espantosamente ricos, eran la pareja más elegante y fashion del momento,  con su apariencia de dioses griegos, creaban tendencia, representando mejor que nadie la época dorada de los 20. Zelda y Scott siguen fascinando por lo pasional, visceral y ardiente de su personalidades, que les llevó a quemar en la hoguera de sus pasiones su belleza, juventud, sus millones, su amor y su fama mundial. Lo tenían aparente todo y lo perdieron absolutamente todo sin que les importase.

Scott llego a declarar : “Hablo desde la autoridad que me otorga el fracaso”. Jóvenes, guapos, enamorados y malditos como los personajes de sus novelas, vivieron a tope y rápido, dejando bonitos cadáveres y obras, ambos irresistibles perseguidos por una oscura maldición. El día que Scott conoce a la endiosada, rica, guapa, caprichosa y pija “flapper” Selda Zaire, se enamora perdidamente de ella. Las “flapper” practicaban deportes, jugaban al tenis y al golf, tostaban su piel en lujosos yates, luciendo un bronceado a lo “Coco Chanel”. Eran atrevidas, deslenguadas, feministas y provocadoras. Lucían una imagen andrógina con el pelo casi a lo “garçon”, sintiéndose excesivas, irreverentes y rebeldes. Todas ellas excesivamente maquilladas, conducían a toda pastilla coches de lujo, bebían absenta y ginebra, fumaban y en algunos casos incluso esnifaban coca. Eran muy fiesteras y salían de marcha casi todas las noches a bailar “charlestón” y oír “blues”. El desenfreno y el exceso eran según ellas virtudes. Kate Moss podría considerarse una especie de “flapper “actual.

Scott escribe a una amiga, que sabe perfectamente que Zelda ha besado a más de mil hombres y que quiere besar a otros mil más, pero que se ha enamorado de su valentía y atrevimiento y que le da exactamente igual la opinión de los demás respecto a ella. Scott escribe “A este lado del paraíso” y es lanzado hacia el olimpo de los dioses de la literatura con solo 24 años y junto a su joven esposa de 20, emprenden una vida en común llena de excesos, lujo, infidelidades, viajes alrededor del mundo y fiestas. Debido a sus escandalosas peleas son echados de los mejores hoteles de Nueva York. Burlan la ley seca viajando a París y a la costa azul, pierden dinero en Mónaco, realizan un crucero por África y continúan su viaje por Europa del Este.

Son felices y están locos el uno por el otro. La intuición del fracaso y el ocaso se refleja en todas las obras literarias de Scott, aunque creo que jamás se imaginó, que su tragedia personal llegaría a superar la vivida por los personajes de sus obras. Hemingway describe con detalle a Fitzgerald y sus megalómanas fiestas en “París era una fiesta”, aunque muy pronto la vida de la pareja de moda dejaría de ser una fiesta. Scott reconoce que Oscar Wilde es una de sus fuentes de inspiración y Zelda confiesa en una carta a una amiga, que prefiere suicidarse a los treinta, a ser vieja y fea. Scott empieza a beber más de la cuenta (doscientas cervezas al día) y perdiendo el control se convierte en alcohólico. Después del nacimiento de la única hija de la pareja, Zelda sufre una severa depresión post parto y es ingresada en un psiquiátrico, a posteriori de una noche interminable de fiesta. Diagnostico: el peor imaginado, esquizofrenia.

La mitómana generación x, con su actitud aburrida hacia la vida continúa, venerando a Scott, considerándolo casi un arquetipo de belleza y juventud perdida. Fitzgerlad jamás se avergonzó de su ambición y pasión por el dinero. Su familia fue rica, pero lo perdieron todo, lo cual únicamente aumentó su hambre de dinero.

Él también se arruinó, aunque Hollywood intentase rescatarlo y cubrir sus deudas. Zelda le escribió en una carta a su marido: “Dicen que la locura nos separó. Es justo lo contrario: nuestra locura nos unía. Es la lucidez la que nos separa. En otra carta es Scott quien le escribe a Zelda las siguientes frases : “Tu te estabas volviendo loca y lo llamabas genio, yo me estaba yendo a la ruina y lo llamaba cualquier cosa … Y creo que todos los que estaban a suficiente distancia como para vernos más allá de la verbosa presentación que hacíamos de nosotros mismos, se formaban una idea de tu casi megalomaníaco egoísmo, y mi insana indulgencia con la bebida… Sinceramente, jamás pensé que nos arruinaríamos el uno al otro”. Zelda ardió en llamas en la habitación de un loquero y murió carbonizada. Scott, murió frente a una máquina de escribir, con un vaso de whisky en la mano y el corazón roto, fulminado por un infarto al corazón.

El Gran Gatsby

“El gran Gatsby” fue definido como una obra literaria casi perfecta. El libro de Scott Fitzgerald narra la historia de un personaje rico, misterioso y festero, de pasado oscuro, que quiere recuperar a su ex novia, que está casada y tiene una hija con otro hombre…

El matrimonio Fitzgerald vivió como los personajes de sus obras, al límite, buscando nuevos placeres e distracciones, aún sabiendo ambos que el retrato de “Dorian Gray” no existe y que algún día, sus disolutas vidas les pasarían factura. El sentimiento trágico de la vida, está presente de manera sutil en las obras de ambos. Zelda definió “Suave es la noche” como: “un atormentado retrato de opulencia destructiva e idealismo malogrado”. Scott Fitzgerald es el escritor que mejor supo definir la vanidad, presente en todos los seres humanos, a su vez desmitificándola, proponiendo que la misma puede estar reñida con la inteligencia, belleza e incluso bondad.

Todas las obras de Fitzgerald son vivaces, irónicas, cínicas, amenas, ligeras, dramáticas y están pobladas de personajes marginales, oscuros, retorcidos, conflictivos, malditos y físicamente agraciados devorados por la codicia y la ambición. Hace un año la editorial Alfaguara decidió reeditar muchas de las obras de Fitzgerald, todas ellas llenas de personajes, ambiciosos, perversos, retorcidos, conflictivos, guapos y dramáticos.

El Gran Gatsby es la obra favorita de Bill Gates. Johnny Depp introdujo a Kate Moss en la lectura de “Hermosos y Malditos” y ella no aceptó casarse con Jamie Hince, hasta que no le hubo regalado la copia exacta del anillo de pedida de Zelda. Los títulos de las novelas de F.S.F. y de sus relatos no tienen desperdicio: “Flappers y filósofos” (que inicia con el relato titulado “El pirata de la costa”), “El gran Gastby”, “Hermosos y malditos”, “Suave es la noche” y “El Ultimo Magnate” (obra inacabada).

Las ganas de enamorarme en primavera me pueden, sin embargo creo, que volveré a releer los relatos de Fitzgerald pensando en mi efímera juventud dorada, beberé absenta en el Efemérides de Alicante y volverá a visitar el Museo de Dalí y Gala. Bailaré cerca del escenario en un concierto junto a la reina contemporánea del blues “Shemekia Copeland “ en París….

Vivimos en tiempos difíciles y complicados, en el mundo aun se libran guerras, la mujer aun no tiene los mismos derechos que el hombre, con lo cual propongo que nos quedemos sólo con la parte lúdica, divertida y cultural del “Art Déco”, del surrealismo, la literatura y la moda. ¡Bailemos y amémonos hasta la extenuación, ardamos en el fuego de nuestras pasiones!, pero sin quemarnos, ya que nos encontramos en pre-gran depresión.

La primavera es efímera, por eso: ¡haced lo que os apetezca, sin que se os vaya la pinza, con el sello “tweenties” de la era del “all that jazz”! El rollo que se lleva es el de las guapas y guapos “flapper girls” y “bad boys”.

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