7 Años: cuatro personajes y un extraño en busca de una solución.

Por Luis Alberto Comino San Juan

 

Daniel Veronese, ese genio argentino de la escena, lleva a las tablas del Canal de Madrid la obra cinematográfica que en 2016 se convirtió en la primera producción de Netflix fuera del ámbito de las series. Veronese consigue entrar en el difícil mundo de llevar toda la carga humana, con sus miserias y sus riquezas, al reducido espacio de una mesa de negociación. Como antes en “El método Grönholm” o en “Perfectos desconocidos” (cuya adaptación teatral corrió a cargo de Paolo Genovese, mismo director del film en Italia), unos individuos normales y corrientes se convierten en fieras descarnadas, una vez que sus secretos y sus miedos, quedan expuestos encima del tablero.

En 7 años se combina espléndidamente el drama con tintes negros con la intriga psicológica de final inesperado, aderezado con una espléndida interpretación de los actores.

 

Cuatro socios de una empresa, desesperados en busca de una solución a su problema: quién de ellos va a ir a la cárcel, haciéndose responsable de un delito contra la Hacienda y de evasión de capitales que, desde el inicio, sabemos que han cometido los cuatro. Para ello introducen en su círculo a un extraño, un mediador, cuya intervención es, a la postre, devastadora en su relación de amistad y compañerismo que inicialmente nos hacen creer, pero que es inmediatamente volatilizada por la gestión de ese individuo, que no juzga, que no es parte, pero que con habilidad, va desnudando todos los bajos instintos,  las miserias de cada uno de ellos, empeñados en no asumir esos 7 años de cárcel que, condenando a uno, salva a los otros tres.

Veronese adapta la obra cinematográfica y la dota de una atmósfera en la que el espectador se engancha. Ya desde el principio sabe que no todo es lo que parece, y donde el dinero parece imperar sobre cualquier otra cosa. Los actores están todos geniales en su papel, desde ese monstruo de las tablas como es Miguel Rellán, capaz de emocionarnos tiernamente en “Cartas de amor”, y que aquí interpreta de forma comedida y precisa al mediador intruso, un individuo desaliñado, despistado y aparentemente torpe, que irá recorriendo un camino que nos lo mostrará como un maestro en el arte de ir desenvolviendo almas. Está acompañado por Daniel Pérez Prada, al que su físico no impide mostrarnos un personaje fuerte, cruel y ambicioso, consciente de su inferioridad en el organigrama de la empresa y que lucha con saña  por salvar su cuello. Carmen Ruiz, una mujer atractiva y sin escrúpulos, atrapada en un mundo que le ha negado el amor y la maternidad a cambio de dinero. Juan Carlos Vellido (que ya compartió cartel con Carmen en “Bajo Terapia”), que interpreta al cerebro gris de la empresa; un individuo egoísta, camuflada en eficacia empresarial, que no duda en arrastrar al fango a sus compañeros en aras de unos beneficios empresariales y de mantener su control sobre ellos. Y Eloy Azorín (que en su día me sorprendió y maravilló en su papel de Brick en “Una gata sobre un tejado de zinc caliente”), que aquí incorpora a un personaje  en el fondo frágil fuera de su hábitat natural, que son la informática y los programas, y que intenta sobrevivir en un entorno donde no está cómodo ni entiende.

Son gente aparentemente fuerte, aparentemente triunfadores en el mundo empresarial moderno, que se desmoronan como muñecos de trapo ante la visión cercana de la cárcel.

Una obra que entronca con las grandes obras de misterio (Falso culpable, Ha llegado un inspector…), pero con una pátina de vida actual y propia, que nos engancha desde el primer minuto y que merece la pena ir a ver.

Una estupenda Compañía posando felices, tras el trabajo en un drama de cotidianas miserias humanas.


Obra basada en la película original de Netflix

Idea original José Cabeza

Versión y dirección Daniel Veronese

Reparto (por orden de intervención) Juan Carlos Vellido, Daniel Pérez Prada, Eloy Azorín, Carmen Ruiz, Miguel Rellán

Voz de Natalia Malena Gutiérrez

Ayudante de dirección Maite Pérez Astorga

Diseño de iluminación  Juan Gómez Cornejo/Ion Aníbal López

Escenografía y vestuario Mónica Boromello

Ayudante de escenografía y vestuario François  Rouillé

Prensa María Díaz

Community Manager Cristina Díaz 

Fotos cartel Sergio Parra

Diseño gráfico Alberto Valle-Hawork Studio

Teatros del Canal. Sala Verde. Del 4 de octubre al 4 de noviembre de 2018

 

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