Los cuerpos perdidos: el caso atroz de Ciudad Juárez en una manifestación artística imprescindible

Por Ana Riera

 

Hablar de Ciudad Juárez, México, es hablar de mujeres. Es afrontar un tema atroz y vergonzoso, de los que hielan la sangre, de los que no dejan indiferente a nadie. Pero eso no desanimó al dramaturgo José Manuel Mora. Todo lo contrario. Para él fue un incentivo, un punto de partida para crear. Y decidió convertir todo el horror que se desprendía de los informes de Amnistía Internacional y de lo que él mismo iba averiguando a través de sus indagaciones y su experiencia, y también de la lectura de Huesos en el desierto, de Sergio González Rodríguez, en un espeluznante texto teatral, Los cuerpos perdidos, que puede verse en la sala principal del Teatro Español hasta el 25 de noviembre.

En los años noventa, en esa ciudad maldita, era posible violar, torturar y asesinar con total impunidad, sobre todo a niñas y jóvenes poco favorecidas a las que se engañaba con todo tipo de argucias y que acababan convertidas en meros objetos para el deleite de unos pocos. Como señala el propio autor, “para que unos cuerpos disfruten, otros tienen que desaparecer”. Ese es el punto de partida de esta pieza. Pero el autor no se para aquí, sino que se atreve a ir mucho más allá y abordar el tema de la maldad intrínseca al hombre, de esa faceta oscura que todos llevamos escondida en algún rincón. Solo así se explica que puedan ocurrir cosas como la que aquí se narra, de forma tan prolongada y a tan gran escala.

Para contrarrestar la dureza del texto y hacerlo más llevadero, se ha optado por un vestuario lleno de colorido y de lo más estrafalario: una nota de luz y desenfado entre tanta negrura. Además, se juega con la danza moderna,el canto y la música. Ver los cuerpos moviéndose de forma armoniosa mientras forman bellas simetrías ayuda a digerir la crudeza. Oír la animada música desenfadada saca al espectador, aunque sea solo por unos instantes, del agujero oscuro en el que le va sumiendo lo que ocurre sobre el escenario. Y escuchar las bellas voces de sirena ayuda a templar el alma. Por eso estas manifestaciones artísticas resultan acertadas e imprescindibles.

Sin embargo, quizás debido a la complejidad del tema o a querer abarcar demasiado, hay cosas de la trama que no acaban de entenderse. Como la extraña despedida sexual antes de la ruptura de la primera escena, o la facilidad y rapidez con la que el despechado se pasa al bando de los malos una vez en tierras mexicanas, o la sorprendente relación homosexual de éste, o el supuesto dilema ético que experimenta él mismo hacia el final de la obra, mientras lava la ropa de sus víctimas en un intento de expiar su culpa.

Aún así, la obra se salva por la profesionalidad del elenco, formado por Carlos Beluga, Julia de Castro, Conchi Espejo, Verónica Forqué, David Picazo, Paula Ruiz, Cristóbal Suárez, Jorge Suquet, José Luis Torrijo y Guillermo Weickert, que hacen un serio trabajo bajo la batuta de la directora Carlota Ferrer. También destaca la fantástica escenografía de Mónica Boromello y la tétrica iluminación de David Picazo.

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También en CULTURAMAS:

“Los cuerpos perdidos”: investigación teatral en torno al feminicidio de Ciudad Juárez

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Teatro Español. Sala Principal. Del 1 al 25 de noviembre 2018

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