¿Nos sigue queriendo el cine?

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Por Jorge Girbau Bustos.

A veces me pregunto si estamos perdiendo por el camino la esencia primaria del séptimo arte, claro que no se puede dejar de lado a las películas porque éstas aún siguen siendo una parte cultural. Pero, ¿las estamos cuidando o se han convertido sólo en un pasatiempo? Menos mal que aún conviven directores interesantes, intérpretes valientes y productores que apuestan por experimentar prácticamente del vacío; la apuesta para que el cine se le respete consiste en innovar el lenguaje cinematográfico.

El problema viene cuando el público demanda cintas que sólo se quedan en la superficie no entrando nunca en la corteza, el cine ya no experimenta (o experimenta muy poco) porque ahora se hace más caso a las temporadas (temporada de Navidad, temporada de verano…) enterrando, a veces, a las obras que buscan la calidad; puede que ya haya desaparecido la etapa dorada del cine, la etapa de las vanguardias, la etapa del cine que deambulaba por el mundo siendo sólo cine; ahora los jóvenes (¡perdón por generalizar!) quieren ser una especie de Marlon Brando, y lo más gracioso, es que muchos no reconocen a Don Vito Corleone. Vivimos en una época de ignorancia (porque se quiere llegar sin hacer una travesía).

Para entender mejor esto voy a adentrarme un poco más en una de las muchas bases que tiene el cine, y me voy a quedar analizando a un director indio que es, por derecho, uno de los genios de esta industria que ha hecho crecer al arte mostrando una sociedad y una forma de vida.

Hoy cuando se menciona a Bollywood nuestra mente automáticamente se dirige a esas películas de folklore de la India en las que todas son iguales y poco cambia; pero hay que saber que este termino fue acuñado en los años 70 del siglo pasado (por supuesto) y antes de ese lenguaje el cine de la India era Pre–Bollywood, contando historias más arriesgadas con una visión social que se asemejaba mucho al lenguaje que poseían las películas en la vieja Europa.

Uno de esos creadores comprometidos y que dio una base social y crítica al cine de la India fue Satyajit Ray (1921 – 1992) con su Trilogía de Apu: 1. Canción del pequeño camino, 2. El invencible, 3. El mundo de Apu. Realizadas desde 1955 a 1960, hizo a la industria cinematográfica india un poco más culta, acercándola a la corriente europea.

Pero, ¿por qué esta trilogía de Satyajit Ray debe ser revisada constantemente? En cada plano, en cada secuencia, se ama al cine, sin olvidarse nunca de mostrar la crudeza de su país. Quiere ser con esto una puerta abierta que nos acerca a unos personajes y tramas que derrochan sensibilidad (mucho dramatismo y compasión). Puede que sea una epopeya del cine social porque en aquella época el medio ya era adulto, tenia mas de sesenta años, y los cineastas ya sabían ver la vida a través de un objetivo.

La trilogía de Apu trata de un joven bengalí a principios del siglo XX que está sumido en la pobreza y cómo este joven se abre camino en la vida convirtiéndose en una persona con estudios después de mucha miseria. Pero no son unas películas sólo de superación personal porque también nos quiere enseñar que en el camino por sobrevivir también hay algunos demonios.

Cuando miramos la figura del cineasta de Satyajit Ray pronto nos damos cuenta de que era un pensador y uno de los grandes innovadores del siglo XX; pero aquí viene la pregunta: ¿por qué este cineasta no es tan reconocido como otros con la misma talla artística?, ¿por qué se dejan empolvados algunos discursos que no se lo merecen?, ¿por qué el gran publico, que frecuenta las salas, prefiere películas para evadirse de la realidad en vez de adentrarse en ella? Y la última: ¿Por qué no se recuperan clásicos, como La trilogía de Apu, para enseñar valores ya perdidos? Tal vez deberíamos recuperar a Satyajit Ray para que el público sepa que el cine indio no son solamente las historias de Bollywood.

¿Nos sigue queriendo el cine?

Después de más de un siglo de vida el séptimo arte ha acercado el mundo al mundo, nadie lo desconoce pero también sabe de los errores humanos y de los pocos aciertos tanto que el cine se ha convertido en una herramienta más para ayudarnos, (¡ya nadie se impacta con la secuencia de un tren en marcha!).

El cine nos hace preguntarnos y nos sabe contestar con respuestas a muchas dudas: ¿nos sigue queriendo el cine, o es tan sólo un espejismo de la vida?… ¿Tantas películas de palomitas están ayudando a su arte? ¿Los efectos especiales son importantes para contar las historias?… ¿Los creadores clásicos cómo hubiesen visto esta nueva tendencia audiovisual? El camino debe seguir por donde empezó y es necesario volver a los orígenes: ¡Siempre a los orígenes de las imágenes en movimiento!.

¿El cine aún nos quiere?

 

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