Sofística y hedonismo: Protágoras y Aristipo, la moralina griega.

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por Kika Sureda

Protágoras ( 480- 411 a.c) Natural de Abdera, ciudad de Tracia. Llegó a Atenas en el 445 a.C. Compartió parte de su vida con Pericles y llegó a ser un gran maestro y filósofo. Se hizo llamar sofista. Enseñaba a cambio de un pago en dinero, siendo tal su reputación que recibía grandes cantidades por parte de sus alumnos. Profesor de retórica, interpretación poética y gramática. Solo nos han llegado fragmentos de sus obras. Reflexionó sobre lo bueno y lo malo, lo falso o verdadero. Según Protágoras, cada persona es su propia última autoridad: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Tuvo que exiliarse acusado de impío y murió ahogado durante su viaje a Sicilia.

En su Protágoras Platón presenta al sofista sosteniendo una forma bastante conservadora de moralidad social, basada en una versión de la teoría del contrato social. Los hombres necesitan desarrollar instituciones sociales para poder sobrevivir en un mundo que les es hostil y sus virtudes sociales, como justicia y autocontrol, deben ser observadas por una institución.

Aristipo (435 a.C – 360 a. C) Fundador de la escuela cirenaica del hedonismo y coetáneo de Sócrates, estudió en Atenas. Sus creencias trataban sobre que el placer es el bien de la humanidad y su dolor a la vez. Según su teoría el placer era el gran bien de la humanidad y el dolor el menor. Se lograba el dolor y el placer mediante la virtud y el ser humano debía dedicar la vida a buscar el placer y la manera de evitar el dolor utilizando la moderación y el juicio para mantener los impulsos maliciosos y dañinos contenidos. La ética, el bien y el placer, así como el espiritual, eran las cuestiones básicas de las que se ocupaba la escuela cirenaica. También defendían la posición sensualista, como única fuente de conocimiento el uso de los sentidos; y la subjetivista, no hay más conocimiento que el propio, el individual. La filosofía cirenaica se quedó en un conjunto de máximas con las que justificar una forma indolente de vida de algunos hombres cuya finalidad en la vida era tener una existencia placentera.

Un cirenaico no formula teorías sobre el mundo exterior, pero si podría aproximarse a la filosofía de Protágoras, que considera que lo que aparece a cada hombre es verdadero para él. A pesar de que la escuela cirenaica puede permitirnos extender puentes entre los socráticos y el escepticismo, hay que tener en cuenta que la persecución del placer, para un escéptico es totalmente incompatible con la ataraxia (el estado de ánimo que se caracteriza por la tranquilidad y la ausencia total de deseos o temores).

Hasta nuestros días ha llegado el pensamiento de estas escuelas, cerrando como conclusión que ya que no existe una ley en la naturaleza que obligue al hombre a organizarse moral y éticamente, será el propio ser humano que la creará y tendrá la obligación de acatarla.

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