La revolución del ‘Gran Gatsby’, de Scott Fitzgerald

IRENE MUÑOZ SERRULLA.

Ficha:Título: El gran Gatsby

Autor: Scott Fitzgerald

Alianza editorial

Scott Fitzgerald (1896-1940) fue un novelista estadounidense de gran fama, conseguida principalmente por su novela El gran Gatsby (la cual sirvió de inspiración para otros escritores), aunque su mayor producción literaria estaba formada por historias cortas. En dicha obra Fitzgerald trata el tema del sueño americano y del hombre hecho a sí mismo, con su esfuerzo y trabajo o con sus habilidades sociales.El narrador del libro, Nick Carraway, puede ser considerado el verdadero protagonista de este libro, a pesar de que es otro personaje, Jay Gatsby, quien da nombre a la novela. Es Carraway quien va presentando a los protagonistas principales de la trama: Jay Gatsby, Tom Buchanan y Daisy Buchanan, Jordan Baker, George Wilson, Myrtle Wilson y Meyer Wolfsheim (del que no se desvela mucha información) entre los principales, y quien nos lleva por cada historia relacionada con ellos. En una época de prosperidad económica en Estados Unidos, que contrasta con un período de altos índices de contrabando y prohibiciones, Fitzgerald quiere remarcar la ausencia de virtudes en esta nueva generación a través de personajes caracterizados por un gran interés en el glamur y el consumismo, y de un alto nivel de superficialidad. Podría decirse incluso que se trata de una sátira social que deja al descubierto las grandes diferencias sociales de esa época. Unos marcados contrastes que podríamos resumir en: el horror de la guerra y la fascinación y el glamur del periodo posbélico; la realidad y las ilusiones; y, la notable diferencia entre el Este (desarrollo y tradición de East Egg) y el Oeste (inmadurez de los nuevos ricos en West Egg).

Podemos leer El gran Gatsby como una novela de entretenimiento y no complicarnos más; sin embargo, hay determinadas cuestiones dignas de ser analizadas y que el autor utiliza para representar lo que comentaba anteriormente. Por ejemplo, en la casa de Daisy se ve una luz verde, por las noches, que Gatsby mira frecuentemente. Esta luz, para Gatsby, representa su futuro y su sueño inalcanzable. En un juego interesante, Fitzgerald vincula este sueño inalcanzable con el pasado en el que Gatsby fue feliz; quiere decirnos que para Gatsby volver a ser feliz, por el momento, es inabordable. Otro aspecto a estudiar es la enorme colección de libros que tiene Gatsby, pero ¿los habrá leído o se trata solo de querer aparentar? ¿Solo representan la superficialidad, el querer aparentar? ¿Realmente hay un fondo culto en este personaje?

Otro matiz de interés es el de los colores. Por un lado destaca cuatro colores: amarillo (dorado), verde, azul y blanco. El amarillo está vinculado con el dinero, oro; el verde con la vida y la esperanza del futuro (a pesar de la curiosa aplicación a la luz verde que he mencionado antes); el azul es el color de la prosperidad para Gatsby; y, el blanco relacionado con la femineidad. Esto contrasta con el gris del valle de las cenizas: los sueños rotos y la decadencia que la búsqueda incesante del sueño, del dinero, de la prosperidad está dejando en esta generación americana, y a la vez representa la situación de aquellos que no han tenido la oportunidad de, ni siquiera, llegar a soñar con prosperidad. También los fenómenos atmosféricos acompañan el desarrollo de la novela y su aspecto sentimental; por ejemplo, el encuentro entre Gatsby y Daisy comienza con un entorno de melancolía y lluvia y se transforma en felicidad con la aparición del sol y la luz. El análisis de esta obra puede seguir por el lado de las cuestiones de género, tratadas de una forma tradicional: el hombre es el que tiene que trabajar para mantener a la mujer. La violencia es otro tema a destacar: Tom Buchanan utiliza su constitución y fuerza para conseguir sus deseos e intimidar a quien se opone en su camino. Las clases sociales, la religión, la guerra, la honestidad…

En resumen, lo que puede parecer una simple novela ligera llevada al cine en 1926 por el director Herbert Brenon, en 1949 por Elliott Nugent, en 1974 por Jack Clayton, en 2000 por Robert Markowitz (una versión para televisión) y en 2013 por Baz Luhrmann; pero lleva detrás una gran carga simbólica convertida por Fitzgerald en una gran novela en la que siempre hay connotaciones por descubrir y analizar

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