Olga Orozco. La oscuridad es otro sol

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Por María Elena Sofía

   Su memoria son los relatos que nacieron en la boca de su abuela María Laureana. La infancia es la puerta iniciática de su arte y es el paraíso perdido que luego aparece en sus versículos. Dicen que se debió a la influencia de San Juan de la Cruz, Rimbaud, Rilke… Pero ella resultó sobresaliente, como los calificativos escolares de los trabajos que asombraban a las maestras. Una escritora sobresaliente. Y fuerte, con esa fortaleza que atrae a los demás como un encanto irresistible. Sus poemas provocan la abrumadora convicción de lo rotundo, una seducción por la riqueza lingüística y el uso suelto y preciso de los recursos. Cuando se es escritor leer a Orozco enseña. Enseña a escribir y a leer lo escrito. Enseña a mirar de nuevo la hondura del horizonte, a observar “Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol, / atisbando en el cielo una señal, / la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo, / una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta”. A seguir descifrando los enigmas del mundo, el tiempo, la muerte, Dios… La palabra, la soledad, “las sílabas dispersas de un código perdido”. El amor y las innumerables formas de la desdicha en armoniosa alianza: “Él pasará otra vez en esa ráfaga de veloces visiones, de días migratorios; / él, con su rostro de antaño, con tu historia inconclusa, / con el amor saqueado bajo la insoportable piel de la mentira, bajo esta quemadura.”

   Enseñar a entreverarse en los “juegos peligrosos” del esoterismo y la mística, enfrentando el verso quebradizo, incursiones arriesgadas a las zonas intangibles de la realidad. Talismanes, hechizos, búsquedas metafísicas, bailes con espejos, conjuros y rituales para lograr el exorcismo. “Alguien marcó en mis manos, / tal vez hasta en la sombra de mis manos, / el signo avieso de los elegidos por los sicarios de la desventura.” Enseñar a escribir con todo el cuerpo, “Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron. / De mi estadía quedan las magias y los ritos, / unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor…”

   Orozco apostó por las emociones fuertes. Y en sus poemas logró la alquimia perfecta. Respondió preguntas propias y ajenas.  Arregló historias y siguió esperando su pasado que “a veces sólo era un llamado de arena en las ventanas”, para amar sus lugares y sus seres queridos desde otro cielo. “Madre, madre, / vuelve a erigir la casa y bordemos la historia. / Vuelve a contar mi vida.”

   Enseñar a construir una obra. A pesar de los galardones mantener la modestia casi hasta el anonimato. Su obra conquistó territorios para las letras hispánicas, a través de innumerables traducciones. Para Olga Orozco escribir era el ritual “para sustituir los jardines del edén sobre las piedras del vocablo”.

 

   Breve biografía

   Olga Nilda Gugliotta Orozco, conocida como Olga Orozco, nació el 17 de marzo de 1920 en Toay, La Pampa, Argentina. Falleció en Buenos Aires, en 1999. Era hija de un siciliano y una pampeña. Cuando contaba ocho años se trasladó con su familia a Bahía Blanca, y ocho años más tarde se radicó en Buenos Aires. Estudió Filosofía y Letras. Empezó a escribir poesía desde muy joven y fue una de las integrantes del grupo literario surrealista Tercera Vanguardia, al cual pertenecían Oliverio Girondo y Norah Lange. Colaboró en la revista Canto, que reunía a la llamada Generación del 40. En ella aparecieron publicados sus primeros poemas. También colaboró en Radio Municipal y Radio Splendid. En los años sesenta fue redactora en la revista Claudia y organizó el horóscopo del diario Clarín durante los años 1968 y 1974. Tuvo la oportunidad de viajar por países de América y Europa y conectó con sus lectores gracias a los recitales poéticos que ofrecía. Integró en vida la escena riquísima de la poesía hispanoamericana.

  Premios

«Primer Premio Municipal de Poesía» (1963)

«Premio de Honor de la Fundación Argentina» (1971)

«Premio Nacional de Teatro a Pieza Inédita» (1972) por “Y el humo de tu incendio está subiendo.”

«Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes» (1980)

«Premio Esteban Echeverría» (1981)

«Gran Premio de Honor» de la SADE (1989)

«Premio Nacional de Poesía» (1988)

«Premio Gabriela Mistral» de la OEA (1988)

«Premio Konex de Platino de la Fundación Konex» (1994)

«Láurea de Poesía de la Universidad de Turín»

«Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo» (1998)

«Premio Konex de Honor» (2004)

Obra

Desde lejos (1946)

Las muertes (1952)

Los juegos peligrosos (1962)

La oscuridad es otro sol (1967)

Museo salvaje (1974)

Veintinueve poemas (1975)

Cantos a Berenice (1977)

Mutaciones de la realidad (1979)

La noche a la deriva (1984)

Páginas de Olga Orozco (1984) (Antología con prólogo de Cristina Piña)

En el revés del cielo (1987)

Con esta boca en este mundo (1994)

También la luz es un abismo (1995)

Relámpagos de lo invisible (1998) (Antología)

Eclipses y fulgores (1998) (Antología)

Últimos poemas (2009)

El jardín posible (2009) (Antología con prólogo de Marisa Negri)

Poesía Completa (2012) (Adriana Hidalgo Editora)

 

 

 

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