‘La jaima’, de Mohamed Chukri

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La jaima

Mohamed Chukri

Traducción de Rajae Boumediane El Metni

Cabaret Voltaire

Madrid, 2018

216 páginas

 

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

Con El pan a secas (El pan desnudo en anteriores traducciones) por libro emblemático, Mohamed Chukri (Beni Chiker, 1935 – Rabat, 2004) construye un proyecto literario en el que poco es lo que se le escapa a su capacidad de percepción. Se trata de libros tristes, sí, como los relatos que componen este La jaima, pero de una contundencia que transforma la literatura en una herramienta para conocer eso que llamamos realidad. Chukri escribe sin falsos pudores. Su mundo está poblado de almas acribilladas y gente incompleta que busca rellenar los agujeros con otra gente incompleta. De ahí esas relaciones a uno y otro lado de la línea del sadismo, en las que el narrador no toma partido, se limita a certificar. De ahí esas incursiones en sexo carnívoro pero de aspecto cotidiano.

Lo que Chukri entrega son paréntesis en la realidad, o en otra realidad que, fuertemente, nos hace sentir que existe. Se menciona con frecuencia el carácter autobiográfico de la obra, o la autoficción, un vocablo que a Chukri le llevaría a levantar las cejas. Bebe de lo que ha vivido, con desgarro, pero lo presenta como una cocción de lo que le ha construido como escritor. Es una suerte de poeta de los malditos, un defensor, sin proponérselo, de la voz de los miserables. Los relatos han empezado en cualquier momento antes del que se refleja, y terminan cuando ya conocemos a los personajes, su humor, sus reacciones, su desdicha. Aunque no parece que la intención de Chukri sea la defensa del desfavorecido, sino hacer de espejo a la vida que transcurre en las calles.

A la hora de la verdad, la consistencia de su obra es demoledora, sobre todo porque se trata de alguien que tiene algo serio que contar, y lo cuenta sin rodeos, con una sencillez que aturde. Al leer estos relatos nos damos cuenta, también, de que los seres que los pueblan son presas del mal de la resignación. Así podemos leer expresiones como: “A veces, el verdadero amor es cuando tú viajas en un tren y tu amada en otro que va en sentido contrario”; o “la relación con los demás no es más que una ilusión”; o esta de corte demasiado existencialista, que nos aproxima al final voluntario de la vida: “En la existencia hay un gran hueco por el cual se accede, poco a poco, hasta alcanzar el abismo de la nada absoluta”. Uno debe asomarse a ese abismo, sin miedo, aunque sea a través de la obra de Chukri. Si uno pretende salvarse, signifique eso lo que signifique, no debe negarse el derecho a conocerlo.

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