Julián Fontalvo, “El Imitador”: un actor-cantante con vocación internacional

Por Horacio Otheguy Riveira

Un fenómeno artístico que se produce en un joven que se abre camino internacional desde su Colombia natal. Aprovecha parte de su biografía para abordar un espectáculo único en el que la capacidad de imitar voces consagradas le permite ser un creador capaz de ser él mismo perdiéndose entre nada menos que 70 voces, en un abanico tan generoso que va de Michael Jackson o Eros Ramazzotti a Edith Piaff con asombrosa capacidad de transición entre uno y otro.

El arte de imitar a los demás es también el arte de ser uno mismo entre amplios recursos, mientras se siguen buscando nuevas posibilidades. Porque Julián Fontalvo no ha hecho más que empezar, con toda clase de espectáculos esperándole en un más-difícil-todavía pletórico de éxitos. Promesa evidente después de aplaudirle a sala llena y constatar su brío sin arrogancia, su desbordante talento expuesto humildemente, dándole brillo a su origen latino con un lenguaje escénico brillante, divertido, acercando al público con su calor humano como de amigo de toda la vida que un día, así, de repente, llega a tu casa y se pone a cantar sin parar, en una sorprendente sucesión de maravillas.

La admiración por aquellos que imita provoca un contagioso entusiasmo entre el público. Transmite esa alegría en el encuentro con intérpretes cuyos estilo y voz imita. El actor se crece de la mano de cada cantante, incluso cuando en cuestión de segundos pasa de uno a otro. La rapidez es signo de destreza, pero también de una emoción al borde del delirio, la emoción nada común de una ansiedad que se convierte en un acontecimiento palpable, ordenado, poético sobre la arena, la pista (ya mucho más que un escenario), cualquier lugar, como si Fontalvo se excediera en sus aptitudes y el alcance de sus sueños llevados a la realidad, y ansioso por encontrarse con cada personaje imitado le llevara a un estado de felicidad compartido con los espectadores.

 Le vi por primera vez en 2014 en Gin&Tony, junto a Jesús García Gallera (últimamente en The Ópera Locos) y quedé felizmente impresionado. Ahora le aplaudo su éxito internacional y vuelve a conmoverme con un show más exigente aún que aquel. La suerte está echada, y El Imitador se permite dedicar la coda final de su despliegue de voces con una reflexión audaz al verse a sí mismo envejecido y con alzheimer, esa pesadilla que nos persigue cada vez con más fuerza. Pero él, el hombre, el cantante, el actor, la interpreta y al enfrentarse a esa situación descubre que podría salvarse como mucha gente que da ese paso: a través de la musicoterapia, una autocuración con sus propias benévolas armas de la canción, elevando el encantamiento musical al prodigioso don de sanar mentes desvaídas, almas en crisis.

Diseño de sonido y arreglos musicales Pablo Navarro

Diseño de luces Ezequiel Nobili

Técnico de luces y sonido Miguel Guirao

Escenografía Roberto Del Campo

Publicidad y Marketing Celia del Barrio

Comunicación Fernando Pizarro

Diseño Gráfico Borja Arreo

Producido por Yellow Media

GRAN TEATRO PRÍNCIPE PÍO. 7 y 26 de enero; 9 y 23 de febrero 2019, siempre a las 19 horas

Duración: 80 minutos (sin descanso)

Espectáculo recomendado para todos los públicos

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