‘Un hotel en ninguna parte’, de Mónica Gutiérrez

IRENE MUÑOZ SERRULLA.

Después de leer La chica de al lado de Jack Ketchum, tenía claro que necesitaba leer algo que me sirviera para limpiar las heridas que este libro dejaba en mi piel, en mis ojos y en mi alma. Me puse frente a los libros pendientes de leer (e-reader incluido) y tuve claro que la solución me la iba a dar Mónica Gutiérrez Artero autora de varias novelas feelgood entre las que está la elegida en esta ocasión: Un hotel en ninguna parte (2014).

Un estilo epistolar adaptado al siglo xxi, es decir, por medio de correos electrónicos, nos presenta a Emma, una joven violinista que sufre el desengaño de la realidad del ser humano: el director de orquesta en la que trabaja se encapricha de ella y la convierte en primera violinista y en su pareja; sin embargo, cuando llegan nuevas caras a la orquesta, il maestro, como Emma se refiere al director, cambia sus gustos y decide dar el sitio de Emma (en lo profesional y en lo personal) a una nueva violinista. Emma, incapaz de recuperarse del tremendo revés, termina trabajando de doncella de habitaciones en El bosc de las Fades, un pequeño hotel con encanto, inaccesible hasta usando un GPS… Este cambio radical en la vida de Emma significa un cambio, también radical, en su vida personal y profesional.

De la mano de Emma y de los correos electrónicos utilizados por la autora conocemos al resto de personajes: Anna, amiga que le sugiere ese cambio en su vida para reencontrarse; a Samuel y Tristan, los hermanos dueños del hotel, tan diferentes entre sí que casi parece imposible que sean hermanos, salvo por el hecho de que el amor fraternal que los une de principio a fin; a Martha, la madre de Samuel y Tristan y editora de profesión; William Lexington, autor y premio Nobel, retirado al hotel para conseguir recuperar su alma tras la pérdida de su amor y también para encontrar la idea para su nueva obra; Joaquim, el cocinero y músico heavy; Marbel, trabajadora del hotel, y Aurora, su hija de nueve años; Phillip, el recepcionista asocial; y otros tantos que intervienen ocasionalmente para aportar su granito a la historia y para enriquecer a los personajes principales.

Entre las costumbres de los personajes ingleses y las de los personajes españoles, la obra conjuga rarezas, ironías y situaciones tan extrañas como divertidas que te obligan a seguir leyendo correo tras correo para conocer cómo se van desvelando las noticias unos a otros y las relaciones entre ellos. La narrativa dulce y fresca de Mónica Gutiérrez, haciendo honor a su estilo feelgood (estilo que recoge aquellas novelas en las que el personaje principal, con una fuerte determinación, se enfrenta a una situación complicada de la que saldrá vencedor y transmitiendo positivismo, evolución, crecimiento y felicidad), nos reglaa una historia de amor que nace de una de desamor, una historia de superación que surge de una debacle profesional, una historia alegre que viene de situaciones de partida tristes, una historia, en defnitiva, con un final feliz no solo para Emma, la protagonista femenina, sino para Samuel, para Tristan, para Lexington… y para el propio hotel, El bosc de las Fades. Una novela, que como las que ya he leído de esta autora (La librería del señor Livingston y El noviembre de Kate) me ha servido para reestablecer el quilibrio entre cruda realidad y dulce realidad.

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