El camino del tabaco

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EL CAMINO DEL TABACO

ERSKINE CALDWELL

Navona

 

En los campos de Augusta, en el estado de Georgia, el algodón ha dejado de cultivarse y los campesinos se han trasladado a la ciudad para trabajar en las hilanderías. Jeeter Lester, el personaje central de El camino del tabaco (1932), es un blanco pobre, heredero arruinado de una extensa propiedad, que en tiempos de su abuelo había sido próspera. Por desidia y enraizamiento, él no ha abandonado sus tierras, de las cuales es sólo el arrendador, y mantiene la inútil esperanza de que al llegar la primavera, si consigue un pequeño préstamo, podrá comprar unas semillas de algodón y alquilar una mula para reavivar el añorado cultivo. Su mujer, Ada, con quien ha tenido diecisiete hijos, mata el dolor que le produce el hambre mascando tabaco y la abuela, ignorada por todos, se arrastra sigilosamente, como un animal, por los matorrales en busca de raíces y leña. Una hija y un hijo todavía viven con ellos: Ellie May, de 18 años, voluptuosa y con un labio leporino que ahuyenta a los hombres de su lado, y Dude, de 16, corto de entendimiento. Los demás han abandonado el hogar.
La decadencia económica en su representación más miserable se empareja con la vileza moral, expresada por los personajes con sus actitudes mezquinas, racistas y grotescas. Los paisanos de Caldwell, como también sucedió con Faulkner, lo consideraron un traidor al describirlos como unos seres primitivos, y “El camino del tabaco” fue anatematizado por las bibliotecas de su ciudad. El escritor alegó que la obra era sobre todo un rechazo a la literatura de “claro de luna y magnolias” que se hacía en el sur.

CALDWELL, ERSKINE

 

(White Oak, Georgia, 1903-Paradies Valley, Arizona, 1987), escritor estadounidense, era hijo de un ministro de la Iglesia Presbiteriana. Estudió en la Universidad de Virginia y en 1926 se trasladó a Maine donde escribió para periódicos y revistas. En 1936 se casó con la fotógrafa Margaret Bourke-White. De sus obras, como El camino del tabaco (1932), La parcela de Dios (1933) o El predicador (1935) hacia 1940 se habían vendido más de 18 millones de ejemplares. En ellas se describe con humor y erotismo la miseria, la violencia y el racismo de los blancos pobres del Sur.

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