La fiesta de Delirio

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Raquel JR

La fiesta de Delirio: Un cuento de los Pequeños Eternos, de Jill Thompson, Neil Gaiman. Editorial: ECC

Las diminutas versiones de los Eternos ―poderosa familia surgida de las páginas de Sandman, de Neil Gaiman―, regresan por demanda popular en La fiesta de Delirio: Un cuento de los pequeños Eternos. En un intento por liberar de una vez por todas a Desesperación de su infelicidad, la pequeña Delirio prepara una fiesta para su amargada hermana e invita a sus hermanos Sueño, Destrucción, Deseo, Destino y Muerte. Pero cuando la organizadora de fiestas es la personificación del delirio, el acontecimiento promete ser tan estrafalario e impredecible como el color de su pelo. Que la fiesta sea un tremendo éxito o termine en lágrimas, es una verdadera incógnita…

No hace falta recordar la afición de una servidora por el mundo de Sandman, y la riqueza inagotable de sus personajes y universo. A pesar de la oscuridad habitual de los relatos de la serie, Neil Gaiman y Jill Thompson demuestran con éxito el lado más tierno de la saga, llevando a sus principales personajes a la infancia. En este caso la protagonista es la pequeña Delirio, personaje ya entrañable en su estado adulto, y que aquí se nos presenta como una niña tan despistada y volátil como adorable. Con un gran corazón a pesar del caos que genera, Delirio quiere hacer lo posible para alegrar a su hermana Desesperación, para lo cual planea una magnífica fiesta a la que invita a todos sus pequeños hermanos Eternos. Todos ellos harán lo posible por agasajar a Desesperación, y le ofrecerán magníficos regalos: una página maravillosa del libro de Destino; una esfera que atrae la fantasía de parte de Sueño; un colgante capaz de atraer todos los corazones de parte de Deseo; una taza con arena húmeda para construir infinitas cosas de parte de Destrucción; la calma eterna de Muerte… pero nada parece contentar a Desesperación, hasta que todos acaban llorando consternados ante su fracaso que es precisamente lo que hace feliz a su arisca hermana. Así, los pequeños Eternos pueden continuar la fiesta tan contentos tras lograr su objetivo, aunque Desesperación vuelva a fruncir el ceño.

El dibujo de Jill Thompson, colorista y naïf en esta ocasión, se adapta perfectamente a la fantasía y ternura de la historia, a la vez que demuestra una gran capacidad para caracterizar a los personajes en miniatura, en especial a la pequeña protagonista, explorando su lado inocente sin que por ello pierda su personalidad. Thompson consigue, además, y a través de la imaginación que destilan sus ilustraciones, enriquecer el texto y estimular la fantasía de los lectores, logrando un verdadero disfrute al que volver una y otra vez, con el aliciente de ser una historia intemporal, de la que pueden disfrutar todas las edades, tan breve en extensión como profunda en sugerencias y disfrute.

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