“Nerón”, del Teatro Clásico de Mérida al Cervantes de Málaga

Por Alberto Medina.

El Festival de Teatro de Málaga se llenó de sangre, lujuria y desenfreno para honrar al emperador Nerón, último miembro de la dinastía Julio-Claudia, y que pasó a la posteridad por querer ser mejor artista que gobernante.

Producida por el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y Secuencia 3, “Nerón” se presenta como una obra entretenida a la par que golfa, que lleva al escenario la novela “Quo vadis?” del premio Nobel polaco Henryk Sienkiewitcz. Hay que recordar que cuando se escribió esta novela Polonia no existía, por lo Sienkiewitcz intenta identificar la lucha del pueblo polaco por su independencia con la revolución de un cristianismo igualitario frente a un imperio tiránico. La novela se centra en la historia de amor imposible entre un pagano (Marco Vinicio) y una cristiana (Ligia), como también en un neurótico Nerón que incrimina a los cristianos de un incendio que asola Roma. No era de extrañar que dicha historia llegara varias veces a Hollywood, siendo la más recordada la versión de 1951 para Metro-Goldwyn-Mayer y que nos quedará siempre para el recuerdo a Peter Ustinov en el papel del emperador romano, así como a las estrellas de la época, Deborah Kerr en el papel de Ligia, y Robert Taylor como Marco Vinicio.

“Nerón”, escrita por Eduardo Galán y dirigida por Alberto Castrillo-Ferrer nos trae de nuevo la obra “Quo vadis?” pero centrando más la atención en el drama de Nerón (Daniel Muriel).

Según Eduardo Galán, “Nerón” pretende “lanzar un grito unánime” contra el abuso de poder que se hace posible en “todas” las sociedades “gracias” a los que están alrededor “por ambición o temor”.

Un ser complejo y misterioso, que más allá de su imagen frívola tocando la lira mientras arde Roma, convive con los fantasmas de su vida. La obra gira en torno al palacio del emperador, desde la llegada de Marco Vinicio a Roma) tras el establecimiento de la paz con Armenia (año 63 d. C.), con el incendio de Roma (año 64 d. C.), la muerte de Petronio (año 66 d. C.) y finalmente la muerte del emperador enobarbo (año 68 d. C.).

El plantel de artistas de la obra ha trabajado en diversos medios, y muchos serán reconocidos. Con la ventaja de este trabajo todoterreno, llega al público una obra fresca y ágil, y a pesar de las dos horas de la producción, se hace corta y amena. Daniel Muriel (1), ampliamente conocido por trabajar en televisión, cine y teatro, nos trae un Nerón bipolar y estridente. El emperador nos hace reír con sus locuras, y atrapa al espectador con todos sus traumas. Puede que físicamente se aleje del físico de Ustinov, pero el actor vallisoletano (con un físico muy bien cuidado, todo hay que decirlo), nos regala facetas bastante eróticas. También resaltar el trabajo de Chiqui Fernández (Agripina) y Diana Palazón (Popea), que son la encarnación de la maldad y de todas las perversiones del Imperio Romano. José Manuel Seda, Francisco Vidal (Petronio), Javier Lago (Tigelino), Daniel Migueláñez (San Pablo) y Carlota García (Ligia) completan el reparto de la obra.

Las luces y elementos de la escenografía, junto al buen hacer de los intérpretes, consiguen una tragicomedia siempre interesante y divertida con recursos extraídos del séptimo arte como elementos de flash backs o el “teatro dentro del teatro”. No es comparable el teatro Cervantes de Málaga con la espectacularidad del de Mérida, pero se ha logrado crear la imprescindible fascinación ante la teatralización de una historia con mucho atractivo. No está recomendada para aquellos que esperen los textos de Suetonio y Petronio, sino para quienes confíen en disfrutar una comedia con el sello de calidad del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

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(1) En Mérida esta misma función fue protagonizada por Raúl Arévalo, quien por motivos de compromisos profesionales cedió el papel a Muriel.

 

 

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