Brexit: la guerra incivil (2019), de Toby Haynes – Crítica

 

Por Clara Martínez Nistal.

El 7 de enero el canal de televisión británico Channel 4 estrenó la película Brexit: The Uncivil War (Brexit: la guerra incivil), ahora también disponible en la plataforma HBO. El largometraje reconstruye los meses previos al referéndum del 23 de junio de 2016 sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, que precipitó el proceso que deberá culminar en el Brexit a finales de marzo de este año, y cuyas condiciones, a día de hoy, aún están por definir. La película, que hace un esfuerzo por esclarecer desde la ficción un proceso que sigue resultando incomprensible incluso para los políticos que lo orquestaron en la vida real, ha sido recibida con sentimientos encontrados.

La acción se centra en la campaña a favor de abandonar la UE, y en especial en la figura de Dominic Cummings, el director de campaña de Vote Leave, encarnado por Benedict Cumberbatch. Cummings se presenta al espectador como un hombre de mente brillante pero escasas habilidades sociales que parece estar dispuesto a obviar cualquier consideración ética o incluso legal con tal de conseguir votos. Al frente de la campaña a favor de permanecer en la UE está Craig Oliver (interpretado por Rory Kinnear), cuyos esfuerzos nada pueden contra el invencible ingenio de su némesis Cummings. La trama se compone de una sucesión de momentos de epifanía en los que el personaje al que da vida Cumberbatch garabatea febrilmente con un marcador eslóganes imbatibles en la pared de su despacho, y manipula a su voluntad a una serie de personalidades políticas para que ejerzan de voceros de sus tendenciosos mensajes. Hasta tal punto que acabamos por tener la sensación de que, de no haber sido por Cummings, el Reino Unido jamás hubiera votado a favor de abandonar la UE. Solo que sabemos que no puede ser tan sencillo como eso.

El momento catártico del filme lo marca una escena en la que Cummings y Oliver conversan en un pub frente a dos pintas de cerveza, ambos abrumados por el brutal asesinato de la diputada laborista Jo Cox días antes del referéndum. Los dos personajes se cuestionan, durante esta tregua momentánea, cómo ha podido una pregunta de respuesta en apariencia tan sencilla – irse o quedarse– escindir a la ciudadanía y polarizar de tal manera un discurso político que, a esas alturas, ya poco o nada tiene que ver con la UE. Ese mismo error, haber abordado como simple una cuestión que en realidad era inimaginablemente compleja, es el que muchos opinan que ha cometido Brexit: The Uncivil War, al intentar reducir a hora y media de ficción televisiva una intrincada trama de intrigas políticas, malestar social y campañas que todavía hoy siguen siendo investigadas por posibles transgresiones a la ley electoral británica.

Hay quien ha criticado, por ejemplo, la representación de las figuras políticas implicadas en ambas campañas. La película presenta a políticos favorables a abandonar la UE como Nigel Farage, Boris Johnson o Michael Gove como meros bufones que no comprenden la causa que están defendiendo. Esta caricaturización busca la irreverencia; sin embargo parece eximir en cierta manera a estas personas de su responsabilidad política real. Asimismo, los políticos que respaldaron la campaña pro-UE brillan por su ausencia: figuras como David Cameron o Jeremy Corbyn, que jugaron un papel más que cuestionable en la campaña Remain y que fueron incapaces de prever el catastrófico resultado, en el filme solo son nombres que se mencionan de pasada.

No obstante, un aspecto interesante que explora la película es la colaboración del equipo de Cummings con la consultora política especializada en obtención y análisis de datos AggregateIQ, cuyas conexiones con Cambridge Analytica se han investigado con posterioridad. Según la película, la información obtenida por AggregateIQ a través de redes sociales permitió localizar y captar a tres millones de votantes a los que la campaña rival no supo llegar. La influencia que este tipo de estrategias de captación de dudosa ética y legalidad puede tener sobre los resultados electorales es algo que conocemos desde el triunfo de Donald Trump en EE. UU., y que no conviene menospreciar. Si bien en Brexit: The Uncivil War esta tecnología se presenta de forma un tanto fantasiosa, como si fuera un arma de ciencia ficción con el poder de someter completamente la voluntad de los votantes.

Quizás lo que resulta más acertado del largometraje es su empeño por desmenuzar la retórica tras la campaña de Vote Leave. La clave de su éxito residía en la idea de que el control del Reino Unido había sido arrebatado a sus ciudadanos, que ahora debían rebelarse y volver a reclamarlo. Frente a esta idea, el mensaje de la campaña rival, sustentado en las consecuencias negativas de abandonar la UE, en lugar de en las ventajas de formar parte de ella, irremediablemente perdía fuelle. Sin duda, este discurso que apela a un sentimiento de nostalgia y orgullo por un pasado glorioso al que es necesario volver le resultará familiar al espectador no británico que ahora contempla, consternado, el inexorable avance de ideas políticas reaccionarias en su propio país. Tal vez ver Brexit: The Uncivil War le dé pistas para comprender algo mejor esta «nueva forma de hacer política» y, aunque en este caso la ficción no sirva para esclarecer lo que ha sucedido en el mundo real, al menos que sirva para prevenirnos sobre lo que pueda estar por venir.

 

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