La verdadera edad de los superhéroes

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La verdadera edad de los superhéroes

Parece tan joven que resulta increíble que esté a punto de cumplir 80 años: Batman. Un superhéroe que nació a la sombra de Superman, con un diseño en el que el traje era rojo, llevaba alas de murciélago en la espalda y la cara descubierta excepto por un pequeño antifaz.

El mundo ha cambiado mucho desde entonces y los superhéroes que parecían abocados al pequeño pero exquisito mundo de la viñeta se ha convertido en parte totémica de la sociedad, con una industria muy potente que los rodea, con películas, ropa, juguetes centradas en los personajes. El éxito no termina aquí, los superhéroes están en su momento dulce en la industria de los videojuegos a través de juegos de acción en donde encarnas a personajes emblemáticos de DC y usas sus habilidades, hasta juegos más clásicos como las tragaperras de superhéroes.

Con el paso de los años han llegado los cambios y las variaciones, desde un Batman acompañado por su fiel escudero Robin, hasta Batgirl, Batperro y toda la Batfamilia que cualquier superhéroe pueda desear. En los años 40 muchos superhéroes de cómic vieron la luz aunque la publicación en 1954 del libro Seduction fo the innocent de Fredrick Wertham hizo que solo dos de ellos sobrevivieran a la acusación de inducir en la tasa de delicuencia juvenil en Estados Unidos; Batman y Superman.

Tengo que ser sincera, Superman siempre me pareció un tipo repelente casi beato, enamorado hasta las trancas de Lois Lain por la que se deja tratar como un perrillo faldero en la redacción, a la que nunca engaña pero con la que nunca termina de rematar la faena. Casi me recuerda a esos libros medievales clásicos de nuestra literatura como el Amadís de Gaula. Clark Kent ese pobre niño que llegó en un meteorito al que han criado sus padres adoptivos en una granja americana. El que siempre aparece cuando se le necesita con el rizo perfectamente engominado y el traje de lycra bajo su ropa de calle. El superhombre que llegó de otro planeta para protegernos a nosotros pobres humanos ignorantes de la realidad de la galaxia.

Lo siento pero no, yo soy de Batman. Ese Bruce Wayne niño que ve como un vulgar ladrón mata a sus padres ante sus ojos y aprende de la situación a crecer, a hacerse adulto y a tener una doble identidad.  Millonario de día, justiciero de noche. Me fascina esa evolución personal, ese la venganza-se-sirve-fría y llegará el momento en el que Gotham vea la justicia del hombre murciélago. Además esa analogía con el murciélago; un animalito que a la mayoría repugna, que además no ve un carajo pero que tiene hiperdesarrollado su sentido de la orientación, capaz de emitir sonidos por debajo del umbral auditivo humano y que ataca a los insectos, protegiendo así bibliotecas como la Joanina de la Universidad de Coimbra en Portugal.

Batman no tiene superpoderes, es un hombre que entrena duro, que cuenta con la última tecnología disponible (de algo tiene que servir el ser millonario) y que no siempre acaba con los malos a la primera. ¿Quién va a creerse que después de un primer round Jóker será borrado del mapa para siempre?

Hablando de Jóker, magistral Heath Ledger en el papel como lo estuvo antes Jack Nicholson. Batman tiene también mejores villanos, con intereses más mundanos que el de Lex Luthor y su pretensión de controlar el mundo.  El caballero oscuro, sí acertaron de pleno poniendo título a esa entrega de la saga de Batman, cae, fracasa y después se levanta casi como si fuera un primo lejano del Fénix mitológico. Es por eso que me gustó tanto El caballero oscuro, ver a ese Batman herido, sangrante que es consciente de que no será eterno y tiene que pasar su legado. Ese Batman de horas oscuras y alas caídas que no consigue a la chica, porque la vida real también es así. Si todos fuéramos superhéroes capaces de salvar al mundo sin sufrir un rasguño y al final ganáramos al chico guapo la vida se volvería demasiado aburrida y por cuestión estadística es imposible que cada cual se ligara a la pareja de sus sueños.

Por eso Batman un brindis por ti y por Bruce Wayne, por recordarnos que en cada uno de nosotros puede haber un superhéroe capaz de dar lo mejor de sí mismo para ayudar a otros.

 

 

 

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