La eterna aventura entre dioses y hombres en “Gilgamesh”, el teatro antropológico de Alex Rojo

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Por Horacio Otheguy Riveira

En todo proceso de creación artística ligado a las coordenadas primitivas, descubrimos obsesiones y enlaces próximos a cualquier época, como si los siglos y sus evoluciones fueran el decorado de un show de mero entretenimiento. Tal vez para que no suframos demasiado o para que aprendamos entre distracciones dónde prevalecen el amor, el deseo sexual, el poder. Ya no el dinero, que es un elemento muy posterior, pero sí las mismas constantes que le rodean, apuntando al corazón de los seres humanos sin piedad a través del inefable verbo codiciar. Entre todos los extremos se mueve el bárbaro y el exquisito, el hombre valiente que no conoce el miedo y el propio pánico que le atrapa cuando menos se le espera. Gilgamesh encarna a un héroe trágico, la fiera masculina con su bárbara necesidad de poseer por la fuerza a la mujer que desea o de amar con extrema delicadeza al amigo que le toca en suerte. Todo, en definitiva, tiene los rasgos de mandatos sobrenaturales en un mundo donde las humanas emociones están íntimamente ligadas a la naturaleza, donde la dependencia de los designios divinos no están tan lejos de la presión actual de conceptos religiosos “en nombre de”, por donde se cuela la obsesiva dependencia de quienes dicen buscar la libertad, pero se encierran en una vertiginosa carencia de estímulos para defenderla.

De dioses y hombres, con sus encuentros y desencuentros, va la historia escrita y dirigida por Alex Rojo (El pabellón número 6), en un claro afán de desarrollar un teatro antropológico que tiene profunda historia en el teatro latinoamericano, y en Europa desde 1964, en manos del ítalo-escandinavo Eugenio Barba (Compañía Odín Teatre). Aquí, Rojo reelabora el primer poema épico miles de años antes de cristo, y lo lleva a escena con una carnalidad que sobrecoge desde el comienzo, ya que los cuerpos semidesnudos de sus protagonistas se enlazan de diversas maneras complementando un lenguaje que oscila entre imágenes crípticas y la belleza del puro estado de emociones sin prejuicios sociales… aunque siempre delimitadas por los designios divinos. Sin embargo, el ímpetu de su humanidad atraviesa límites que creía imposibles, y la vida y la muerte circulan a través de los músculos de Ángel Mauri (izquierda)y Alberto Novillo (derecha), integrándose ambos en el espacio escénico con gran dinamismo y una precisión asombrosa en la plenitud de su expresión corporal en perfecta armonía con la vocalización del poético texto. Mérito singular en la fluidez de sus movimientos si tenemos en cuenta que ambos son actores con una formación muy distinta: Mauri, formado en la RESAD e integrante del reparto de diversas funciones, es a su vez campeón de España en la categoría de esgrima artística, mientras Novillo basa fundamentalmente su experiencia en las obras representadas en La Joven Compañía dirigida por José Luis Arellano, director que trabaja con gran conocimiento el teatro gestual, la comunicación corporal de sus intérpretes. Ambos actores han sido muy bien dirigidos por Rojo, logrando esa singular dimensión animal de seres humanos en situaciones límite, sin protección alguna escenográfica, casi desnudos siempre, cuyo esfuerzo alcanza momentos de notable belleza coreográfica.

Con momentos de sereno tono ceremonial, y otros de encendida sensualidad, les acompañan eficazmente Alfonso Luque, Macarena Robledo, Irene Álvarez.

 

El poema de Gilgamesh es la obra literaria mesopotámica más antigua conocida, de gran importancia para las ramas de la antropología y la lingüística. Fue uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XIX, llevado a cabo por Sir Henry Layard, traducida posteriormente por el asiriólogo George Smith, desde el cuneiforme escrito en tablillas de arcilla tallada y cocida, las más antiguas conservadas en su mayoría en el British Museum pertenecientes a la cultura sumeria paleo babilónica. 

Se atribuye la autoría del poema al escriba Asirio Sin-leqi-unninni por haber dejado constancia casi inalterada del poema completo hacia el año 1400 a.C. Tales piezas arqueológicas fueron recuperadas en la biblioteca de Asurbanipal en Ninive, (Irak). La obra se extendió por todas las culturas de Mesopotamia llegando a confluir en el tiempo diversas versiones del poema adaptándose en cierta medida hasta crear un mosaico de versiones propias de cada región. Fue uno de los principales conductos de proliferación de la escritura, y en consecuencia de la literatura. Su tema central es el tratamiento de la vida y la muerte en forma poética, y define una estructura que quedará impresa subyacente en el resto de composiciones literarias que le siguieron en el tiempo, “el viaje del héroe”. Las piedras angulares de la fe mesopotámica
se encuentran en esta historia, la separación de lo humano y lo divino, la naturaleza de la mortalidad humana, la servidumbre a los dioses. Los historiadores expertos en Mesopotamia, se refieren a Gilgamesh como el primer héroe trágico. Encontramos aquí los primeros versos de la humanidad, que son un reflejo y un dictado de los albores de la conducta verbal. Así, en esta obra, encontramos algunas de las primeras “imágenes arquetípicas” y figuras retóricas que dejarían constancia de los cimientos de la ingeniería social.

GILGAMESH

Dramaturgia y dirección Álex Rojo

Asistencia de dirección Mariana Kmaid Levy

Espacio escénico y vestuario Álex Rojo y Alberto Romero, con la colaboración de Casa Árabe

Diseño de iluminación Carlos Laso

Comunicación Eva Fenies

Música original Álex Rojo

Teatro Fernán Gómez. Sala Jardiel Poncela. Hasta el 3 de marzo 2019. Encuentro con el público, el jueves 28 de febrero después de la función.

 

 

 

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