Los libros de la isla desiertA: ‘La insoportable levedad del ser’, de Milan Kundera

ÓSCAR HERNÁNDEZ CAMPANO. @oscarhercam

No son demasiados los libros que resultan ser mucho más que una narración. Pueden estar mejor o peor escritos, pero ese algo que los convierte en libros de cabecera, novelas de obligada relectura o textos con innumerables niveles de comprensión, es patrimonio de pocos autores. La insoportable levedad del ser, publicada en 1984 y convertida en un clásico de la literatura del siglo XX, es todo eso y, además, está muy bien escrita.

Su autor, un poeta, narrador y dramaturgo checo afincado en Francia desde mediados los años 70, es el típico candidato a los Nobel que, con una obra magna, pese a no ser extensa, se abrió paso hasta la cima de las letras, le concedan los laureles de la literatura o no. Milan Kundera se exilió de la Checoslovaquia soviética y en su obra refleja las vivencias que, seguramente, vivió en sus propias carnes antes de saltar al otro lado del telón de acero.

La novela nos cuenta, de forma un tanto desordenada, recurso buscado y efectista que cuadra a la perfección, las vicisitudes humanas, sentimentales, sexuales, laborales, sociales y políticas de su protagonista, Tomás, un cirujano respetado que, por un lado, inicia una historia de amor con Teresa, una frágil e insegura muchacha, al tiempo que conserva y frecuenta la compañía de varias amantes, entre otras, Sabina. Los celos de Teresa, la necesidad de Tomás de llevar esa doble vida, las dudas y la desinhibición marcan la vida personal del hombre, quien logra un extraño equilibrio, aunque siempre precario, pues sus reflexiones le obligan a cuestionarse la realidad que ha construido a su alrededor.

Su vida profesional se ve afectada, sin embargo, por la historia que bulle a su alrededor. Asistimos a la Primavera de Praga de 1968, al conato de revuelta contra el Gobierno, a la invasión de la Unión Soviética para sofocar esa exigencia de apertura en uno de sus estados satélite, a la huida-exilio de Tomás en Suiza, donde lo alcanza su esposa, Teresa, y de donde regresarán a Praga, para arrepentirse después, cuando escapar deviene imposible. Veremos como sus reflexiones sobre la situación política lo llevan a escribir un artículo en prensa que lo despoja de su profesión y que, en la práctica, constituye su muerte civil. Asistiremos al peligroso juego de espías, chantaje, policía política, informadores y control social de un Estado policial. Y acompañaremos a la pareja protagonista en su postrero intento de llevar una vida medianamente feliz.

La insoportable levedad del ser es, además, una profunda reflexión psicológica o, incluso, filosófica sobre el sentido de la vida, su significado, su trascendencia y el sentido de nuestra existencia y de cada decisión que adoptamos. El narrador, acaso el mismo autor, se cuela en la narración y en la vida de los personajes como un espía más, para contarnos la crónica de la intimidad, de las preocupaciones y de los pensamientos más íntimos de todos ellos, en especial de Tomás. Kundera, con este ejercicio narratológico, interrumpe en ocasiones la historia para introducirnos una teoría psicológica o filosófica que arroje luz sobre lo que los personajes van a pensar o decir a continuación. Nos invita a formar parte de la construcción del libro al que se refiere como novela, recordándonos a veces qué explicó en la primera parte de la misma. Así, se nos habla de Nietzsche, del mito del eterno retorno que desarrolló el rumano Mircea Eliade, de la trascendencia humana y de la capacidad empática entre personas y animales. En este último aspecto tiene una especial importancia el perro de la pareja protagonista, Karenín, un alegre animal a quien le dedica el autor una parte entera del libro.

Se podrían decir muchas más cosas de una novela que forma ya parte de esos libros imprescindibles que, sin embargo, a menudo se quedan relegados a la lista de lecturas pendientes. Pues no es solo una lectura inaplazable, sino que es un libro que requiere múltiples revisitaciones a fin de reflexionar y meditar sobre las cuestiones que plantea. Porque todos somos un poco Tomás, Teresa, Sabina o Karenín, porque todos tenemos dudas y a todos nos asaltan pensamientos sobre lo que vivimos. Qué mejor libro para llevarse a la isla desierta y releer mientras el rumor de las olas acaricia nuestra alma.

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