Goethe y el misterio de Goethe

JESÚS MILLÁN MUÑOZ.

¿Cómo y por qué en la humanidad surgen esas grandes mentes-conciencias-consciencias en todas y cada una de las actividades humanas y saberes y disciplinas? ¿Qué arrastra o tiene la humanidad que diríamos de vez en cuanto, en todos y cada uno de los campos de la realidad humana surgen figuras que de alguna manera nos anonadan, nos damos cuenta que elevan las fronteras humanas a una nueva altura? ¡Entre cientos y miles, a lo largo del avatar histórico, está Goethe!

Johan Wolfgang von Goethe, 1749, Francfort and Main + 1832, Weimar. Autor en todos los géneros literarios y algunas ramas científicas, según algunos el último hombre del renacimiento, porque en diversos saberes, letras y ciencias realizó contribuciones, sin negar su actividad sociopolítica. Abriremos algunos aspectos de la realidad de Goethe, que en definitiva es catar algo del melón de la humanidad, de todos nosotros.

Goethe superdotado o de altas capacidades como ahora se diría, tenía una insaciable necesidad de conocimiento, y conocimiento en distintos saberes y especialidades en letras y ciencias, además de la profesión de funcionario político de alto nivel.

Aquí y ahora, nos enfrentamos al problema, que está sin dilucidar, ¿qué habría sido si hubiese sido capaz de fijarse solo en una o dos actividades, habría avanzado enormemente el saber en esas especialidades cognoscitivas o prácticas? ¿O por el contrario estar enormemente interesado en múltiples actividades le permitía crear puentes y lazos entre esos diversos saberes…?

Es obvio y evidente que vivimos en un siglo, que ya la superespecialización es diríamos el motor del mundo. ¿Pero la pregunta es si cabe la posibilidad de esperar aportaciones de personas de alta capacidad o de altos talentos que sean capaces, además de tener una profesión que les permita vivir-sobrevivir crear o encontrar nuevas verdades o nuevas preguntas en distintas especialidades o saberes…? ¿O esto es ya cosa del pasado, es un ideal caduco…?

¿Debería ser hoy un ideal o meta o fin, en la medida de lo posible, el antiguo sueño cartesiano y comteano y, posterior, de “unificación de las ciencias”, incluso del saber? ¿O más modestamente que todas las ciencias sociales, sin negar sus diferencias, incluso que puedan surgir nuevas ciencias, con todas y entre todas, pudiesen plantearse “una unificación de conceptos, y una complementariedad de metodologías? ¿Cada metodología como una abertura y obertura a captar de diversos modos la realidad e interpretarla, pero después unificar conocimientos, complementarlos, para de ese modo el ser humano avance en su conocimiento de la realidad…?

Goethe, introductor o precursor del romanticismo, o su figura más egregia, junto con Herder, creador del movimiento Sturm und Drang, es decir, Tempestad e ímpetu. Aunque en una etapa posterior se dirigiese hacia un nuevo clasicismo inspirado en Grecia y Roma.

Diríamos que el siglo dieciocho, donde nació y se desarrolló Goethe, en sus primeros casi cincuenta años, existían un revoltijo de tres grandes movimientos, el denominado clasicismo francés, la ilustración europea, y el romanticismo.

Los nombres substantivos van cambiando a lo largo de la historia, pero siempre, estamos entre dos polos, quizás en esto Nietzsche llevaba razón, movimientos o ciclos de racionalidad, apolíneos, movimientos de irracionalidad, dionisiacos. Tiempos y momentos que se intenta destacar la razón-racionalidad-prudencia y tiempos-épocas, que se van compartiendo que se intenta incentivar la irracionalidad-pasión-etc.

Diríamos que es esa corriente alterna de la humanidad, a nivel ideológico-cultural-social, que se manifiesta en múltiples aspectos, es como si “la naturaleza-sociedad-cultura intentase equilibrase y racionalizarse, adelantar y templar, caminar y sentarse…”.

Goethe entre curiosidad y como expresión de su talante, quizás sea el único escritor mundial de gran renombre, que haya sido capaz de encontrar un nuevo hueso en la biología humana, el llamado hueso intermaxilar, lo que muestra y demuestra, esa triple intencionalidad de vocaciones que se dieron unidas en él: su creación literaria, su investigación científica, su práctica política de funcionario de alto nivel.

Para terminar y no cansar más, en este género de las ochocientas palabras, denominado artículo periodístico, en mi caso siempre con sesgos literarios-filosóficos, Goethe nos abre un horizonte, de cómo una persona puede llegar a niveles tan altos de expresión y de conocimiento en varias disciplinas, de varios saberse, artes y ciencias y política práctica, y Goethe siempre nos dejará el misterio de Fausto.

Quizás Fausto sea el problema de Job, planteado de otra manera, quizás entre muchas cosas, Fausto sea el espejo de la humanidad, en cuanto, todo ser humano y la misma especie humana se tiene que enfrentar al misterio del bien-mal, del poder o fraternidad, del amor-amar, de la solidaridad o de la violencia, del tiempo-espacio, y sobretodo de la existencia de Un Mundo Posterior a éste, y que en éste todo ser humano, tiene que optar individualmente, y como sociedad-colectividad-ideología-cultura-Estados entre el bien o el no-bien, entre el bien y el mal. Y esta es la gran partida de la vida, de cada uno de nosotros, de todos nosotros…

Nos quedamos diríamos en este rincón-silencio-abismo, qué es Fausto, qué nos interroga sobre lo que es el ser humano. Guante que quizás deberíamos analizar en otro momento. ¿En definitiva que es usted, que somos como colectividad humana, como especie…? ¿Qué podemos ser, qué queremos ser…?

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