EL BOSQUE DE LAS FIGURACIONES, UNA VISIÓN TOTALIZADORA DEL PATRIMONIO CULTURAL

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Adolfo Falces, nacido en Madrid en 1964, es un artista de compleja formación, que inició su andadura, aún niño, con libros de arte, que le regalaba su padre para que copiase sus motivos, sobre Francisco de Goya y Van Gogh entre otros muchos grandes maestros de la pintura. También fueron cruciales sus visitas interminables, cuando todavía era solo un niño, a las salas del Museo del Prado; ello le proporcionó una formación espiritual y visual de toda la gran Historia de la pintura, alimento conceptual básico a la hora de crear sus variados y profusos mundos.

Su relación con San Millán comienza en 2007, cuando participa, como profesor de taller y director artístico del aula didáctica, en el programa de restauración de la iglesia de La Asunción de San Millán de Yuso con La Fundación San Millán de la Cogolla, programa que recibe el premio Europa Nostra de la cultura en la categoría de educación. A partir de ahí, su relación con el lugar está plagada de emociones, poemas, talleres, cuadros y pasión por la naturaleza y el paisaje.

 

La presente exposición de este artista en el Museo de La Rioja, El Bosque de las Figuraciones, promovida por la Fundación San Millán de la Cogolla, y comisariada y diseñada por el propio autor, es fruto de una relación intensa con el patrimonio a lo largo de los últimos años. El patrimonio material e inmaterial del Valle de San Millán de la Cogolla, como conjunto de elementos inspiradores, que en este tiempo ha marcado la vida del autor, no sólo en su creación plástica y literaria, sino también en su trabajo como director artístico del proyecto “Emilianensis, descubre los monasterios de La Rioja” de dicha fundación.

La muestra, compuesta principalmente por dibujos y pinturas, realizadas con diversas técnicas y formatos, así como esculturas, dibujos, estampas y libros de artista, parte de una estética que se nutre tanto de la abstracción como de la figuración, uniendo ambas sin necesidad de aislar sus lenguajes, con lo que podríamos hablar de abstracción figurada, pero también de figuración abstraída, términos estéticos y estilísticos inventados por el autor para poder explicar sus creaciones.

Las series que constituyen la exposición son: Arborescente, homenaje a la naturaleza arbórea y su multitud de especies perteneciente a tres paisajes o  biodiversidades diferentes. Paisaje, creada a partir de  múltiples puntos de vista: valle, prados, montaña y lontananzas. Retrato, que es un homenaje a las personas que para el artista son significativas, personajes representativos en el entorno emilianense de muy diversos aspectos: el campo, la vida espiritual, la hostelería, las tradiciones, las fiestas, etc. Escultura, que es una recreación, mediante piezas pintadas de distintas maderas, de la infinita multiplicidad formal de las ramificaciones arbóreas. Y finalmente, Dibujos, Estampas y Libros de artista, que recopila en una selección de trabajos, el desarrollo, siempre sobre el soporte del papel, de las distintas temáticas que conforman las obras definitivas.

 

Falces bebe de múltiples fuentes, de la libertad del artista para recrear o reinventar la realidad a partir de su visión, la realidad inventada que nace de los movimientos artísticos de la Edad Moderna a partir del Romanticismo, pero también del Renacimiento y el Barroco. Por otra parte, busca en la luz y el color de la realidad una base científica para experimentar e investigar recursos y caminos que expresen lo que parece inefable, lo que no se puede explicar simplemente como una presencia dimensionada en lo espacio temporal, en lo evidente. El arte debe alterar los parámetros de lo posible, y asir lo poéticamente imposible, lo inmaterial, aunque sea a partir de la materia pictórica y la materia poética.

Su obra es fruto de muchos accidentes controlados por el dominio técnico, por la incesante búsqueda, por su investigación con los formatos, los soportes y los materiales, es la suma de la fantasía, la experiencia y el conocimiento, belleza estética de la materia pura con apariencia de imagen, pero su obra también es fruto de la incansable mirada del que ve más allá de la apariencia de las cosas.

Tanto en su obra plástica como en su poesía, la realidad es una excusa para crear, no el condicionante que dicta como debe ser una obra de arte. La realidad es necesaria como origen y punto de partida, el destino final de la creación es fruto de múltiples factores, muchas veces indescifrables. Falces nos muestra la monumentalidad arbórea de la naturaleza, con sus esculturas vivas, los árboles. Para retratarlos, y transmitir su presencia  utiliza formatos muy grandes, dimensiones que nos sobrecogen, hechuras que fijan nuestra mirada en la tremenda presencia que poseen. La monumentalidad no es aquí una pose posmoderna, un modo de solventar el vacío estético generado por el conceptualismo. La forma y la materia expresan con sus códigos la misma cantidad de símbolos, metáforas o narrativas que la elaboración intelectual pura que no se detiene en la potencia de los medios plásticos, y prefiere esconder su vaciedad en largas explicaciones filosóficas que alteran la verdad del objeto estético, si es que este existe como tal, y no como pura entelequia del artista. Por tanto, es mucho más difícil para el creador dar lo esencial desde la monumentalidad, desde dimensiones sobrecogedoras, ofrecer ámbitos inasibles, sagrados, místicos, distantes del mundo, a partir de una catarata de materia pictórica, de un torrente de texturas, colores y formas laberínticas, en donde lo geométrico y lo orgánico conviven sobre el soporte de forma equilibrada.

La exposición El bosque de las figuraciones posee un discurso denso, barroco, vertiginoso, que trata de contarnos la multiplicidad, la complejidad de cuanto contiene un pequeño universo plagado de motivos inspiradores. Todo el conjunto de obras forma un gran fresco, en el cual nada es prescindible, pues unas piezas se complementan con las otras en un discurso totalizador sobre la visión del patrimonio. Este enorme catálogo de maravillas, formado por elementos tan diversos, es como un gran Bosque de Figuraciones para el autor. Figuraciones porque son fantasías paisajísticas, porque son figuras humanas, y porque son figuras arborescentes, todas ellas creadas a partir de una personal visión de la realidad.

Por una parte, acontecimientos esenciales para hablar de la personalidad del lugar, y que son patrimonio inmaterial relacionado con la ancestral espiritualidad emilianense, y también con el ingente turismo del sitio, y por otra, la percepción que el artista tiene sobre la vasta presencia de una naturaleza muy poderosa. Paisanaje, las personas, los retratos, las figuras, más cercanas a la realidad, y paisaje, con todos los elementos que lo conforman, los lejos, las vistas y escenarios que proporciona el entorno natural y monumental, en los cuales hay un desarrollo formal más libre y cercano a una interpretación fantasmagórica. En esta última vertiente, se incluiría arborescente, serie inacabada de obras en las que densas estructuras formales, que son figuras arborescentes inspiradas en bosques de robles y hayas, en vides, robles, y hayas. El inabarcable universo de formas que proporciona la naturaleza es la excusa para crear combinaciones de complejas formaciones lineales que tienen un desarrollo libre, barroquizante, e infinito. El final de la creación artística está solamente, en este caso, en las limitaciones espaciotemporales que ofrece la dimensión humana.

JAVIER FOG

Artículo sobre la exposición, El bosque de las figuraciones, del artista Adolfo Falces Delgado, Museo de la RIOJA FEBRERO- MARZO DEL 2019

 

 

cof

ENTREVISTA

Entro en su estudio, y hay un orden casi monacal, todo limpio y colocado con simetría. Tan solo la presencia inquietante de cuadros que representan imágenes nunca vistas que el autor va creando meticulosamente, lo que él llama paisajes abismales. Falces trabaja con pasión pero con orden, es prolífico, y en su jornada de trabajo no hay límite horario, puede llegar a estar diez y seis horas seguidas pintando sin parar ni para comer. A través de las ventanas de su estudio, aislado en medio de un alto, aunque pegado a los pueblos del valle, las vistas son memorables y la luz cegadora entra a chorros.

Adolfo Falces es alto, elegante en sus ademanes, y mirada incisiva e  inteligente. Nos sentamos en unas sillas antiguas, de carpintero de pueblo, y comenzamos nuestra conversación junto a un café. Son casi las 11 de la mañana, en un día soleado de invierno en La Rioja.

-¿Qué representa San Millán para ti?

Un paisaje esencial, pero también múltiple. Un entorno poético y sagrado al que amo, y que me inspira permanentemente. Tiene todo lo que un artista puede desear cuando busca modelos en los que basarse para crear.

– Porqué una exposición con ese único tema

En principio no había un discurso previo elaborado formalmente con presentación, nudo y desenlace. Había diversos trabajos aparentemente inconexos. El discurso aparece después, como un milagro. Todas las piezas encajan de repente, hay una historia, como en las novelas mundo, en la que los personajes, las escenas, la escenografía, y las historias, tienen coherencia, hay una sintaxis, pero también una semántica, y hasta una poética elaborada de un modo casi inconsciente.

– Entonces, ¿ no había un plan de trabajo trazado?

Al principio no, me di cuenta que todo era lo mismo, que no importaban los lenguajes o las técnicas que emplease, si mi pintura era realista y figurativa, o surrealista y abstracta. La cuestión era si el conjunto contaba una historia en la que se desarrollaba un mundo poético y plástico.

.-Es posible una mixtura racional entre estilos y técnicas contradictorias sin perder la esencia o el estilo propio

La originalidad como valor supremo creo que ha sido derrotada por la posmodernidad. El artista, sea culto o visceral, tiene frente a sí, o tras de sí toda una historia del arte de milenios, en donde todo está ya dilucidado. Cuál es pues la mejor consigna, utilizar todo lo que nos sea útil para crear, sin limitaciones, sin etiquetas, sin parafernalias ni espectáculos forzados. La posmodernidad es abarcar, reinterpretar, regresar al futuro si esto es posible. Hacer algo a partir de la multiplicidad y de la universalidad. El concepto es sólo ya un elemento más, como la boutade, la negación, el escándalo, etc. Son métodos como lo puede ser la pintura capa sobre capa, o la poética de lo sublime, todo es válido, todo se puede utilizar si hay algo que contar, el tiempo ya no transcurre en función de los supuestos logros, en ciencia es posible que si, en arte se han destrozado todos los parámetros. Kant y su genio han muerto enterrados por el conocimiento, ahora la estética se nutre de la infinitud, solo hay que tomar de la misma sus pedazos y construir algo sobrecogedor.

-En este trabajo es muy importante el retrato; ¿cuál es la motivación que te empuja a hacer retratos de personas que ni siquiera saben que van a ser retratadas?

El arte del retrato es un arte que tiene que ver mucho con la quietud mayestática de las cosas, es detener en el tiempo la piel, la carne, la envoltura externa de los cuerpos humanos. Intentamos robar una apariencia que a todas luces es falsa, pues un ser vivo, un ser humano vivo, palpita, cambia a cada segundo, progresa, se altera en el gesto, en la luz, en los reflejos y sombras, en su presencia completa. Es cambiante, inabarcable, inasible, y quizás imposible de representar en toda su magnitud. Por eso, en cierto modo el retrato para mí es una idealización poética de los seres humanos, personas que en el caso de esta exposición conozco, y de las que percibo sensaciones, emociones. Mi retrato ahonda en esa psicología casi oculta en la apariencia pura de un rostro, pero reflejada en ínfimos detalles, de la piel, del gesto, de la mirada, del color, del movimiento. Doy mi visión por mi relación con la persona retratada, pero solo puedo realizar una síntesis, crear un solo retrato de los infinitos posibles.

– ¿Cuál es entonces tú método de trabajo?

No hay un plan trazado, hay series que se formalizan poco a poco, pero incluso puede haber obras únicas que no tienen continuidad en otras semejantes, y que formalizan un estilo en sí mismas. Soy más bien rápido en la elaboración, pero la dicción, la forma de pintar tiene unas reglas controladas por la técnica y la intención, por tanto, el automatismo per se no tiene cabida en mi trabajo. Hay errores, accidentes, intuiciones que se convierten en método, pero no es  ese tipo de incidencia la que marca mi forma de pintar. Dejarse llevar por la materia, la textura y la improvisación puede ser también una forma de alcanzar un método de trabajo, pero es necesario saber cómo se quiere trabajar, tener técnica, recursos, dominar las herramientas y los materiales para ponerlos al servicio de la creación, aunque la investigación con los materiales, las técnicas y los formatos es necesaria para llegar a lugares desconocidos, sorprendentes, y fructíferos.

– Hay un punto de partida claro a la hora de crear una de tus pinturas de paisaje o de la serie arborescente?

Aunque parezca increíble, siempre hay algo que tiene más poder que la visión, y es la palabra, la poesía. Una palabra puede sugerir mundos, un poema, universos. La fantasía es imprescindible para elucubrar sobre la realidad palpable, pero siempre a partir del poder, de la conmoción que produce la palabra.

– ¿Es el color tu principal argumento estilístico?

El color es como la palabra, el color es la vida de la pintura. Pero puede producir terror por su poder matérico. El color debe ser administrado con pausa intelectual, debe ser elaborado, repartido como el agua sobre las plantas. La forma es primordial, el color es el traje de la forma, y por eso el juego del color está íntimamente ligado a la forma, a la composición e incluso a la textura, ninguna de estos cuatro pilares es posible sin los otros tres para sustentar el edificio del arte de la pintura. El color es como la armonía musical, el dibujo es la melodía. Cuando la melodía se desarrolla y se desarrolla mediante la armonía se produce la música como arte, lo mismo ocurre con el dibujo y el color en el arte de la pintura.

– ¿Qué proyectos tienes para el futuro después del bosque de las figuraciones?

Hay en ciernes un proyecto para dar continuidad a esta exposición con una segunda parte, en la que seguiré contando la historia de este lugar, fijándome en el paisaje y en el paisanaje, a partir de la palabra poética y de la materia pictórica.

Entrevista realizada por Mariola Andonegui Navarro

 

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