Retórica griega: el mágico poder de la palabra (II)

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por Kika Sureda

Encontramos unanimidad en muchas fuentes antiguas desde Aristóteles en adelante señalando como fundadores de la Retórica a los sicilianos Córax y Tisias. Al parecer, siempre según el testimonio aristotélico, establecieron como objeto de estudio específico de la Retórica lo “verosímil” y no lo “verdadero”, que se reservaba como objeto de estudio propio de la Filosofía. Consideraron el discurso como un todo compuesto de una serie de partes orgánicamente trabadas unas con otras. De esas partes que integran el discurso la que más reclamó su atención fue la inventio, es decir, el hallazgo de argumentos probatorios conducentes a la persuasión de los jueces, pues hay que resaltar que Córax y Tisias se interesaron más por el discurso judicial que por el deliberativo, al que probablemente debieron considerar como una especialización particular del anterior.

La radical transformación económica, política, social y cultural que tiene lugar en la vida de la πόλις ateniense tras la victoria sobre los persas en las Guerras Médicas no podía permanecer ajena a la Filosofía, cuyo centro de interés lo constituye ahora el hombre, en lugar del universo físico característico del pensamiento jónico-eleático. En conexión con este fenómeno antropológico de cuño ático se halla el nacimiento del individualismo propio de la lírica, de un lado, y, de otro, la importancia creciente de las asambleas populares en las decisiones que atañen a la suerte del ciudadano. Pues bien, en medio de toda esa efervescencia humanístico-individualista hay que destacar la actividad de la Primera Sofística, cuyos intereses culturales han de ser necesariamente distintos de los hasta entonces dominantes. Eran los sofistas una especie singular de filósofos-rétores ambulantes que, previo pago de cuantiosas sumas, impartían lecciones a los hijos de acaudalados ciudadanos, por medio de las cuales serían capaces de dominar los secretos del arte de la palabra, y gracias a ello podrían influir en la vida política.

Teniendo en cuenta que el objetivo que principalmente perseguían era la consecución del éxito fácil y espectacular, no es de extrañar que chocaran con ciertos sectores conservadores de la población ateniense, de lo cual puede ser una prueba convincente la crítica moralista de los círculos socrático-platónicos. Y es que la retórica amenazaba con convertirse en la culminación de la παιδεία helénica, sobrepasando incluso hasta la Filosofía. Pero el escepticismo moral que pregonaban, los sofismas lógicos que exhibían en sus capciosos razonamientos y la venalidad y afán de lucro, impropios de un hombre libre, les hacían fácil blanco de las arremetidas dialécticas de los filósofos, en primer término, pero también, y paralelamente, de mordaces comediógrafos como Aristófanes.

Con todo, la sofística supuso un decidido avance para la Retórica. Aun reconociendo la trascendencia de las aportaciones de sofistas egregios, tales como Protágoras de Abdera, Pródico de Ceos, Hipias de Élide, Trasímaco de Calcedonia o Teodoro de Bizancio, fue Gorgias de Leontinos, quien dejó la huella más clara de todo este movimiento sofístico, tanto en los aspectos conceptuales como en los formales.

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