“Peer Gynt” o el “¿Quién soy?” más fantástico de la historia del teatro

Por Horacio Otheguy Riveira

Publicada en 1867 como poema dramático, la única obra de género fantástico del noruego Henrik Ibsen (1828-1906), fue escrita para ser leída o como oratorio laico con música sinfónica especialmente encargada. La sostuvo una fuerza juvenil que el autor de Casa de muñecas nunca más intentó, volcado hasta el final del siglo, de su propia vida, a conflictos emocionales ligados a dramas sociales y económicos. En Peer Gynt quiso retratar con dureza la egocéntrica capacidad de fantasear de los noruegos, alejados de la realidad por una inmadurez compulsiva. Desde entonces la evolución del gran teatro le tomó como un modelo de gran aventura existencial de un muchacho que se hace adulto y envejece sin abandonar los apremios adolescentes. Y lo hace a lo largo de un viaje en el que pone por delante su imaginación a costa de cualquier pulsión0 real. En la frontera de lo cierto y lo inventado, Peer Gynt resulta esencial para la poderosa creatividad de uno de los padres mayores del teatro moderno (junto a sus coetáneos Chejov y Strindberg), que ha minado su texto de diversión, ricas metáforas, elementos del folklore noruego e infinidad de datos de la historia lejana e inmediata de su país.

Numerosos estudios se han publicado intentando abarcar la naturaleza y expresividad mayor de este “drama romántico”, y entre ellos me parece digno de destacar el desarrollado por Carlos Valdés y Lucía Gual, donde entre muchos otros apuntes señalan que:

(…) El personaje salta desde la inocencia de sus deseos hasta la irresponsabilidad dañina de su materialización, aunque sus intenciones a veces parecen cándidas, su capacidad de autoengaño lo empuja para actuar con deshonestidad y perjudicar a quienes lo aman o, simplemente, se cruzan en su ruta. Acosado entre sus aspiraciones, fantasías y autoengaños parece levantar únicamente la bandera de su ser interior, reivindicándose cual individuo auténtico, apegado a su contenido único, sin embargo, ese interior está sometido al golpeteo de las mismas falacias y engaños perpetuos, por lo que está destinado a la desintegración completa. Es válido preguntarse si este Gynt es continuación o ruptura del personaje romántico que destacaba en el siglo XIX, mediante un perfil individualista, emotivo y fantasioso. Los parentescos con los donjuanes y faustos son indudables, pero el matiz de un niño perpetuo es harto evidente, engatusado por sus temores, comienza siendo el hazmerreír de sus vecinos, ileso ante las peripecias de viaje y termina cuestionado en su individualidad. (…)

Con este material tan apasionante como complejo, Jorge Ferrera asume al protagonista y algunos personajes clave en su trayectoria, con especial interés en la interpretación de la madre, en cuya boca surgen las primeras palabras, tal cual el texto original:

Aase: ¡Mientes, Peer!
Peer Gynt (sin pararse): No, de veras que no.
Aase: ¡Jura entonces que todo es verdad!
Peer Gynt: ¿Por qué jurar?
Aase: ¡Avergüénzate! En todo el año no has mentido tanto como ahora.
Peer Gynt (parándose)-. De veras que no he mentido.
Aase: ¿No te da vergüenza engañar así a tu madre? Te marchas a la montaña en busca del reno; te pasas meses enteros entre nieve y hielo, y vuelves con la piel destrozada, con la chaqueta rota, sin fusil y sin reno. ¿Y quieres que no me incomode con las historias de caza que para disculparte inventas?
Peer Gynt: Déjame que te diga la verdad. El animal estaba al Oeste del lago Gende, cuyas aguas lavan su piel. Estaba detrás de un matorral, mirando dónde encontraría pasto en la nieve.

Luego, con su traje harapiento y su vara, el actor cubano nos permite acompañarle en un recorrido de gran interés por hora y media en la que hay magia de hallarnos entre mujeres muy diversas con sólo unos pañuelos que surgen de una vara de caña. Voces y expresiones corporales diversas hacen de su empeño un gran trabajo, extensión de la difícil tarea original por el propio actor de sintetizar artesanalmente la densidad del texto original.

La banda sonora del espectáculo toma secuencias de la Suite nº 1 y nº 2 de Edvard Grieg, encargada por el propio Ibsen para el estreno de su obra en 1876. Han sido seleccionados por el autor del diseño sonoro, Sergio Fernández, ciertamente muy inspirado a lo largo de toda la representación, ya que la gran aventura del personaje se inscribe en la azarosa labor del actor resolviendo en texto, interpretación y dirección una obra monumental con numerosos personajes, generalmente llevada a escena con todo lujo de recursos escénicos, pero que aquí cuenta con la dinámica de un solo actor y los variados sonidos que registran el viento, el mar, las caídas de algunos árboles… sin otra escenografía que oscuros telones y bien elaborada iluminación.

Adaptación, actuación y dirección: Jorge Ferrera

Diseño sonoro: Sergio Fernández

Diseño de vestuario: Susana Moreno

Diseño de luces: Sergio Barreiro

Diseño de Cartel y gráfica: Osué Rodríguez

Asistencia técnica: Dayana Contreras

Fotografía: Liven Céspedes

Producción: Teatro El Puente

TEATRO OFF LATINA. Desde febrero hasta mayo 2019, todos los viernes 20 horas.

 

 

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