Una mirada atrás

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Por Julia Mª Carvajal

 

Con este sugerente titulo , ”Una mirada atrás”, el Museo Guggenheim de Bilbao ha inaugurado este mes de Abril de 2019 una exposición cuyo subtitulo explica por si mismo lo que se puede ver en esta exquisita muestra, “Giorgio Morandi y los maestros antiguos”, en las salas del Museo se establece un diálogo entre los delicados bodegones de Morandi y algunas de las obras de los grandes artistas que le inspiraron.

Giorgio Morandi nace en Bolonia en 1890, su formación artística la recibe en la Academia de Bellas Artes de esta ciudad. Aunque en pocas ocasiones abandonó Bolonia, excepto los veranos que pasaba en Emilia-Romagna, en un viaje que realiza a Florencia descubre la obra de los primitivos renacentistas italianos, Giotto, Masaccio y Uccello, a los que estudia, más tarde se deja seducir por el futurismo, el primer movimiento artístico que se organiza, se reconoce y se define en 1909 a través del Manifiesto futurista, en el se rechaza la estética tradicional para romper con el pasado y exaltar la vida contemporánea, el Novecento italiano, desarrollado en Italia entre 1920 y 1930, identificado con el fascismo, y vinculado a los artistas que exponían en la galería Pesaro de Milán, el objetivo era desligarse del arte de vanguardia europeo, volviendo a la esencia del arte italiano, con un estilo realista, enfático y grandilocuente, hasta que conoce a Giorgio De Chirico, quien influye notablemente en su obra y le adscribe por un corto periodo de tiempo a la pintura metafísica. La pintura metafísica  es un movimiento artístico genuinamente italiano, que quiere mostrar pictóricamente una atmósfera onírica ubicada en lugares desiertos, mezclados con yuxtaposiciones de objetos, enlazando todo con el inconsciente, más allá de la realidad física, por eso su nombre de pintura metafísica. Los pintores metafísicos pretendían explorar la vida interior del subconsciente, mezclada con objetos cotidianos representados fuera de los contextos habituales. Este movimiento fue determinante en el nacimiento del surrealismo que surgió años después.

A medida que su estilo se va distanciando de De Chirico va fijando su atención en utensilios de la vida diaria como vasos, botellas, jarrones, estos objetos colocados sobre una mesa y su visión poética de ellos, se convierten en los protagonistas de sus cuadros. Incansable estudioso de la historia del Arte encuentra en Paul Cézanne una fuente de inspiración, su admiración por el pintor francés hace que se decante por la elección de los bodegones sencillos como medio de expresión de su pintura, en la que la luz y los espacios entre los objetos cobran especial importancia.

Morandi incluia también en sus imágenes floreros, y cajas con el efectismo de la pintura del Siglo de Oro español, le fascinan Velazquez, Zurbaran, El Greco, y al mismo tiempo del naturalismo del Seicento  italiano, corriente artística compuesta inicialmente por artistas boloñeses que dan a la historia del Arte a uno de los grandes maestros Caravaggio, aunque lo que ansiaba era transmitir la serenidad y la armonía que a él le producían las naturalezas muertas de su admirado Jean Baptiste Chardin.

Fue profesor de grabado en aguafuerte en la Academia de Bellas Artes de Bolonia, premiado en las bienales de Venecia y Sao Paulo en 1948 y 1956, Federico Fellini le rindió un homenaje en su película de 1960 “La dolce vita” en la que aparecen sus cuadros. En 1964 fallece en la misma ciudad que le vio nacer. En Italia está considerado uno de los mejores pintores del siglo XX, en el año 2001 el Museo Morandi abrió sus puertas en el Palazzo d’Accursio, sede del gobierno local de Bolonia.

El Guggenheim de Bilbao reúne en una cuidada exposición cuarenta años de producción de Morandi, de 1920 a 1960, el pintor más innovador en el tratamiento de naturalezas muertas es analizado a través de sus obras, los antecedentes de los que parte, como la pintura española del siglo XVII, en especial los bodegones, la pintura boloñesa de los siglos XVI al XVIII, y la obra del artista francés del siglo XVIII Jean-Baptiste Siméon Chardin, que creó un mundo nuevo de sensaciones reproduciendo en sus lienzos objetos cotidianos. Junto con las obras de Giorgio Morandi en las distintas estancias del Museo se pueden contemplar piezas de Zurbarán, y El Greco, entre otros artistas clásicos, y no podía faltar Chardin con su obra “El castillo de naipes”, obra que el artista realizó para simbolizar las actividades cotidianas de la gente, como el juego, en este caso el de un niño construyendo un castillo de naipes, era uno de los cuadros favoritos de su autor por lo que hizo varias versiones del mismo, se trata de una pintura nítida, con unos pocos elementos perfectamente ordenados y despojada de todo lo accesorio, como los cuadros de Morandi, de una aparente sencillez por su simplificación formal, pero que condensan lo sustancial y la pureza de la pintura plasmando en su delicada factura, en su cromatismo y composición, lo que su ensoñación creadora era capaz de transmitir sin apenas salir de su estudio-dormitorio.

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