RELATO// ‘Un recuerdo’, de Martín M.

MARTÍN M.

Esta madrugada, mientras viajaba en el tren, volví a recordar un hermoso momento. Como tuve la bendita suerte de conseguir un asiento (siendo esto algo anecdótico tratándose del ramal Sarmiento) realmente no sé si estaba soñando o si todo fue producto de lo mágico que resulta contemplar la lluvia salpicando las ventanas del vagón y repiqueteando sobre los charcos de agua que se forman en los desniveles del andén.

Tenía diez u once años y estaba en el fondo de mi casa haciendo por primera vez un asado. Solo, preparaba un fuego escaso, pero digno, para cocinar unos cuantos chorizos. Mis amigos estaban por venir. Afuera llovía y mientras intentaba cubrirme con un paraguas viejo, contemplaba el crepitar de los carbones arder. Desde la cocina mi vieja decía que entrara y que me dejase de embromar queriendo hacer algo que nunca había hecho y encima un día de diluvio. Pero no hubo manera de que le hiciera caso. Al rato mis amigos golpearon el portón del jardín trasero, yo destrabé el pasador y abrí. El perro —que yo amaba como si fuese un hermano— movía el rabo y olfateaba el pan que uno de ellos había traído.

Pasaron más de treinta años y todavía me causa placer formar parte de esta ceremonia tan prestigiosa, cálida y hasta terapéutica, ya sea en mi casa o en la de alguno de esos chicos que me acompañaron durante ese día de lluvia. Generalmente, son dos o tres los que adquirieron a lo largo de los años una mayor destreza para instrumentar este maravilloso arte. Pero eso es lo de menos. Porque lo importante es que permanecemos unidos desde hace décadas pese a cualquier tempestad o adversidad que se presente.

Ojalá que la vida no sea egoísta y brinde a todo aquel que lo merezca la posibilidad de vivir una verdadera amistad, en lo posible forjada en la infancia, repleta de aventuras callejeras, bicicletas e historias que se viven compartiendo el tiempo. Y si me permiten cierta subjetividad deseo como nada en el mundo que vos, que estás asomando y dando tus primeros pasos, puedas ser parte de un grupo de amigos como el que tuve yo cuando era niño y que mantengo hasta hoy. Desde tu llegada es el máximo sueño que tengo. Y no existe otro que pueda llegar a superarlo. No me importa ni el cuadro del que seas hincha, ni la condición sexual que se te antoje tener, o si querés ser mecánico o cocinero. Mi mayor aspiración es que seas una buena persona, digna, y que estés rodeado de amigos. Que te amen y que vos los ames a ellos; que te brindes entero y ellos hagan lo mismo con vos. Todo lo demás después lo veremos. Te amo hoy y para siempre.

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