Dolores Payás: ” ‘Solo Sombras’ nace de una faringitis salvaje y un virus feroz”

PILAR M. MANZANARES.

Dolores Payás regresa a la literatura con Solo Sombras, una novela negra que hermana con la comedia y la sátira. Sin lugar a dudas una apuesta arriesgada que no dejará indiferente al lector y promete muchas risas.

¿Cómo surge la idea de este libro?

De una faringitis salvaje y un virus feroz, chino. Yo vivía en Pekín, llevábamos semanas atrapados en un smog brutal, chapoteando entre tinieblas. No se veía ni a dos metros, el aire estaba lleno de copos negros que flotaban por ahí, muy suave y poéticamente, eso sí, igual que nieve carbonizada (era carbón).  Tenía la garganta en carne viva y una fiebre de caballo que no aflojaba. Imposible leer, o mirar pantallas, ni siquiera escuchar música. Moverse estaba fuera de cuestión, la fuerza de la gravedad se había quintuplicado. Postración absoluta durante jornadas eternas. Aun así, una experiencia con ribetes cómicos, porque en China todo lo que nos sucede a los occidentales acaba por ser un sainete cuando no una farsa descacharrante. En cierto modo, te pasas la vida haciendo el ridículo. De súbito retrocedes al estadio de analfabeto; ya no sabes leer ni escribir ni hablar. Aquellos días me sentí tan irrelevante como la última de las hormigas. No podía hacer otra cosa que quedarme tumbada y esperar o, mejor dicho, desesperar y delirar. Hacía tiempo que deseaba escribir una novela con acción en Pekín pero que ligara China con España, y con mayoría de protagonistas occidentales. La oscuridad que me rodeaba y la garganta despellejada propiciaban más una incursión en el género negro que no en el romántico sentimental. Y así se empezó a gestar Solo Sombras.

Luego se sumaron más ideas, algunas imaginarias, otras, inspiradas en la realidad o fiel reflejo de ella. Los entresijos diplomáticos, por ejemplo, son casi toques costumbristas, al igual que los temas de espionaje. Y el servilismo de los Gobiernos Occidentales frente a China, con su permanente desfile de dignatarios rindiendo pleitesía a los mandatarios Chinos, entraría ya en el terreno del neorrealismo descarado.  

¿Qué ha sido lo más difícil durante el proceso de creación de esta novela?

Hacer encajar un artefacto de género negro con la sátira y la comedia. En este caso, además, los elementos humorísticos no son estrictamente secundarios ni corretean por mundos narrativos paralelos, sino que nutren y hacen avanzar la trama principal de la novela (negra). Técnicamente fue muy complicado, puro encaje de bolillos. Llegado un momento dado, la madeja se había enredado tanto que me vi obligada a visualizar el trabajo para no perderme en mis propias marañas. Cubrí un muro enorme con papelitos clavados en los que tenía a todos los personajes, las diversas tramas y subtramas, los enlaces entre ellos…Si, como en las películas de policías y detectives en comisarías modernas. Fue enrevesado y difícil, pero también un desafío muy estimulante y, ante todo, divertido. De todos modos, sospecho que la novela es el género más espinoso que existe. Al menos, la novela tal y como a mí me agrada. Con una buena arquitectura narrativa, con personajes principales poliédricos, más luego unos secundarios sólidos. Y con un arco dramático que progrese hasta llegar al clímax. Supongo que soy un poco fósil, me gusta el relato heredero del diecinueve.

¿Cuál es su punto fuerte?

Si lo digo yo es demasiado subjetivo, me falta distancia. Es un texto con muchas facetas, músicas, tonos, colores. Cada lector establecerá sus puntos fuertes. Desde un punto de vista objetivo, sí puedo decir, y sin sonrojarme, que es una novela muy trabajada. Debo carecer de talento porque fue una labor durísima, una escritura que me costó sangre, sudor y lágrimas durante dos años. Los personajes están reflexionados y tienen vida propia. La trama es barroca, peculiar. El paisaje pekinés, con sus perennes sombras, pintoresco y a la vez excéntrico. Y la parte humorística del texto se podría considerar también como uno de sus platos, si no fuertes, al menos de distinto sabor, original. Pero quizá en esto último yo sea parcial. Como escritora me siento muy cómoda en los territorios de la ironía, el gag, la carcajada. De todos modos, si hemos de hacer caso a las voces de los primeros lectores y críticos, el personaje principal se lleva la palma en cuanto a punto fuerte. Mi agente secreta, Gilda Leyva, ha sido unánimemente calificada como un personaje potente y lleno de carisma. Es inteligente, extravagante, bisexual, libre y humorística. Pero también herida, torpe, atormentada, neurótica y con una insaciable necesidad de ser amada. Frágil, en suma.

¿Tiene Gilda Leyva o alguno de tus personajes algo de ti?

No siento la necesidad de la autobiografía, tampoco la de identificarme con los personajes, ni como escritora ni como lectora. La empatía me parece estupenda e interesante en la vida “civil”, bastante menos en la Literaria. Pero sí que he desparramado algunos pedazos míos aquí y allí. Son cosas que brotan casi espontáneas, de la experiencia acumulada, de los sedimentos personales. Berta Montoya es solitaria y poco sociable, algo de eso conozco. Y me temo que Gilda Leyva carga con mi insomnio, a la pobre le ha tocado la peor parte.

¿Qué provocará en el lector cuando lo lea?

Es una pregunta de difícil respuesta. Una cosa son mis aspiraciones, la otra, la realidad. Habrá que ver si ambas coinciden. Al margen de la efervescencia personal, poderoso motivo para escribir, supongo que el objetivo de cualquier autor es encontrar lectores cómplices con los que poder reír, llorar, aprender, sufrir, proyectar, proyectarse. La trayectoria de la novela es aún demasiado corta como para saber a qué atenerse. Sin embargo, los rumores que me van llegando hablan, sobre todo, de diversión, incluso hubo un importante comentarista de radio -Benjamín Prado- que calificó Solo Sombras de novela divertidísima. Ha habido otros lectores a los que ha impresionado el dilema moral que plantea el texto, y otros que han disfrutado con el paseo por China o que se han identificado con los personajes. En cualquier caso, es una novela entretenida y de lectura placentera, juguetona. Hay muchos guiños cómplices al lector. Incluso aparecen los reyes de España, y no voy a explicar en qué tesitura porque eso sería un spoiler, baste decir que se encuentran en Pekín en una fecha muy señalada del calendario de festejos hispano.

¿En qué se diferencia este del resto de tus libros?

Los cinco libros que he publicado hasta ahora difieren mucho entre sí. Tiendo a la variación y me gusta experimentar con los géneros; distorsionarlos y deconstruirlos, y luego hacer malabarismos con ellos para ver qué sucede. Mi primera novela –Adorables Criaturas– fue una incursión en la novela histórica, decimonónica, una gozada de escritura, tengo flaqueza por el diecinueve. Después escribí un ensayo literario –Drink Time!- , un homenaje y carta de amor a Patrick Leigh Fermor, recuerdo de nuestros días comunes en Grecia. Más tarde ataqué una novela erótica muy explícita –El Amante de Albión– , quería ver si era capaz de hacer estilismo literario usando material muy crudo, descarnado. Creo que lo conseguí, aunque no me atreví a llevar el texto a ninguna editorial y lo autopubliqué en Amazon. Mi cuarto libro –Desde una bicicleta China– está totalmente alejado de cualquier ortodoxia. Quería hablar de mis experiencias en China, pero ¿cómo escribir literatura de viajes en épocas de Tripadvisor?. El desafío era irresistible, le dediqué mucho tiempo y esfuerzo. Finalmente, inventé un mecanismo en el que mezclé varios géneros, todos en formato corto -relato, ensayo, travelogue, anecdotario, reflexión antropológica, reportaje- pero con una “tesis” que servía de línea conductora y empujaba la narrativa del conjunto hasta hacerla desembocar en el último capítulo, titulado “Felicidad”.

¿Cómo has evolucionado como escritora?

Yo partía de la escritura cinematográfica, donde la regla de oro es que solo puedes escribir lo que ves en pantalla. O sea, dramaturgia pura: someras descripciones, acciones concretas, diálogos. Tras años de vivir bajo este régimen tan escuálido como severo, estaba absolutamente sedienta de “estilo”. La primera novela me salió como si se hubiera abierto una válvula a presión. Fue un desahogo, una borrachera estilística en la que no me refrené ni 

un pelo a la hora de utilizar recursos de toda clase. El tema y la época de la acción -el diecinueve- se prestaban al barroquismo y a la riqueza léxica. Tras sacarme la espina literaria de encima, por así decirlo, me aplaqué un tanto. Tiendo a la exuberancia, cosas del carácter, pero con los años y la experiencia he ido depurando el estilo, que ahora es más preciso y se desparrama menos. Me parece que poco a poco voy encontrando una voz narrativa que es mía y solo mía. Es estilística y literaria, pero también tiene automatizada la visualización -herencia de mis años de guionismo- y además se nutre mucho de los sentidos. Es un voz bicéfala, trágica y a la vez burlona, pues así es como yo veo la vida. Y está coloreada por las lenguas que hablo en mi cotidianeidad: el inglés, el catalán, el francés, el griego.

¿Qué te inspira a la hora de escribir?

Todo lo que pasa frente a mí, también lo que adivino lejos de mí. Soy más vitalista queintelectual, más perceptiva que racional y más esponja que máquina de calcular. Nací con una sordera congénita que con los años ha ido en aumento. De alguna manera debe haber determinado mi software, que se ha desarrollado mucho en algunas áreas concretas, supongo que para compensar la carencia sensorial. Dispongo de unos radares colosales, en extremo sensibles. Capto las atmósferas, las situaciones y estados de ánimo, individuales y colectivos, casi de manera enfermiza. Y, como todos los autores, soy una gran depredadora. Todo lo que me llega es triturado y metabolizado por el sistema, para acabar siendo materia prima literaria.  La decisión de expatriarme también ha sido crucial. No tengo ningún sentido de pertenencia y esto, que para otras personas significa una tragedia, a mí me da alas creativas. Me defino como una autora apátrida, fértil y feliz en territorios políglotas y en la constante fluctuación espacial. Mis raíces son aéreas, se sustentan en casi nada. 

¿Algún escritor en el que te fijes?

Docenas, mi lista de autores de referencia es muy larga, soy lectora omnívora, muy ecléctica. Leo de todo, y además traduzco, lo que amplía aún más el campo. Trajino siempre varios libros a la vez. Leo mucho a los clásicos, disfruto cada vez más el estilo, el giro de una frase, la construcción minuciosa de un personaje, la descripción de una piedra. En suma, siento la pasión por el detalle. En los últimos años he hecho una inmersión profunda en el inglés, es una lengua muy difícil, y era ahora o nunca. Paso gran parte de mi tiempo en Grecia, con lo que también estoy hasta las cejas batallando con el demótico, que es endiablado (y bellísimo).

Durante un tiempo trabajaste en el sector audiovisual ¿te gustaría volver o estás plenamente centrada en la literatura?

Volver a tiempo completo, no. Pero acepto labores puntuales, siempre y cuando se trate solo de escritura. De hecho, ahora mismo estoy colaborando en un guión para una directora joven y muy talentosa. Tengo cierta experiencia en dramaturgia, y si se me pide que ayude, lo hago. Sin embargo, mi pasión es la Literatura, no hay color en cuanto al placer -arrebatador- que me procura trabajar el puro estilo literario.

¿Tienes algún nuevo proyecto en mente?

Varios. Llevo ya un tiempo trabajando en un gran diccionario de la felicidad, mera excusa para divertirme mucho, reírme sola  y chismorrear sobre lugares, personas, cosas que me procuran grandes goces. Pero esto va para largo y ya está bien: la felicidad hay que estirarla, hacer que dure…A corto plazo, estoy a punto de acabar una novela breve -otro experimento-, incursión en una terra incógnita pues me adjudico una voz masculina, novedad de novedades. También he diseñado una serie de cuentos para críos, con un primero libro ya escrito, versión original en inglés. Se trataba de un encargo, creí que sería fácil y, naturalmente, me equivoqué de medio a medio. Una liturgia muy diferente, tuve que cambiar el chip mental por completo. Eso, por no hablar del cambio de lengua de trabajo. El inglés es tremendo, agotador.

Por último, me encantaría escribir la precuela de Solo Sombras. En la novela se hace mención a una aventura anterior de Gilda Leyva -la protagonista-, una misión fracasada en Grecia cuando Syriza se hizo con el poder y pasó lo que pasó. Quisiera regresar a esos tiempos, inscribir una buena aventura en ellos. De momento solo es un sueño, veremos.  

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