Sansón y Dalila, de Saint-Saëns, en Mérida: un espectáculo enriquecedor, pleno de matices

Por Francisco Collado

65 FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA. Orquesta de Extremadura. Coro de Cámara de Extremadura

Siempre existe gran expectación en el aficionado cuando la programación del Festival de Mérida anuncia una ópera. No en vano existen ilustres precedentes. Desde esa formidable Medea (Caballé, Carreras), que ya subyuga desde su intensa, majestuosa y dramática obertura (anticipando la ópera romántica), pasando por la grandilocuencia trágica de Herodiade, habitada de la intensidad romántica de arias tan enormes como “Il es doux, il est bon”.

La Salomé de Strauss, dejó un altísimo nivel entre las piedras milenarias, con un montaje espectacular en lo musical y en la imaginería. No tuvo tanta suerte Camille Saint-Saëns en lo operístico como en el resto de su obra. Esta ópera, con reminiscencias de oratorio, es la que se representa con más regularidad. Los intérpretes se enfrentaban a un desafío marcado por la orquesta, casi a la misma altura, sobre la que tenían que proyectar la voz y a una puesta en escena casi cecilbemillesca, con gran cantidad de actores y movimiento escénico. Casi un peplum operístico.

La rigidez del primer acto se transmitió a la voz del tenor Noah Stewart, en esta sección (con ecos de los grandes oratorios haendelianos), mostró un timbre velado, que fue creciendo y relajando a medida que transcurría la historia. Aunque su papel solicitaba mayor densidad dramática y peso (vocal y escénico), pese a poseer un físico envidiable, acorde con el mítico personaje bíblico. Sansón y Dalia solicita un tenor heroico. Casi de raíces wagnerianas. Este papel es todo un desafío para los tenores.

Maria José Montiel es un animal escénico desde su primera aparición. Su presencia solemne, voluptuosa, bastaría para rellenar el instante, pero si a eso le añadimos ese fiato controlado, los hermosos pianos, el modo de desenvolverse en  la zona central y baja, la limpieza de los agudos, el lirismo sensual de la sinuosa melodía, entendemos que el israelita se postre a sus pies. La mezzo utiliza todas sus herramientas vocales y dramáticas para el personaje más fascinante (después de Carmen) que ha dado la ópera francesa. Una ópera que ha confiado sus papeles protagonistas a mezzosopranos en abundantes ocasiones.

 El aficionado disfruta esa forma de dibujar a pinceladas las semicadencias, del descenso; nada escolástico; de semitonos en “Mon coeur s´ouvre à ta Boix”. Esa emisión redondeada, ese color cálido en “Printemps qui commence”. Resulta comprensible que el pobre Sansón no pudiera resistirse a tal nivel de seducción. Este es un caramelo para las mezzo y una de las piezas que definen la ópera francesa. Para la bacanal, el compositor realizó una divertida parodia del estilo grandilocuente del teatro francés. Este es uno de los instantes más difíciles para el Coro de cámara de Extremadura; dirigido por Amaya Añúa; que se ve obligado a realizar un tour de force para empastar las voces; rodeados de un voluptuoso cuerpo de baile.

Envueltos y participando en una coreografía de bacanal, que no favorece precisamente la concentración del cantante. Sublime el instante en que cantan desde las escaleras. Con el añadido de llegar sin aliento después de recorrer un largo espacio. O ese estremecedor coro masculino (Hymne de Joie), de raíz monódica, con reminiscencias del canto bizantino (plainchante), que celebra el éxito de la rebelión. Certero empaste y clara definición de las líneas con un bellísimo resultado. Segura, limpia y potente la proyección de voz de David Menéndez (Sumo Sacerdote), de amplio registro dramático, que se escuchaba con nitidez incluso en aquellas secciones del teatro en que daba la espalda. Poderosa voz cobriza del bajo Simón Orfila (Viejo Hebreo) y notable en su rol de Abimelech, el barítono Damián del Castillo, de poderoso instrumento. En su tercer segmento, la ópera se llena de melodías recurrentes, casi auto-referentes, donde predomina lo sinfónico sobre el canto.

El director, Paco Azorín (foto), ha optado por situar históricamente el argumento en una vivencia contemporánea y triste. Un complicado montaje que utiliza caballos, con más de trescientos actores, pertenecientes a diversos colectivos de discapacitados que enriquecen con su profunda humanidad el escenario. Con instantes de pura y sincera emoción y dolor, grabados por la cámara de una reportera de guerra. Los actores encargados de coordinar los diferentes grupos cumplen un papel hermoso y esencial para la agilidad dramática. La escenografía (Carlos Martos) juega con unas enormes letras con el nombre de ISRAEL. Las proyecciones contienen mensajes sociales y reivindicativos en los textos. Un lúcido análisis de la ilógica del ser humano con disfraz actual, pero errores de todas las épocas.

Destacar la participación de colectivos de personas con discapacidad de Extremadura: la ONCE, la Asociación de Discapacitados Auditivos de Badajoz (ADABA), la Asociación de Padres de Niños Autistas de Badajoz (Apnaba), la Asociación de Padres de Personas con Discapacidad Psíquica límite de Badajoz (AEXPAIMBA), el colectivo de afectados por el síndrome de Asperges de Extremadura (ASPERGEX), Plena Inclusión Montijo, Plena Inclusión Llerena, Plena Inclusión Zafra, Plena Inclusión Mérida y la Asociación de Discapacitados de Mérida AFADISCOP. Otra de las imprescindibles aportaciones es la de los grupos de teatro aficionados. Aldaba Siglo XXI, Cambaluz, Candilejas, Createatro, Espacio Trece, Garnacha, Orozco, IES Emérita Augusta y Cooperativa Santa Eulalia, La Porcíuncola, Plétora Teatro, Sienteteatro, Tam, Teatro para la vida y TAPTC?

La orquesta, con una dirección de Álvaro Albiach pasional y plena de lirismo que planeaba suavemente durante los instantes de acompañamiento vocal y volaba en los instantes plenamente orquestales, llenándolos de plenitud lírica o intensidad dramática (o de plegaria); sin furiosos golpes de pincel; según solicitaba la escritura. La OEX extrajo todo el ardor tímbrico de la orquestación, para combinarlo con la severidad de la construcción musical. Excepcional esa Danza bacanal de sabor arábigo, lúdica y vitalista. Preciso juego en todas las secciones, destacando los contrabajos y chelos o el descriptivo y simbiótico trabajo del viento metal, tan necesario  en pasajes descriptivos. Un espectáculo enriquecedor, pleno de matices. Sirva como excusa para solicitar más apoyo a la realización de ópera en nuestra región. Profesionales “haberlos, haylos”. Y de los buenos…

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