Historia de un hombre ridículo: “La desaparición de Josef Mengele”, de Olivier Guez

Por Horacio Otheguy Riveira

Un apuesto joven se convierte en un profesional de la medicina con las calificaciones más altas, no es un clásico empollón asocial, por el contrario, sabe relacionarse con éxito donde le conviene, y varias mujeres le consideran un seductor muy apetecible. Adquiere prestigio y notoriedad al abrazar las teorías nacionalistas de la pureza de la raza para una Alemania que conquistará el mundo. Llega a ser una gran autoridad en el nazismo. Triunfa dirigiendo a otros médicos, tanto alemanes como judíos prisioneros en campos de concentración. Su poder es inmenso. Tanto como el odio que acabaría despertando… con el correr de los años, los mismos que pasa huyendo hasta convertirse en un hombre mediocre, ridículo, aterrorizado ante la posibilidad de ser detenido y ahorcado en Israel como su colega Adolf Eichman.

El proceso que desarrolla este libro es histórica y literariamente sobrecogedor. Minucioso andamiaje de una lenta caída. Un triunfo de la naturaleza para quienes creen en el entramado causa-efecto, y más aún para los adeptos al castigo en vida, el infierno en la tierra para los hombres de mala voluntad.

Quien fuera un intrépido afiliado al nazismo a los 20 años, creyéndose eterno dueño de vidas humanas antes de los 30, habría de convertirse en un guiñapo a lo largo de treinta años, con toda clase de dificultades y múltiples enfermedades, al fin malviviendo en una chabola rodeado de podredumbre y “razas inferiores”, mantenido por dinero familiar y unos pocos admiradores. Nunca la familia le abandonó económicamente, ya que su detención hubiera dejado en entredicho importantes negocios ligados al Tercer Reich.

Tras varias mitologías en torno a su figura, presentándolo como un monstruo poderoso incluso en fuga, la realidad objetiva lo muestra absolutamente débil, aunque protegido por el dinero de la empresa familiar y el de acaudalados nazis en Hispanoamérica, sin los cuales no hubiera sobrevivido, no sólo materialmente, tampoco emocionalmente, ya que a duras penas llega a cumplir 68 años, convertido en un pobre tipo, víctima de ataque de nervios, falto de sueño, con afecciones serias y permanentes alteraciones del aparato digestivo. Lo que nunca pierde es el complejo de superioridad, la altanería.

El refinado torturador defensor de la raza perfecta acaba atrapado por un clima tropical habitado por húngaros, negros, mulatos brasileros… El médico activo envejece convertido en una piltrafa. Cirujano e investigador, vivió “maravillosamente” en Auschwitz, donde pasó su luna de miel junto a un bello lago, mientras su equipo continuaba descubriendo las infinitas posibilidades del sufrimiento en seres que consideraba “no humanos”, gracias a los cuales Alemania se poblaría de hombres y mujeres perfectos con sobradas posibilidades de triunfar sobre el cáncer y otras enfermedades, así como con recursos más que suficientes para eliminar de la faz de la tierra toda deformidad física y alteración psíquica u hormonal.

El conocido como Ángel de la muerte, primero tuvo un confortable exilio en Argentina donde se casa con su cuñada, tras la muerte de su hermano. Un matrimonio por mandato familiar para salvar de intrusos la poderosa multinacional Mengele Agrartechnik.

Las situaciones novelísticas creadas por Olivier Guez en el presente libro expresan episodios muy íntimos del personaje con desigual fortuna (el autor debuta en el género, sobre todo investigador y periodista), pero muy acertada aplicación de la profusa documentación utilizada. De ésta destacan tres obras muy presentes de diferente forma: Mengele. El médico de los experimentos de Hitler, sin duda la biografía más completa, de los estadounidenses Gerald L. Posner y John Ware, quienes en los años 80 tuvieron acceso a los diarios íntimos del biografiado. La auténtica Odessa, La fuga nazi a la Argentina de Perón, del argentino Uki Goñi, una obra que ya lleva unos 20 años en numerosas ediciones en varios idiomas, la más completa al respecto, que aquí tiene preponderancia en toda la primera parte del libro.

La tercera obra es la escrita por un judío prisionero que sobrevivió junto a su esposa e hija: Miklós Nyiszli, autor de Fui asistente del doctor Mengele:

El doctor Miklós Nyiszli pertenecía a los Sonderkommandos (Comandos especiales), los muertos vivientes condenados a recoger los cabellos y a arrancar el oro de los cadáveres gaseados antes de arrojarlos a los hornos. El judío Nyiszli fue el bisturí de Mengele. A sus órdenes serró bóvedas craneales, abrió tórax, cortó pericardios y tras escapar milagrosamente del infierno, recogió lo inimaginable y terrible en un libro publicado en 1961, primero en Hungría, luego en Francia, y de allí al mundo entero: “Mengele es infatigable en el ejercicio de sus funciones. Pasa tanto horas enteras abismado en el trabajo como medio día de pie ante la rampa judía adonde llegan ya cuatro o cinco trenes diarios cargados de deportados de Hungría… Su brazo se alza invariablemente en la misma dirección: a la izquierda. Trenes enteros son enviados a las cámaras de gas y a las piras… Una eliminación que para él es un deber patriótico. (…) En el barracón del campo gitano se efectúan experimentos con enanos y gemelos todos los exámenes médicos que el cuerpo humano es capaz de soportar. Tomas de sangre, punciones lumbares, intercambios de sangre, innumerables reconocimiento agotadores, deprimente, sin anestesia…”. Nyiszli describe su celo maniaco en la sala de disección del crematorio hasta el otoño de 1944, cuando Alemania ha perdido ya la guerra…

Es muy amplia la documentación utilizada, pero estas tres obras resultan fundamentales, siendo la de Nyiszli la que tiene más transcripciones.

Por lo demás, mantiene siempre una estructura de intriga clásica en la que los datos históricos nunca entorpecen la acción, haciendo de Mengele un personaje literario con ribetes tragicómicos, atravesados por el terror sembrado por quien siempre consideró su gran trabajo en los campos como una labor patriótica.

Todas las preguntas que se va haciendo el lector son respondidas rigurosamente: Cómo sobrevive el hombre al que se consideró siete veces muerto en diferentes partes del mundo. Cómo salta de una lujosa estancia a una pobreza cada vez más miserable, sin abandonar ni un instante su sensación de víctima de “judíos, capitalistas y comunistas”. Al desvelarse el misterio llega un brillante epílogo con datos verídicos sumamente interesantes.

La desaparición de Josef Mengele, de Oliver Guez, Tusquets editores, 2017, plantea una disección muy seria del único criminal de guerra importante que se mantuvo fugado cuando el mundo entero le buscaba, mientras muchos de sus colegas en los campos recibían tratamiento honorífico en la Alemania de posguerra, pasando página a sus atrocidades “de obediencia debida”, como subalternos que no tomaban decisiones.

Otras dos novelas, con sus correspondientes versiones cinematográficas, resultan muy interesantes literariamente, luego muy bien interpretadas por grandes actores, pero inspiradas en muchas de las fantasías que corrieron por el mundo sobre el poder que Mengele mantuvo en su largo exilio, de manera que carecen de verosimilitud histórica. En ningún caso les cuadra la historia real que aquí se novela con lujo de detalles verdaderos. No obstante, tienen interés por sí mismas: Marathon Man, de William Goldman, 1976, y Los niños del Brasil, de Ira Levin, 1978. A Mengele lo protagonizaron Gregory Peck, en la primera, junto a Laurence Olivier como el cazanazis Simon Wisenthal.

En Marathon Man, Laurence Olivier encarna a Mengele.

Laurence Olivier, un Mengele muy elegante, incluso al torturar a Dustin Hoffman en Marathon Man, obsesionado con encontrar unos fabulosos diamantes…

En el cine alemán existen dos valiosas referencias respecto al viraje de los años 60, cuando se empezó a perseguir, juzgar y condenar a criminales de guerra nazis integrados en la democracia alemana de posguerra como si nunca hubieran estado allí. Este despertar de conciencias para toda una generación que ignoraba la existencia de los campos de concentración, fue posible por la participación activa del judío alemán Fritz Bauer, fiscal general del estado federal de Hesse, con sede en Fráncfort del Meno, puesto que mantuvo hasta su muerte por infarto en 1968 con 64 años.

En 2015, Olivier Guez escribe el guión junto al director Lars Kraume, con el asesoramiento del historiador Brian Cordray: El caso Fritz Bauer, donde se desarrolla con lujo de detalles la labor de este hombre, sobre todo acerca de su participación activa en la detención de Adolf Eichman por parte del Mossad, la CIA israelí.

Un año antes, en 2014, el italiano Giulio Ricciarelli dirige la producción alemana, íntegramente rodada en ese país, La conspiración del silencio; es la primera película que aborda el mismo tema, con un aporte singular: el protagonismo de un joven fiscal que lo ignora todo sobre el Holocausto, de cuya inocencia y ambición de prosperar se sirve Fritz Bauer, dirigiéndole sus difíciles pasos hasta conseguir que Alemania condene públicamente y mande busca y captura internacional sobre Mengele y muchos otros.

 

 

 

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