Midsommar (2019), de Ari Aster – Crítica

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Por Irene Zoe Alameda.

Situado en el aparentemente idílico paisaje rural sueco del solsticio de verano, Midsommar es el segundo filme con el que Ari Aster nos obsequia en menos de un año después del sensacional estreno de Hereditary, que irrumpió en el género del cine de terror revirtiendo varios lugares comunes y llevándolo un poco más lejos a través del regodeo en la mutilación y en el extrañamiento.

Como en la anterior película, Midsommar comienza con un “prólogo” introductorio en el que un personaje se enfrenta a una pérdida familiar singularmente traumática. El duelo subsiguiente es el estado de ánimo que permeará el punto de vista narrativo de la cinta: la visión de una persona incompleta, trascendentalmente sola, herida, incapaz de procesar la realidad sin percibirla como una aberración.

En cierto modo como en el caso de Jordan Peele, el otro niño prodigio recién llegado a la casa del terror norteamericano, lo espeluznante de sus historias pivota en torno a relaciones íntimas rotas en las que el afecto ha transmutado en desprecio e incluso rencor. Si en Hereditary el horror emanaba de una madre en la que el odio a su hijo no deseado es superior a su amor propio, en Midsommar son el desamor y el hastío de un joven lo que poco a poco acaba corroyendo el alma de su novia, ajena a un hecho –la ruptura- que todo su entorno se empeña en ocultarle.

Aster ha tenido la suerte de poder hacer su segunda película antes de conocer el éxito de la primera, puesto que hasta bien avanzada la preproducción de Midsommar, Hereditary no llegó a los cines, y no fue hasta su post-producción cuando el director comenzó a ser consciente de las expectativas que se estaban formando alrededor de él. Eso le permitió explorar tantos grados de libertad creativa como una película de esta originalidad requiere. Se notan no obstante, algunas lagunas derivadas con toda seguridad de un exceso de metraje y de secuencias que necesariamente tuvieron que caer para el corte comercial –no en vano, ante la clamorosa recepción de la cinta, la distribuidora A24 está ahora sacando a la luz escenas eliminadas de la edición final-.

Con todo, Midsommar es una extraordinaria película que llena de aire fresco el anquilosado género del cine de terror: un terror a plena luz del día, sin más efectos de sonido que una banda sonora disonante, mostrado en una edición lenta de planos abiertos y largos cuasi-documentales. Un horror acallado en la base de la garganta a través de las sonrisas de amables y racionales nórdicos.

 

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