Àlex Villazán en la gran aventura de un autista que nos enseña a luchar a tumba abierta

Por Horacio Otheguy Riveira

La versión teatral de El curioso incidente del perro a medianoche revitaliza la brillante novela original de Mark Haddon en un espectáculo de impactante riqueza.

La fabulosa aventura de su protagonista de 15 años, Christopher Boone, es también la de su actor, Álex Villazán, a quien veníamos aplaudiendo con entusiasmo en La Joven Compañía. El mismo director que le encumbrara en La edad de la ira, José Luis Arellano García, le vuelve a dirigir aquí, rodeándole de maestros como Gerardo Vera, Juanjo Llorens, Luis Delgado, Álvaro Luna, Marcial Álvarez o Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Ángel Villolta… Entre responsabilidades principales y papeles secundarios, un arco iris de talentos al servicio de una gran coral con muchacho que construye afanosamente su destino.

El resultado no puede ser mejor: una experiencia apasionante en la que la vertiginosa acción escénica tiene el aura mágica de las obras maestras, todo el complejo universo de un fresco social atravesado por una discapacidad cargada de ingenio para la supervivencia más audaz. Una función de gran interés que por momentos corta la respiración, dejándonos alelados. Casi tres horas en contacto con una realidad alucinante en la mente de un chaval cuyo trastorno neurobiológico le lleva a sufrir un encadenado de conflictos bajo la incomprensión de todos, incluidos quienes intentan amarle.

 

Àlex Villazán sale adelante con una prodigiosa interpretación que reclama gran esfuerzo físico, siempre unido a un despliegue de registros vocales y sensoriales. La viva representación de la soledad de un autista abriéndose camino a golpes de intuición, valentía y confianza en sus necesidades. Lo alucinante de su experiencia se expresa con una emoción rigurosamente planificada. Es decir, en el límite mismo de ser abducido el espectador, éste logra salir del foco vicioso y comprenderlo. Un juego de plena identificación y a la vez de distanciamiento mientras intérpretes con mucha experiencia se entregan sin cortapisas a una coreografía exigente bajo luces envolventes, a ratos aceleradas que frenan a tiempo de introducirse en situaciones de familia disfuncional que nunca pierde el contexto de su fuerza poética.

 

 

La traducción de José Luis Collado —un hombre avezado en estas lides (El cojo de Inishman, Los hermanos Karamázov, muy pronto El idiota...)— imprime a la vertiginosa acción el punto justo de comprensión en diálogos dinámicos que la reclaman como oro en polvo, pues nada puede frenar el volcánico descubrimiento de las posibilidades de un chico marginado contra viento y marea.

Omnipresente, el padre de Marcial Álvarez adquiere conmovedores ribetes de primitivo que se siente impotente, y sensible padrazo enfrentado a una doble situación desesperante: la difícil situación de su único hijo y la crisis de su esposa, a cargo de Mabel del Pozo, que domina el escenario con magníficos destellos en sus aisladas escenas, haciéndose cargo del personaje más contradictorio, voluptuoso e indefenso de la función.

La sobrecarga dramática se presenta en un despliegue de incomparable belleza a través de un espacio vacío que, sin embargo, está lleno de imágenes y ámbitos reales e imaginarios que vibran al compás de la palpitación humana junto a la música de los maestros Luis Delgado y Alberto Granados, inseparables de la estética singular que crean Gerardo Vera en la escenografía, Juanjo Llorens en la iluminación, y José Luis Arellano García en la dirección general, poniendo a prueba el taquicárdico corazón de una puesta en escena que no sólo sale a flote venciendo toda clase de dificultades (como Christopher Boone, su protagonista adolescente), sino que aporta muchas ideas y sentimientos sin despegarse un instante de la constante que ama en su trabajo de director teatral, tantas veces expresado en La Joven Compañía (El señor de las moscas, La edad de la ira, La isla del tesoro, Playoff…): la acción física como transmisora de palabras que han de moverse, bailar, golpear, gritar… hasta ascender al séptimo cielo de la concordia final.

 

 

Intérpretes de notable trayectoria entregados de lleno a un complejo espectáculo coral en el que todos son imprescindibles, en torno a sus tres protagonistas: Àlex Villazán, Marcial Álvarez, Mabel del Pozo.

 

Ganadora de 5 premios Tony (Broadway) y 7 Olivier (Londres)Max Mejor Iluminación Juanjo Llorens, Premio Unión de Actores,  Actor Revelación Àlex Villazán (España).

Edad recomendada: A partir de 14 años

Basada en la novela de Mark Haddon.

Autor de la adaptación: Simon Stephens

Traducción: José Luis Collado

Dirección escénica: José Luis Arellano García

 

Intérpretes: Álex Villazán (en alternancia con Raúl Pulido), Marcial Álvarez (en alternancia con Chema Ruiz), Lara Grube, Mabel del Pozo, Carmen Mayordomo, Anabel Maurín, Boré Buika, Eugenio Villota, Alberto Frías, Eva Egido

Escenografía: Gerardo Vera

Vestuario y ayudantía escenografía: Silvia de Marta

Coreografía: Andoni Larrabaeti

Videoescena: Álvaro Luna

Caracterización: Sara Álvarez

Música: Luis Delgado, Alberto Granados

TEATRO MARQUINA, DESDE EL 9 de SEPTIEMBRE 2019

DURACIÓN: 2 h 45 min, con 15 minutos de descanso

Martes, miércoles, jueves, viernes: 20 horas

Sábado: a las 17 horas y a las 20:15 horas

Domingo: 18 horas

NO SE PERMITE LA ENTRADA COMENZADA LA REPRESENTACIÓN

 

 

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