‘La biblia envenenada’, de Barbara Kingslover

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La biblia envenenada

Barbara Kingslover

Navona

Barcelona, 2019

728 páginas

 

El lector podría engañarse si piensa que se encuentra frente a una historia del Congo que abarca desde 1960 a 1990 aproximadamente.

Efectivamente, esa historia forma parte del libro, pero encierra muchos mensajes más, mensajes que tocan la sensibilidad del lector de muy diferentes y profundas maneras, elemento esencial que hace de ésta, una obra de valor universal.

El tema de la obra es tan importante y de tal calidad, que no nos sorprendería que uno de estos años Bárbara Kingsolver reciba el Nobel de literatura.

La biblia envenenada versa una historia en donde un predicador de la iglesia baptista, casado y con tres hijas que ha decidido llevar la luz de la verdad a un pueblo africano, llega al Congo en 1960 llevando con él a su familia.

Uno de los problemas, a nuestro juicio más importantes que plantea la autora, se relaciona precisamente con ese doble prejuicio de superioridad que sufren los sacerdotes poco preparados y culturalmente muy pobres, de cualquier religión, que se sienten auténticos voceros intermediarios entre la divinidad y los hombres.

Estamos hablando de los que verdaderamente se sienten poseedores de una verdad revelada exclusivamente a ellos, no de los sinvergüenzas que, sin creerlo, aparentan que lo creen con fines de dominio egoísta sobre personas crédulas, por las razones que sean.

Este personaje está convencido de que lo aprendido en la lectura de la Biblia es la única verdad posible, y ella le basta y sobra para tratar de imponerla a los demás. Sus hijas le temen. Y con razón. El muy cristiano predicador es capaz de pegar a una de sus hijas por haberse pintado las uñas, pues a su entender, ese puede ser el principio de un camino que lleva a la perdición de la mujer.

Esa forma de ver el mundo, rígida y completamente autosuficiente, va a tropezar con otra visión radicalmente distinta, de una cultura que está lejos de supermercados, helados de crema, medios mecánicos de transporte, automóviles, televisión y cine, tiendas de ropa, etc, una cultura adaptada desde tiempos remotos a las inclemencias del sol y la selva, a la falta adecuada de alimentos y medicinas además de la carencia de agua potable.

El nuevo sentido de la vida que se presenta ante sus ojos al ver mujeres que cubren la mitad inferior de su cuerpo con largas faldas dejando descubierto el pecho; familias que confraternizan con brujos y magos; que comen muy mal, tanto que fácilmente sucumben a enfermedades mortales de la mano de la desnutrición, sin que los textos bíblicos, ni los versículos de fulano y sultano que les receta el predicador, sirvan de alivio a sus males, va a tener un efecto impactante en toda la familia.

Kingsolver describe, con brillantez y de manera conmovedora, esas crisis sicológicas en cada uno de los miembros de la familia, mismas que constituirán para las hijas un camino de desarrollo personal, distinto para cada una de ellas y la esposa, al principio incapaz de discutir con el marido predicador, una experiencia vital profunda que pasando por la decepción respecto al tipo de hombre con el que se había casado termina con la construcción de una visión personal de la vida.

Ese tratamiento introduce a sus lectores en el ámbito de la educación, entendida ésta como ese desarrollo interno que se presenta en cada uno de nosotros, seamos o no conscientes de ello, pero también en el de la psicología, la comparación y análisis de las diferencias culturales, la Historia y la Sociología y, muy particularmente, en el de las relaciones de pareja, el sentimiento y la responsabilidad maternales.

Sume el lector la permanente denuncia que la autora hace de la explotación inmoral que los estadounidenses hicieron de la situación por la que pasó África en esos años, momento en el cual una gran parte de los países de ese continente alcanzaron su dudosa independencia, controlada por sus explotadores blancos, estadounidenses y europeos.

Por ejemplo, la acusación que hace de la política seguida por Eisenhower para controlar, entre otras materias primas de importancia, la de producción de diamantes en la zona; el comercio de armas y el apoyo a personajes tan desprestigiados como Mobutu, a costa del asesinato de Patricio Lumumba; la también denuncia de los 30 millones de dólares (de entonces ) que llevaba gastados el gobierno estadounidense en impedir la libertad de Angola, y otras cuestiones más, mismas que justifican por qué Bárbara Kingsolver (1955 – ¿? ), quién obtuvo la licenciatura en Biología en la Universidad de Depaw, Indiana, destacó como activista en contra de la guerra de Vietnam.

A través de las páginas, el texto connota que para la autora escribir es una forma de realizarse personalmente, pues le permite dar batallas por aquellos principios humanos que hoy más que nunca deben compartirse. Su literatura es una literatura de activismo político, encauzado a través de sus historias.

Leer este libro es acceder a esa asombrosa, por lo espectacular y no por otra razón, explosión de la literatura femenina que observamos de manera muy evidente a partir de mediados del siglo pasado.

Horacio García Fernández

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