Charles Simic en sus crónicas

Días cortos y largas noches (Editorial Valparaíso) Granada 2017  221 páginas /

La vida de las imágenes (Editorial Vaso roto) Madrid 2017   408 páginas

Charles Simic

 

DOS LECTURAS DE CHARLES SIMIC

 

Por Íñigo Linaje

 

La vida de un hombre puede cifrarse en una serie de sucesos puntuales más o menos azarosos o accidentales. La vida de éste es la historia de un adolescente que huye de su país natal después de sufrir los horrores de la guerra y se establece con su familia en Estados Unidos. Un joven que sobrevive en sórdidas pensiones, lee con fruición en noches de insomnio y frecuenta clubes de jazz y otros antros nocturnos. Un hombre que, al cabo de los años, se convertirá en profesor universitario y en uno de los más aclamados poetas modernos; merecedor, entre otros, del Premio Pulitzer. Esta es, en unas pocas pinceladas, la vida de Charles Simic.

He de confesar que nunca me ha llamado la atención la poesía del escritor de origen serbio. Sin embargo, hace poco leí un libro suyo en el que descubrí a un narrador poderoso y tremendamente dotado para bucear en el pasado y en su historia personal, que, además, miraba el presente con una agudeza crítica nunca exenta de ironía. El libro se titulaba Días cortos y largas noches (Ediciones Valparaíso) y recopilaba medio centenar de artículos publicados en la revista The New York Review of Books: todos ellos magníficos. Algunos son simples evocaciones de su infancia; otros dan cuenta de su exilio americano. En ellos habla de política internacional, de la falta de libertades y de la represión que existe en su país de origen. También de lecturas y sucesos cotidianos, de poesía y festivales literarios. Hay un elogio encendido -en estas crónicas- de un mundo en proceso de extinción: el de las viejas librerías y las bibliotecas tradicionales. Hay una defensa de la escritura como ejercicio artesanal frente a las nuevas tecnologías, del arte de escribir postales, de la lectura como acto íntimo de conocimiento.

La memoria (como referente y asidero) y la palabra (como herramienta de denuncia) son los dos ejes que determinan la escritura de Simic, ya sea en prosa o en verso. Los paisajes de su infancia en Belgrado y los recuerdos pavorosos de la guerra -es decir, la recuperación de ese espacio mítico y perdido- son motivos que aparecen con frecuencia en su obra y que derivan en una preocupación constante por las libertades y los derechos civiles. “Un poeta que se empeña en ignorar los males e injusticias de su época, vive en el paraíso de los necios”, afirma. Por otro lado, sus especulaciones en torno al lenguaje y la escritura, además de sus reflexiones sobre la creación artística, lo convierten en un gran teórico de la literatura.

Un poco de todo eso, y bastantes cosas más, va a encontrar el lector en La vida de las imágenes (Vaso Roto editorial), que recopila una selección de seis de sus libros en prosa. Hermoso desde la fotografía de portada (muestra un paisaje nevado con un hombre bajo un paraguas) y heterogéneo en su contenido, el volumen resulta un complemento ideal a sus cuadernos de aforismos y a sus espléndidas memorias. Entre los textos antologados -que basculan entre el ensayo y la crónica personal- hay reseñas de libros, retratos familiares, semblanzas de escritores y reflexiones políticas. Todos ellos escritos con una prosa enjundiosa y sencilla. Todos tamizados por un barniz autobiográfico y por la mirada acechante de un observador nato, porque “el ojo atento -dice Charles Simic- hace del mundo un lugar rebosante de misterios”.

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