‘Filosofemas VIII’, de Juan de Portoplano

JESÚS MILLÁN MUÑOZ.

Caminaba el de Portoplano por la plaza mayor de su localidad. Muy de mañana. Solo se oían sus pasos en la penumbra. Y pensaba, al final, se decía a si mismo “soy algo parecido a un filósofo de la Grecia, sea sofista o presocrático o helenístico o de la escuela socrática, que camina por las calles planteando preguntas”. Eso es lo que soy, pero ahora, las expongo en la galaxia denominada Internet.

Tener empatía, tener ternura, tener piedad, tener misericordia de uno mismo y de los demás, sin negar saber lo que es correcto y verdadero y bondadoso, te hace comprender y entender mejor la realidad, de los otros y de ti mismo.

Ser tolerante no es estar de acuerdo con todo, porque en cualquier tema al menos existen diversos puntos de vista. No todos llevarán el mismo grado de verdad y bondad y prudencia y utilidad y racionalidad. Y no puedes estar de acuerdo con todo y con todos. Pero eso no quiere decir, que no seas tolerante…

Vienes y me preguntas sobre un tema o cuestión, y quieres que te diga lo que quieres oír. Si me preguntas, te diré, lo que honradamente, aunque esté equivocado creo debo decir, según verdad y bondad. Te imaginas ir al médico y que este dé el diagnóstico según le convenga al paciente. Evidente sería una manera muy rápida de reducción de la población mundial.

Un pensador o filósofo o escritor o artista o compositor musical su materia esencial es el silencio y la soledad. Aunque sea en medio del mundo. Ciertamente, en la práctica pueden existir muchas diferencias, pero ese sueño de la creación e investigación está hecho con la urdimbre del silencio, la observación, el pensamiento, la soledad, sin dejar de realizar todas las funciones y finalidades de la vida normal y rutinaria, sin dejar de atender a la familia…

Todo lo general es abstracto, todo concepto es general y abstracto, afecta a miles de características o individuos. Son necesarias las abstracciones y los conceptos, siempre que sepamos, que la realidad individual, no encaja, casi nunca con ellos. Excepto las leyes de la naturaleza descubiertas por la ciencia, y no siempre durante demasiados siglos.

El ser humano tiene que detenerse a escucharse a si mismo, escuchar los sonidos de su carne, escuchar los sonidos de su mente, escuchar los sonidos de su alma. Si no se escucha, caminará perdido en el mundo. Escuchar y escucharse sin dejar sus obligaciones rutinarias.

No soy mejor que usted, aunque escriba o piense mejor o peor que usted. Soy del mismo urdimbre que usted, de los mismos sueños que usted, con las negruras de usted y las claridades de usted. Pero quizás, nos diferenciamos que yo intento clarear mis obscuridades y hacer brillas mis claridades. Quizás usted no. Usted ya se ha establecido con sus virtudes y desvirtudes, y ya nadie le hará cambiar. Solo si existe Dios y alma inmortal, entonces en su Juicio Particular se dará cuenta, de sus grandes sombras y de sus grandes luces, pero ya será tarde para los demás, aunque esperemos que en ese momento usted y yo, nos arrepintamos, tengamos el valor de llorar como Pedro y no colgarnos como Judas, no desesperarnos eternamente como Judas.

Hay tanta cultura, en todas las artes y saberes, creada o inventada o diseñada por los seres humanos, durante milenios, que no tenemos suficiente vida y existencia, para saborear y pensar y leer y meditar las grandes obras. Y eso, eso que se habrán perdido y destruido a docenas de miles…

A veces, me pregunto, en las grutas o cuevas al lado del mar, posiblemente los humanos prehistóricos, esencialmente iguales a nosotros, pintaron. A veces, me pregunto, si al subir el mar, con la última desglaciación, se llenarían esas cuevas y pinturas de agua y han desaparecido. Pero quizás en los suelos, debajo del mar, debajo de las tierras, se podrían encontrar utensilios prehistóricos. A veces, pienso que estoy pensando en un nuevo campo de la arqueología submarina y prehistórica. Dejo este avión de seda para si alguien desea recogerlo. Pero no creo que ningún jefe de departamento en estas materias, jamás lea estas palabras. Pero quizás, esta sugerencia le llegue a algún doctor joven, que pueda encontrar aquí un nuevo campo de investigación…

No escribo o pinto, para yo lucirme, y para rellenar mi yo o ego, aunque creo que el panadero merece su salario, sino también para buscar verdades y bondades y belleza…

Usted hace cada día una tortilla o arregla la rueda de un coche o defiende un pleito o diagnóstica una enfermedad. Yo, modestamente, escribo o intento escribir cada día tres o cuatro frases, que espero ayuden a curar algún pequeño mal, o sosegar un corazón humano.

Al mirar por el escaparate de un comercio, vio su rostro y figura reflejado en un espejo. Al verse, el de Portoplano pensó, qué soy y qué he sido, y qué puedo ser en los meses y años de existencia que aún la vela arderá. Soy otro ser humano que ha pasado por este mundo, esperando que exista Otro Después. Me pregunto he dejado un poco más de verdad y un poco más de bondad, o he dejado un poco más de error y un poco más de mal y de maldad. Y se alejó con pasos pensativos.

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