Triunfo de Paloma Paso Jardiel entre suicidas frustrados y muertos con carácter

Por Horacio Otheguy Riveira

Las más violentas ráfagas de humor negro llegan cargadas de ternura en un espectáculo tragicómico para partirse de risa, y nada mejor que contar para ello con una actriz como Paloma Paso Jardiel en una ocasión excepcional de un texto escrito por su hijo, Ramón Paso, ambos herederos del maestro de maestros Enrique Jardiel Poncela y su yerno, y estupendo discípulo Alfonso Paso.

Mi madre era una experta en suicidios. Se los sabía todos. Se suicidaba mucho, pero muy mal. Siempre sobrevivía. Es que no le ponía ganas.

Estrenada en la Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez a comienzos de 2016, se repone en junio 2017 en la Sala Lola Membrives del Teatro Lara de Madrid.

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Para Jardiel y Paso, cada uno en su medida y su talento, reírse de los dramas cotidianos fue el mágico acompañante que les hizo la vida más fácil a millones de españoles, argentinos y mexicanos, entre muchos otros. En los años 60 ambos llenaban teatros con aforos entre 700 y 2000 butacas, sobre todo en Buenos Aires, donde los autores nativos rogaban que Alfonso Paso “se muriera de una vez por todas y para siempre”, única manera de estrenar, ya que el autor español llegaba a tener en escena hasta 6 obras en una misma temporada con diversas compañías (algo que también sucedió en Madrid, y de lo que Mingote dejó constancia al dibujar a una pareja ante la cartelera: “¿Qué prefieres para esta noche, cine o Alfonso Paso?”).

Y la parodia de la burguesía, de la familia bienpensante, la codicia, el asesinato, la desesperación amorosa… fueron motivos de comedia nueva, de mirada revoltosa y revolucionaria, aunque casi siempre enmarcada en un teatro “pasatista”, de comedia mirada por encima del hombro por críticos e intelectuales.

Pero ellos no crearon farsas pasada de rosca, tampoco parodias vergonzantes, sino obras de gran dramaturgia con personajes atrapados en situaciones demenciales que nadie quiere vivir, pero que demasiado a menudo se cruzan en el camino. Entre ambos, Jardiel el Grande, con una trayectoria mucho más prolífica y variada.

Fueron creadores de un lugar mágico donde reírse de las penurias propias y ajenas, como caricaturas del melodrama desgarrado, tan propio entonces como ahora en el cine y el teatro. Una risa de poderosa inteligencia porque en ella reconocemos nuestra dosis de absurdo, de sobreactuación y de padecimientos sobre los que no tenemos manera de manejarnos con serenidad y fortaleza. Pero la fortaleza termina llegando, porque —por ejemplo— …

Al fin de cuentas no hay que tenerle miedo a la muerte. No será tan mala, si allí ya no se friega, ni se plancha, ni hay que aguantar a un marido  que ronca, cocainómano y ludópata…

Usted tiene ojos de mujer fatal, Eloísa está debajo de un almendro, Los habitantes de la casa deshabitada, Un marido de ida y vuelta, de Jardiel; y de Paso: Vamos a contar mentiras, Usted puede ser un asesino, Un 30 de febrero, Los palomos… son algunos de los numerosos títulos de enorme éxito del bisabuelo y el abuelo de Ramón Paso, a quien hay que agradecer que tome la alternativa, la escuela de sus ancestros y se sienta cómodo, inmerso en este género tan difícil y a la vez tan agradecido en el que aquéllos se mofaron de lo humano y lo divino, pero sobre todo de la exagerada dramatización de la muerte y el crimen por parte de las novelas y las películas al uso, conformando un estilo propio, una manera de ver y pensar a través de magistrales caricaturas.

Ramón viene de un teatro comprometido ideológicamente (y ahí sí, en las antípodas de sus brillantes parientes), muy personal y creativo (Matadero 36/39, Retablo pánico, La ramera de Babilonia, Terror y ceniza, El síndrome de los agujeros negros…), de manera que este texto hilvanado con indudable pericia da la campanada en el comienzo de una nueva etapa, con suficiente talento como para ocuparse de cualquier otro género al mismo tiempo. Pero en la comedia propiamente dicha, y en busca de su propio estilo en evolución constante, ya cuenta con otro éxito: Usted tiene ojos de mujer fatal… en la radio, donde une el original de su bisabuelo con un texto de propia creación.

Lo más importante de esta introducción de Ramón Paso en el humor es que marca distancias con los grandes de su familia, y admirándolos y aprendiendo de ellos logra una dinámica de comediógrafo de nuestro tiempo, de aquí y ahora.

Me dijo: te trataré como una reina. Pero yo creo que debía ser republicano porque nunca cumplió con su promesa.

Carmela nos habla con un deseo imperioso de “hablar sin parar y enrollarse” a más no poder. Y no es para menos, cuenta hechos de niña, de muchacha y de mujer madura en un entorno de suma de desgracias tremendas atravesadas por un fantástico sentido del humor, porque ella siempre llega a la victoria final de quien es ganada por el amor y la ternura. Si su madre la maltrató, su padre la abandonó, y su marido fue un dechado de defectos estrepitosos, y el yerno y la hija, ¡rediós!… al final consigue que alguien diferente renueve su capacidad de dar y recibir cariño; superviviente de grandes ególatras y horribles situaciones cotidianas, Carmela resiste y es ganada por la solidaridad en el reflejo de otro ser… más desvalido que ella.

Un día, Candela le dijo que en el colegio los niños le habían dicho que los reyes eran los padres y que si sus padres eran reyes ella quería vivir en un palacio, y no en un cuchitril. Y entonces, a mi Paco le dio tanta pena, que dejó su coqueteo con el alcohol y lo convirtió en una relación formal.

 

“La vida es un sueño, el despertar es lo que nos mata”; esta frase la firma una suicida con éxito, la escritora Virginia Woolf que —tras larga depresión— se zambulló en un río a los 59 años. Sin embargo, en Huevos con amor ninguno consigue matarse, son aspirantes a suicidas tan egoístas que sólo montan números para llamar la atención y que se ocupen de ellos, y en medio Carmela: esta ama de casa que nos cuenta sus avatares y que también sueña con matarse, aunque algo muy grande y fascinante le sucede para olvidarse de esa tontería tan fastidiosa.

Para este juego realista y absurdo a la vez es imprescindible una actriz capaz de moverse como pez en el agua dentro de un estilo incomparable, y hacer propios los mayores desbarajustes de imágenes, situaciones y lenguajes, y además lograr que el espectador la quiera como uno más de la familia.

Absurdo y ternura, las cualidades con que Paloma Paso Jardiel logra una de sus mejores funciones, más en familia que nunca, con un equipo que renueva la confianza en el talento de las nuevas generaciones.

 

 

 

 

Teatro Lara. Del 3 al 24 de junio 2017.

 

 

 

 

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