Open 24H (2011)

Por Alejandro Contreras.

 

 

Héctor (Amadís de Murga) trabaja como vigilante de una chatarrería en el turno de noche. A ciertas horas va realizando los distintos turnos rutinarios que tiene programado, y en las horas muertas aprovecha para leer y escuchar programas de radio sobre los misterios del universo.

 

Por la mañana regresa a su casa donde le espera su familia. Vive junto a un padre (Jose María Blanco) que está perpetuamente de mal carácter, y su hermano pequeño (Rubén Jiménez Sans) que debido a una minusvalía psíquica ni siquiera puede hablar. Del padre poca ayuda puede tener, y Héctor contacta con una asistente social para que le ayude a que su hermano pueda ir a un centro donde puedan ayudarle.

 

Durante el día aprovecha su poco tiempo para tratar de ir solucionando sus problemas con su antigua empresa, que se niega a indemnizar tras despedirlo después de nueve años, o buscando a través de una asistente social plaza en algún centro donde pueda ayudar a su hermano. Cada vez le cuesta más dormir por el día y comienza a sufrir dolores de cabeza y hasta mareos.

 

Carles Torras ha estrenado en el 14FMCE su tercer largometraje tras Joves (2004) y Trash (2009), con la que también participó en el Festival de Málaga del 2009. Para ello se embarca en un proyecto en el que se estrena como productor, y así ha podido rodar su película sin presiones. No es fácil convencer a un productor para rodar una película que arranca con un planteamiento tan anti-comercial como ésta: sin actores de renombre, rodada en catalán, en blanco y negro, con una duración que apenas supera la hora y que tiene un tempo y un desarrollo tan peculiar.

 

Con Open 24H (2011), Carles Torras no sólo ha querido contar una historia sino adentrarse en probar lenguajes cinematográficos más interesantes. Para él, un enamorado del blanco y negro, le parecía que la historia que quería contar se reforzaría con una estética bicolor. Con escenas cortas y repetitivas que ayudarían a trasladar la pesada monotonía en la que se mueve el protagonista. Y aunque esta propuesta pueda recordar a otras de cineastas independientes, Carles Torras deseaba evitar territorios ya transitados por otros cineastas y dotarle de mayor ritmo del habitual en producciones parecidas. En Open 24H (2011) han pesado más las motivaciones artísticas que cualquier otra.

 
 

Esta historia que su director define como “personal, pero no autobiográfica”, tiene multitud de guiños a la astrología y a la ufología, no sólo porque son temas que les fascina al director sino para hacer un mayor contraste entre el universo y las estrellas y el pequeño mundo del vigilante de la chatarrería.

 

Un mes antes de comenzar el 14FMCE, enviaron una copia de trabajo con la que consiguieron una plaza en la selección oficial a concurso, y casi por los pelos han conseguido traer la copia final (con los títulos de crédito editados a contrarreloj).

 

El peso de la película cae completamente en el personaje que da vida Amadís de Murga. Para este actor que principalmente ha trabajado en series de televisión en Cataluña, es toda una oportunidad el poder dar vida a un personaje como el que tiene. A caballo entre una fuerte depresión y la enajenación mental, Amadís de Murga pone su talento interpretativo e incluso su presencia física sin ningún pudor para encarnar a un personaje que habla más con sus gestos y miradas que con sus palabras. Incluso estuvo días sin dormir para entender mejor las reacciones del personaje, aunque tuvo que dejar de hacerlo por la sabia indicación del director. Todo un esfuerzo que le puede acarrear el ser un posible candidato a la biznaga de plata del 14FMCE por su trabajo.

 

Con esta película Carles Torras ha hecho una “delicatessen” donde rinde homenaje a tantas personas que tienen unas vidas tan deprimentes como las del protagonista, que viven lejos de las ciudades donde trabajan y su vida está dedicada a trabajar y dormir un poco para el siguiente día. Esta propuesta tan arriesgada no será del agrado del gran público, pero es de agradecer que cineastas apuesten por mostrarnos historias contadas de otra forma. Aquí el talón de Aquiles viene por la trama, que es tan pequeña que se agota en apenas una hora y diez (aunque uno tenga la sensación de llevar hora y media de película). Lástima que en este caso la forma y el fondo no vayan más parejos, porque podría haber sido una gran película de autor.

 

 

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