Entrevista a Manuel Estrada

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Por DosPassos Comunicación

¿De dónde nacen las ideas?

Las ideas nacen en nuestra cabeza. Y no hay una receta para hacerlas nacer. No podemos dar al ON para que las ideas salgan. Y es precisamente este trabajo, el de buscar, promover, incitar el nacimiento de las ideas, uno de los más importantes, sino el más importante de los trabajos de un diseñador. Y creo que se puede extender a otros creadores. Una vez que ha aparecido el núcleo inicial de una idea, hay que desarrollarla y producirla. El trabajo de buscar la idea es generalmente un trabajo solitario. El trabajo de desarrollarla puede ser un trabajo en equipo.

Aunque hay quien establece una relación entre los conciertos de violín de Mozart y la creación plástica (y, por ejemplo, Pollock se ponía siempre la misma música para trabajar) lo cierto es que no hay un método común para encontrar y provocar las ideas que, como decía Paul Rand, pueden nacer en el lugar más insospechado y en el momento más extraño.

Ahora bien. Yo, después de años buscando mis propias ideas, hay dos cosas que tengo claras:

La primera es que para encontrar una idea hay que buscarla. Y cuanto más denodadamente, más éxito tienes. Y lo segundo, es que el músculo de búsqueda se desarrolla o se atrofia como todos los demás músculos. Como la mano para dibujar.

Y los cuadernos sirven, más que para apuntarlas, para provocarlas. La mano, en ese sentido,es para mi un elemento conector de la cabeza privilegiado. Como una especie de sismógrafo que expresa la actividad.

¿Qué significado tiene el cuaderno para un diseñador, para un creador?

Mis cuadernos están hechos para mi mismo y son varias cosas a la vez, cuadernos con notas, o de campo, cuadernos de bocetos o almacenes de material gráfico apto para ser usado en la ocasión adecuada. Son todos diferentes y no siguen ningún orden. Se mezclan en ellos notas de reuniones ordenadas y metódicas con dibujos hechos en la búsqueda de un logo o de un cartel. Páginas sin una sola palabra suceden a páginas sin un solo dibujo. Un collage hecho con restos de una ilustración o algún encargo. Cazado al vuelo, podríamos decir.

Esta es la primera vez que enseño mis cuadernos fuera de mi propio estudio, donde usamos, a veces, los dibujos como arranque para la construcción de una imagen. Pero también es la primera vez que los veo de un tirón, seguidos, como si fuesen de otro.

Tengo que decir que gracias al trabajo que han hecho Sonia Díaz y Gabriel Martínez,

comisarios de la exposición, desbrozando los cuadernos y entresacando imágenes y textos, la exposición es interesante porque, además de ver mi trabajo, ayuda a visualizar el proceso de la creación gráfica, mostrando bocetos y proyectos acabados juntos. O mejor dicho, mostrando los bocetos como lo más importante, como la expresión primera de la idea. Como el dibujo, que muchas veces expresa la idea en el momento mismo de su nacimiento. A veces, algunos de estos dibujos primeros nacen tan frescos, que resulta difícil conseguir que mantengan esa frescura en su proceso de acabado.

¿Qué tiene de equilibrista un diseñador?

El término equilibrista, que se les ocurrió a los comisarios, me gustó desde el primer momento. Porque yo me siento, muchas veces como un artista del alambre, andando sobre el alambre del encargo a veces a una altura peligrosa, sorteando las dificultades del tiempo y del dinero, en un circo donde cada vez se valora más la rapidez y el precio que el propio diseño, que la propia solidez de las soluciones. Un equilibrista o un malabarista que mantiene siete pelotas en el aire a la vez, sin aparente esfuerzo, pero a quien se le puede venir abajo todo el equipo si se le cae solo una. Estamos en una sociedad donde los diseñadores, como los arquitectos, deben ser creadores y empresarios a la vez y donde todos valoramos mucho, en apariencia, las profesiones creativas. El problema es que luego no entendemos eso de que las ideas pertenecen a sus creadores y que deben ser pagados por ellas porque son lo único que tienen.

Una sociedad que mantiene a sus mejores equipos de arquitectos y de diseñadores en un continuo ir y venir de concursos donde se desperdicia una gran parte de los esfuerzos de estos profesionales mientras la mayoría de nuestras empresas y muchas de nuestras instituciones no alcanzan los estándares de diseño mínimos dentro del marco de los países de nuestro entorno.

Vivir en este contexto, sin renunciar a hacer cosas bonitas y que resuelvan bien los problemas que los encargos plantean, es un verdadero problema de equilibrio.

¿Cuál es el riesgo del trabajo de un diseñador?

Cuando empiezas a diseñar, el riesgo es pequeño. La responsabilidad suele ser proporcional al tamaño de los encargos, y por lo general estos, al principio, no son grandes y la frase “Y más grande será la caída” parece hecha para la ocasión. Cuanto mayor es la responsabilidad y la trascendencia de un proyecto, mayor debe ser también el compromiso del diseñador y mayor, por tanto, el riesgo de la caída. Como dice Cruz Novillo, y a diferencia del artista que normalmente dispara la flecha y pinta después la diana, el diseñador debe dar en el centro de una diana que viene dibujada con el encargo. Y no acertar puede, además, significar darle al cliente en un ojo. Por eso los trabajos que hacemos para nosotros mismos, los autoencargos, tienen un riesgo menor. Al contrario, cuando estamos resolviendo un encargo de nivel alto de exigencia, la responsabilidad es máxima. Y ahora, en tiempos de crisis, las condiciones, de tiempo y de dinero, son también más precarias. Y este es también un factor de incremento del riesgo.

Por lo demás, no es algo que no les ocurra a otros profesionales, como los arquitectos, que responden, además, civilmente de la seguridad de su obra.

En cuanto a las caídas, los equilibristas se caen siempre. Yo, al principio, me caía bastante. Ahora me caigo mucho menos. Creo que los años te enseñan a guardar el equilibrio. Pero, como en otros deportes de fondo, aquí es fundamental aprender a levantarse.

¿Qué es un logo?

Un logo es el resumen visual máximo de algo, sea una empresa, un evento o una institución.

Es uno de los ejercicios de síntesis más difíciles y que mejor define nuestra capacidad como diseñadores gráficos. Cuánto más ruido gráfico existe a nuestro alrededor, y que por cierto es mucho, más necesario se hace que los logos, que las marcas, cuenten lo que tienen que contar y no otra cosa, y que lo hagan de forma efectiva y rápida. Hacer logos y hacer marcas, se ha convertido en una actividad más de las grandes compañías que hacen esto junto a casi cualquier otra cosa. O atendemos a esto o devaluaremos una importante forma de comunicar. Un logo no puede ser cualquier cosa reducida a un 1 cm2 .

Obviamente algo que no da apenas información sobre la realidad que representa o que se olvida con facilidad, no es un logo.

En esta exposición hemos dedicado una sala a logos: logos reproducidos a gran tamaño, todos en Blanco y Negro. Porque si reducir un logo es una prueba de su eficacia, ampliarlo sobremanera también lo es.

El título de esa sala: Pienso logo existo hace referencia a la principal cualidad que un logo debe tener tras de sí: información, reflexión y síntesis. Sin estas tres cosas, un logo puede quedarse en un ejercicio de estilo. Por eso, en mi estudio, hacer un logo lleva mucho más trabajo, más tiempo y más reflexión que hacer una portada. Aunque ésta última sea más vistosa y estéticamente resulte más atractiva.

¿Le gustaría que le encargaran hacer el logo del mundo, del universo mundo como

concepto?

Puestos a desear un encargo ideal, me gustaría que me encargaran el logo de un mundo sin fronteras, sin pobres insultantemente pobres y sin ricos innecesariamente ricos. Y como los deseos, al igual que las cartas a los Reyes Magos, pueden ser tan largos como uno quiera, ponga también de un mundo que hubiese frenado el cambio climático. Y terminado con las guerras. Me encantaría hacer ese logo. No me importaría para un encargo así no solo no cobrar, sino recorrer el alambre con una sola pierna, ida y vuelta.

¿Imagina un mundo sin logos?

No imagino un mundo sin diseño. Dice Gillo Dorfles que el diseño es el arte de la sociedad industrial Y esto, los italianos lo han entendido perfectamente. Aplicar la cultura artística a nuestra producción económica aumenta el valor de lo que producimos. Y en esta simple ecuación podemos encontrar una inestimable ayuda en estos tiempos de crisis.

Una consultora británica acaba de diagnosticar a la región portuguesa de Oporto el incremento de industrias creativas en torno a la ciudad como medicina anticrisis (cine, arte, diseño…) Pero hay otros países europeos que, como los holandeses, saben aplicar bien esta fórmula de la creatividad y el diseño a su economía. En Holanda, según datos de la fundación Premsela, el 1% del PIB es Diseño e Industria creativa. En España, ahora que necesitamos buscar modelos alternativos a la construcción como motor de nuestra economía, creo que el diseño podría ser un estupendo motor de cambio.

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