Schopenhauer, maestro de vida

Por Carlos Javier González Serrano.

 

 

El 21 de septiembre de 1860 moría –en su casa de Frankfurt- Arthur Schopenhauer. En apenas mes y medio se cumplirán 150 años desde aquel suceso. Al margen de las interpretaciones más o menos acertadas que se hayan podido ofrecer a lo largo de todo este tiempo sobre su sistema filosófico, y en concreto, al respecto de su obra capital (El mundo como voluntad y representación, Die Welt als Wille und Vorstellung) lo cierto es que los escritos de Schopenhauer marcaron el inicio de una corriente original de pensamiento. Muchas son las etiquetas que se le han atribuido: en la vertiente académica, llevar “hasta las últimas consecuencias” los asertos kantianos, antihegeliano, romántico, etc.; en la vertiente personal, testarudo, desagradable, apático, megalómano o misántropo. Sin embargo, y a pesar del torbellino de críticas y vilipendios diversos que sus obras tuvieron que sufrir, Schopenhauer es, a día de hoy, uno de los filósofos más leídos en todo el mundo.

 

Si bien es verdad que las editoriales han aprovechado el tirón de sus afirmaciones desgarradoras y directas para publicar aquellos de sus libros –y fragmentos de éstos- que más les convinieron de cara a vender ejemplares, no hay que obviar la parte más teórica –metafísica- de los escritos de Schopenhauer. Entre otros muchos, Borges, Th. Mann, Azorín, Freud, Pío Baroja, Ph. Mainländer o Nietzsche siguieron la estela de nuestro filósofo, con el fin de redescubrir, desplegar y finalmente desentrañar los misterios que Schopenhauer dejó más que perfilados.

 

Lo que a mi juicio define el pensamiento del escritor, es su constante afán por desligarse del movimiento filosófico que por aquel tiempo predominaba: el denominado “Idealismo alemán”, con Fichte, Schelling y Hegel a la cabeza. Esta corriente había superado para Schopenhauer las cotas de elucubración y divagación máximas que a la Filosofía, como disciplina, le estaban permitidas, y trató de dar en la experiencia cotidiana –en lo empírico- con una nueva puerta de entrada hacia lo que ella misma esconde.

 

No es momento de desentrañar el sentido de su filosofía, ni de analizar cualquiera de sus obras –a mi juicio, todas por igual interesantes, incluso las no traducidas aún al español. Con esta breve entrada sólo deseaba hacer patente la necesidad de volver a recapacitar en el ámbito universitario sobre la importancia filosófica y literaria de la obra de Schopenhauer, que lejos de quedarse en meras anécdotas, constituye un nuevo esfuerzo por desligarse de lo establecido, proponiendo –con nuevos medios– fórmulas para desenmascarar el sentido del hombre y de sus acciones.

 

 

«De esta capacidad [abstracta] carecen los animales, incluso los más listos: por eso no tienen más que representaciones intuitivas, y por consiguiente, conocen sólo lo directamente presente, viven sólo en el presente. Así pues, los motivos por los que se mueve su voluntad tienen que ser siempre intuitivos y presentes. Pero la consecuencia de esto es que les está permitida una elección extremadamente pequeña… […] En cambio, el hombre, gracias a su capacidad de representaciones no intuitivas, por medio de las cuales piensa y reflexiona, posee un campo de mira infinitamente más amplio que abarca lo ausente, lo pasado, lo futuro: de este modo, tiene una esfera de influjo de motivos y, por tanto, también de elección, mucho mayor que la del animal, limitado al estrecho presente» (Los dos problemas fundamentales de la ética, p. 34 de la edición alemana).

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5 respuestas a Schopenhauer, maestro de vida

  1. En el excelente texto que acabo de leer se ha deslizado un adjetivo que me parece totalmente improcedente aplicado a Schopenhauer: apático. No sólo no era apático Schopenhauer, sino que siempre se manifestó como muy apasionado, en todos los aspectos de la vida. Una idea de su carácter, creo que bastante acertada, puede obtenerse con la lectura de la novelita El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer. Por lo demás, felicidades.

    augustbecker
    9 agosto 2010 at 19:53 pm

  2. Muchas gracias por tu comentario, Augustbecker.
    En algunos textos (no tengo la referencia en este momento) se acusa a Schopenhauer de “inconsciencia apática”, con lo que se quiere decir que, al final de su libro IV y de los Complementos al mismo, se podría sonsacar cierto desdén por el mundo y por lo que la vida del hombre, en general, conlleva. Por mi parte, no estoy de acuerdo en absoluto, y creo que la conclusión es errónea. No entraré ahora en mayores análisis.
    La obra de Antonio Priante la tengo leída y me pareció interesante, sobre todo, para todos aquellos que, por un lado, comienzan a adentrarse en la obra de Schopenhauer, y por otro, para los que ya conociéndola, deseen leer un librito ameno y entrañable, que recorre el sistema filosófico de nuestro autor.
    Un saludo cordial.

    Carlos Javier González Serrano
    9 agosto 2010 at 21:37 pm

  3. Me gustò tu trabajo, Javier, y hablo en general. Y por si te interesa saber para fines estadìstcios o de algùn otro tipo, llegue aquì desde el foro de Sch., del que soy lector.

    Saludos desde Chile. Seguimos en pie y luchando.

    Alejandro Derz
    25 agosto 2010 at 20:36 pm

  4. Muchas gracias, Alejandro. Dejé la dirección de Culturamas en el foro de Schopenhauer con motivo de este artículo en memoria del filósofo por el 150 aniversario de su muerte el próximo septiembre.
    Seguimos en la brecha, dando a conocer a este autor -tan conocido, y tan desconocido a la vez.
    Saludos para Chile.

    Carlos Javier González Serrano
    25 agosto 2010 at 20:42 pm

  5. Pingback: 150 años de la muerte de Arthur Schopenhauer « El vuelo de la lechuza (apuntes de Sociofilosofía y Literatura)

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