Lluvia de peces en Murakami

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Haruki Murakami

Por Carmen Fernández Etreros.

Hablar de Murakami me sugiere lluvia de peces, ventas masivas de libros, gatos de mirada penetrante, fervor, soledad, odio y zapatillas de deporte. Haruki Murakami, el escritor japonés que ha logrado vender más de diez millones de ejemplares de Tokio blues, Norwegian Wood, ese best seller internacional y ante todo manifiesto sobre soledad e incomprensión humanas, traducido ya a 40 idiomas y del que Tran Anh Hung ha rodado la versión cinematográfica, confiesa que le gusta crear historias que causen desconcierto en sus lectores.

El desconcierto como motor de sus novelas. Desconcierto y espontaneidad: Yo lo único que hago es perseguir las imágenes que acuden a mi mente y, siguiendo ese flujo, voy escribiendo. No sabría explicar la trama, todo viene en un paquete llamado historia, que yo presento envuelto en un texto“, comenta en una entrevista para el diario El País en 2007.

Los comienzos de su escritura forman parte ya de la leyenda de este escritor de culto convertido en escritor de masas conocida por todos sus lectores: En 1978, cuando ya contaba treinta años, en el estadio japonés de Jingu, asistía a un partido de béisbol entre los Yakult Swallows y los Hiroshima Carp. David Hilton salió a batear y, en el instante en que golpeó la bola, se dio cuenta de que quizás él también podía escribir una novela.

Su carácter, profundamente marcado por la soledad de su infancia como hijo único acompañado por  “gatos, libros y música”, le ha reportado una fama merecida de huraño y misántropo: no concede entrevistas, salvo alguna por correo electrónico, no hace promoción de sus libros, por supuesto no firma libros… Además Murakami tiene una pasión más fuerte que la literatura: correr. Por la playa, por la ciudad, maratones… desde hace 28 años. “Si no corro, no puedo escribir”, ha explicado Murakami. Otra de sus aficiones el jazz le llevó regentar el bar Peter Cat en Tokio durante 10 años hasta 1982, antes de su revelación en el campo de beisbol.

La carrera literaria del escritor cambió con la novela Tokio blues (Norwegian Wood) vendió la friolera de cuatro millones ejemplares y Murakami decidió dejar Japón. Primero se fue a Europa y finalmente se instaló en Estados Unidos.  Aunque ha escrito más obras que no han sido traducidas, por ahora se han publicado las siguientes por la editorial Tusquets: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (2001), Sputnik, mi amor (2002), Al sur de la frontera, al oeste del sol (2003), Tokio blues (Norwegian Wood) (2005), Kafka en la orilla (2006), After dark (2008), Sauce ciego mujer dormida (2009), El Fin del Mundo y un despiadado país de las maravillas (2009) y De qué hablo cuando hablo de correr (2010). Anagrama ha traducido su obra La caza del carnero salvaje.

Curiosamente Tokio Blues es una de sus pocas novelas realista. Y Murakami no le interesa nada la realidad sino los bosques, los gatos, la lluvia de peces, los viejos que saben hablar con los gatos… “Escribo cosas raras, muy raras, que mezclan realidad y fantasía, y que los críticos occidentales han calificado de posmodernas”, comentó en una de sus pocas entrevistas concedida a  Juana Libedinsky para el periódico argentino La Nación.

Sus detractores, entre los que se cuentan la mayoría de los críticos literarios japoneses, sienten nauseas por su cercanía a la cultura pop occidental y su lenguaje basado en frases cortas y sugerentes. Sus seguidores incondicionales adoran sus pinceladas surrealistas, el ritmo de sus novelas y su mundo de soledad y desolación humana.

Pero a Murakami le dan igual unos y otros: adora las series de televisión, fan de Lost, la ropa deportiva, las novelas y películas de terror, el pop más sugerente y desenfadado, los Beatles (como refleja el título Norwegian Wood).

Lo último 1Q84, su guiño a Orwell,  y según sus palabras ”la más larga y ambiciosa de las que he escrito“. La novela consta de dos volúmenes que cuentan con un total de 1.657 páginas y de momento han sido sólo editados en Japón, Corea del Sur y Taiwán. La ambiciosa novela narra la historia de dos amigos de infancia que se reencuentran en una situación bien distinta: él es un profesor con aspiraciones literarias y ella una instructora de gimnasia y asesina…

Eterno candidato al Nobel de Literatura, traductor al japonés de obras de autores como Salinger o Irving, lo que está claro es que a su pesar se convertido en un personaje de la vida cultural y literaria mundial. Una literatura hermosa y tremenda al mismo tiempo como Midori, una de las protagonistas de Tokio Blues “tan bonita como para hacer que las montañas se derrumben y el mar se seque”.

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