“Mirlo y lobo”, de Henri Cole [Quálea Editorial]

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Por Carlos Javier González Serrano.

El motor de la editorial cántabra Quálea no deja de funcionar ni un momento a toda máquina. En Culturamas hemos presentado algunas de sus últimas novedades -y la verdad sea dicha, corresponden a pequeñas joyas: Sobre el humor (Simon Critchley), Otras horas (Jorge Valdés Díaz-Vélez) y Una cosa que es (Robert Lax). En esta ocasión, Quálea retoma la humana -pero nada liviana- poesía de Henri Cole, con la que inició la Colección Poesía que dirigen en la misma editorial Rafael Fombellida (que recientemente ha publicado su dietario Isla Decepción) y Carlos Alcorta.

Mirlo y lobo, libro que hoy presentamos en Creación, fue Premio Lenore Marshall en 2008. Pero, ¿quién fue Henri Cole? El autor nació en Fukuoka, Japón, en 1956. Muy pronto se trasladó con su familia a Virginia, Estados Unidos, donde creció y completó su formación académica. Está considerado una de las mayores revelaciones de la poesía en lengua inglesa de la última década. Su obra ha despertado el reconocimiento unánime de sus colegas y grandes elogios por parte de la crítica, en especial del gran teórico literario Harold Bloom, que lo identifica como la figura central de su generación. La inigualable belleza, intensidad y fuerza visual de su estilo lo diferencia notablemente del resto de actores de la escena poética norteamericana contemporánea. Destinatario de numerosos premios, es autor de siete libros de poemas entre los que destacan: The look of Things, The Visible Man, Middle Earth (finalista del Premio Pulitzer) y el aclamado Mirlo y lobo, por el que ha recibido el Lambda Literary Award, el Massachusetts Book Award, el Ambassador Book Award y el Lenore Marshall Prize 2008, galardón que concede la Academia de Poetas Americanos y que reconoce el libro de poesía más importante publicado en los Estados Unidos el año anterior. En la actualidad, reside en Boston e imparte clases en la Universidad de Ohio.

En uno de los poemas de Mirlo y lobo, que por cierto, Quálea presenta en una cuidada y atenta edición bilingüe (lo cual representa un guiño no sólo al público en general que quiera disfrutar de la poesía de Cole, sino también a los puristas y expertos que deseen leer su obra en el idioma original); en uno de sus poemas, decíamos, que lleva por título “Cumpleaños” (“Birthday”), el autor escribe: «… y comprendo cosas/ sobre las que no tengo ningún conocimiento empírico./ Aunque la puerta esté cerrada, soy libre./ Como un mapa obsoleto, mis fronteras están cambiando». Henri Cole, como nos explican desde Quálea con total acierto, «muestra una capacidad insólita para transmitir los matices de la emoción en un trayecto por los temas centrales de su poesía: el peso de la soledad, el deseo de conexión con la naturaleza y el prójimo, la disolución del cuerpo, el poder redentor de la memoria o las contingencias del amor y la sensualidad».

En la poesía de H. Cole hay algo que se sustrae a la idea, que no participa de ella, y en este sentido -si se me permite el casi tecnicismo-, va más allá de la figuración o del eidos, de la manifestación de la presencia o de la mera representación. Si por algo se caracteriza la obra de este autor es porque su arte no consiste en una torticera repetición de lo que encuentra en el mundo: sus palabras no son una mera mímesis, sino que más bien se acercan a la sublimidad, a la presentación de lo impresentable: «Estoy cansado de ser sólo un hombre», escribe en “Los borradores” (“The erasers”), o «No sabía que la vida nos engaña», en “Sicomoros” (“Sycamores”), donde explica su venida al mundo desde un cuerpo extraño -que a la vez es el suyo propio… Por eso nos indican desde Quálea que «sin renunciar a un profundo examen autobiográfico, Henri Cole traza en Mirlo y lobo un delicado y esplendoroso mapa de la condición humana, en el que las grandes alegrías y tragedias se celebran y se redimen a través del poder de la razón, el anhelo de trascendencia y el afán de superación humana». En uno de los grandes poemas del libro, “Palo santo” (“Persimmon Tree”) escribe Cole: «La muerte no es nada comparada con el dolor/ que la anticipa»

En la poesía de Henri Cole podemos encontrar, a mi juicio, la labor del artista como cercana a la del pensador que vive una experiencia en la que es marcado con el sello de la muerte… pero que a la vez supone un soplo que hace vivir. La lectura de Mirlo y lobo remite a una experiencia de lo “demasiado grande”, una experiencia -como decía- sublime, que esconde a la vez algo placentero y doloroso: se goza y se sufre a la vez por lo mismo.

Para empezar a degustar la obra, que seguro supondrá una buena opción para regalar en estas Navidades, os dejamos “Paseo por la playa” (“Beach walk”) uno de los poemas que muestra con más fuerza este carácter no sólo dual, sino contradictorio de la producción de Henri Cole, y que pone de manifiesto en definitiva la necesidad que continuamente invade al hombre de tener que contarse su vida como un relato en el que su existencia cobre cierto sentido, aun cuando a cada momento tal sentido fluctúe de un extremo al otro…

«Encontré una cría de tiburón en la playa.
Las gaviotas se habían comido sus ojos. Su garganta sangraba.
Sobre las conchas y la arena, parecía menor de lo que era.
El océano lo había desollado por dentro.
Cuando le pinché en el estómago, la oscuridad brotó en él,
como agua negra. Luego, vi a un chico,
excitado y eufórico, haciendo señas desde una duna.
Como yo, estaba solo. Algo pasó entre nosotros
sin apenas emoción. Pude ver el color rosa
de sus ojos: “Me he perdido. ¿Dónde estoy?”,
preguntó, como quien le debe algo a la muerte.
Presioné mi cara contra sus arpones.
Caemos, caímos, estamos cayendo. Nada lo impide.
El oscuro embrión muestra sus dientes y seguimos adelante».

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