Luis Muñoz Díez conversa con Borja Cobeaga sobre su última película “No controles”

El director de cine Borja Cobeaga

Mi conversación con Borja Cobeaga discurrió de una forma espontánea. Primero, posó para Pablo en las escaleras y la terraza del Círculo de Bellas Artes. Arancha Benito y yo les acompañamos en la sesión de fotos, donde fue surgiendo un diálogo a cuatro bandas. Aprovecho para dar las gracias a Arancha por su amable cordialidad y a la entidad por permitirnos contar con un marco de lujo como es el Círculo de Bellas Artes.  Después, Borja y yo nos acomodamos en un rincón de la cafetería y continuó la conversación igual de fluida, donde pudimos hablar de sus padres, de sus hermanos, de los vaivenes a los que nos someten los adelantos tecnológicos, y sobre todo de cine.

Acabo de ver No controles y he visto Pagafantas. En las dos veo una continuidad costumbrista de un cine que se ha hecho mucho y muy bien en España, y abro el arco de Berlanga o Ferreri, a Forqué o Lazaga.

Has calado en el público con Pagafantas, han quedado  frases como “los miércoles son los nuevos viernes”, que la gente las ha tomado como algo suyo, y eso es muy bonito.

Yo me considero muy costumbrista y muy vampiro de lo que les pasa a los demás, en cuanto a acontecimientos y hechos. Pagafantas estaba muy trufada de cosas que me habían pasado a mí y a la gente que conozco, y eso le da mucha autenticidad. La frase de que “los miércoles son los nuevos viernes” la decía un amigo mío, y de ahí lo saco, y aunque el guión es una ficción notas que lo que te están contando son cosas vividas, que son de verdad. Mi obsesión es hacer un cine honesto y basado en la realidad, aunque luego se dispare. Tanto Pagafantas como No controles son de un costumbrismo exagerado llevado hacía el esperpento, pero siempre partiendo de la realidad.

El cine costumbrista narra lo cotidiano, y las cosas pequeñas son lo que conforman realmente la vida. Tú, puedes llegar a ser el director más importante de Europa o del mundo, y por mucho que te agrade que te den varios Oscar eso es algo externo, que depende de la suerte o la oportunidad, pero lo que llena y te hace sentir satisfecho es saber quién eres tú, y eso sólo lo puede dar lo cotidiano.

Estoy totalmente de acuerdo. Cuando hemos hecho el make off de la entrevista de esta película, éramos Diego San José y yo, y me encantaba que rodábamos en el mismo sitio, mi casa, y con el mismo plano. Era todo exactamente igual, y al verlo bromeábamos que el haber hecho Pagafantas no nos había cambiado nada, seguíamos saliendo con la misma gente, a los mismos sitios, de ahí saco mis vivencias, y hay que escribir de lo que conoces, y eso es una verdad como un templo. Admiro a la gente que es capaz de imaginar mundos y sus moradores pero yo creo que la ciencia ficción más fantástica tiene una raigambre de verdad.

No lo dudo, un alienígena puede ser un miedo infantil pintado de verde.  La batuta en esta película la lleva Bea -Alexandra Jiménez- ¿Es un reflejo de la realidad?

No sé, tanto Pagafantas como No controles están hechas desde un punto de vista muy masculino, y yo tengo cierto gusto por los personajes patéticos, y como me gustan los personajes patéticos eso lleva a que estén dominados por otros, sean mujeres, hombres o lo que sea, pero me gustaría hacer un personaje equiparable a los protagonistas de estas dos películas pero que fuera una mujer. No tengo la sensación de que las mujeres lleven la batuta, sino que las diferencias entre hombres y mujeres cada vez son menores en cuestiones elementales y básicas. Hay relaciones en las que un hombre se ve arrastrado por una mujer y al contrario.

Entonces, todo se debe a tu gusto por los personajes patéticos, y en estas dos películas el papel de patéticos lo hacen ellos.

Sí, me interesan mucho, y de ahí sale ese tipo de humor que me hace mucha gracia, de ese un humor de vergüenza ajena. Esa mezcla de ternura y crueldad es el objetivo que busco en todas mis películas.

Las mujeres han movido ficha y a ellas se las deben muchos cambios sociales, por un lado nos han liberado de la pesada carga de tener que ser los duros por obligación -y otras cargas-, pero por otro nos hemos quedado un poco despistados…

Pero esos vericuetos que hay en la complejidad de las nuevas forma de relación hombre/mujer son realmente lo que me interesa. Estos cambios han supuesto que las relaciones entre hombres y mujeres tengan un montón de matices y que sean dramáticamente más interesantes. Antes, por la impresión que tengo, era todo más cartesiano y ahora está sujeto a dudas, a torpezas, cagadas, altibajos… y todo esto unido a la tecnología, ahora con un mensaje te puedes cargar una relación de diez años.

Sí, hasta hace nada si discutías tenías que esperar a que la otra persona llegara a su casa para poder llamarla, y discutir en la calle tenía sus consecuencias. Ahora, puedes romper y reconciliarte en diez minutos.

La película refleja un nuevo modelo, y creo que es muy propicio para el terreno de la comedia. Cuando Diego San José y yo empezamos a escribir lo que queríamos hacer era una comedia romántica en una noche. Volcar todos los tópicos de la comedia romántica: se separan, posibilidad de reconciliación, celos con otro chico… todos los elementos clásicos y que todo sucediera en la misma noche, era un reto que tuvieran una limitación temporal, y creo que por eso se ha hablado de una comedia de acción. En ella está todo reconcentrado, hiperbolizado.

Es un vodevil, lo que se llama en teatro una comedia de puertas en la que los personajes entran por una y se van por la otra.

Sí, es un vodevil. Y que la acción transcurra en un hotel, y sus pasillos, es muy adecuado para ese género.

Borja, háblame de Juancarlitros. Al principio, pensé que no lo iba a poder soportar, y según se iba quitando capas empecé a quererle. Lo has hecho muy bien.

Esa era la idea, que al principio no pudieras ni aguantarle y luego le cogieras cariño, y esa era una de las cosa que más me importaban del guión, porque en realidad ese tipo de personajes -un palizas pesado que te toca en el asiento de al lado y da igual que sea en el metro que en un viaje transoceánico- puede ser una pesadilla. Alguien que está obsesionado en caer bien, que intenta hacerte reír utilizando cualquier argucia, que cree que es popular y es patético. Este tipo de personaje me resulta fascinante y es el único personaje de la película que se ha hecho a la medida del actor que lo iba a interpretar. Julián López estaba en el Pagafantas y tenía un personaje bastante gris, porque hacía de amigo aburrido del protagonista, y él lo llevó a una altura de talla. Aquí quisimos recompensarle con un papel muy diferente, y la verdad es que está increíble. Julián, ahora mismo como actor puede hacer lo que quiera, y yo creo que en cualquier género, y es el alma de la película. Es más, al final no se liaba con la azafata, pero como recompensa al personaje por parte de los guionistas, como Juancarlitros nos caía tan bien, decidimos que tuviera ese regalo al final de la película.

Has conseguido algo que hacen muy bien los americanos: partiendo de un personaje con todo en contra acabas queriendo llevártelo a casa y arroparlo. Escondido dentro del disparate y el esperpento yo veo una comedia romántica, y  muy tierna.

A mí me intensa mucho la ternura, y me interesa mucho también la crueldad, y creo que son complementarias. En lugar de hacer una película tibia me gusta mucho llevar las cosas a los extremos, y creo que en la comedia el contraste es muy importante, y la figura del contraste era Sergio –Unax Ugalde– y Juancarlitros – Julián López-.  Entre ellos hay un contraste brutal, igual que lo hay entre Juanan –Secun de la Rosa– y Jimmy, el inmigrante que trabaja en el hotel –Alfredo Silva-. Utilizar y sacar el contraste me gusta, de ahí que soy bastante cruel con los personajes. Con algunas de las cosas que les pasan no sabes si reír o llorar, creo que la ternura y la crueldad son buena materia prima para la comedia y para llegar a al publico, por eso suelo utilizar canciones que todos hayan oído, busco referencias que todo el mundo conozca para conseguir que la gente empatice con los personajes. Eso pasa con Juancarlitros, al principio te ríes, eres cruel con él, pero cunado ves que sigue metiendo la pata una, dos, tres, cuatro… a la quinta o a la sexta le coges cariño, y te enternece verle sufrir.

Sí, te estimula el instinto de protección.

Sí, eso quería, producir vergüenza ajena, que la gente lo pase mal viéndolo.

El talento de cualquier autor es lograr que el público sienta, que le llegue lo que le estés contando, y el amor y el odio van juntos.

Es lo que te decía, el amor y la crueldad son la misma cosa.

Háblame de la relación de Sergio –Unax Ugalde y Bea -Alexandra Jiménez-.

Sergio es un cobarde, porque es un parao, y Bea hace todo eso para que él reaccione. A mí me interesa mucho la gente que se guarda las cosas, por eso del patetismo, hacen las cosas de una forma equivocada y yo creo que esto es lo que le pasa a Sergio, que no se atreve a hacer nada, a ser sincero, ni a hablarle, y luego es capaz de tontear con otra chica por darle celos. Está amargándose la vida, porque en realidad su vida no conduce a nada. Es un cobarde, y ella lo que quiere es tirarle de la lengua, que hable, que se atreva, que le diga que la quiere.

Es curioso que siendo dos películas totalmente diferentes, No controles tiene algo en común con Todas las canciones hablan de mí de Jonás Trueba, y es la dificultad que tenemos los hombres para expresarnos.

Yo estoy de acuerdo contigo, hay coincidencias entre las dos películas. Yo la he visto y tiene similitudes. La primera canción en la que pensamos para No controles es  precisamente en la de Battiato que está en la película de Todas las canciones.

No controles pasa en la noche de fin de año

Sí, me hacía mucha ilusión hacer una película navideña, porque a mí me gusta la navidad, igual que odio la nochevieja. Ojalá acaben pasándola en televisión por navidad, porque yo quiero hacer cine de calidad pero que llegue público.

Ese debe ser el reto de todo autor, hacer algo que llegue a todo tipo de público, y que luego la obra tenga tantas lecturas como espectadores la ven.

Exactamente, me gustaría poder atravesar todas esas capas. Se ha hecho mucho cine de espaldas al público.

Coincidimos en lo difícil que es retratar la realidad y en el talento de Berlanga -que igual  se lo debe a Azcona- cuando acabada la secuencia se quedan dos personajes hablando, unos del fondo, y te metes en esa conversación y de repente se corta. Y se me pasa por la cabeza que puede que me gusten las películas costumbristas porque en ellas surge una empatía, y no te importa ser uno de esos personajes de fondo con los que cierra una buena secuencia.

Luis Muñoz Díez y Borja Cobeaga

Fotografía de Pablo Álvarez.

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