Entrevista a Israel Galván, bailaor de flamenco

Por Ana Martos

“Al final siempre me quedo en el silencio”

Solo

Corral de Comedias de Alcalá de Henares, 25 y 26 de febrero 20.30 H.

Israel Galván. "Solo"

Israel Galván. "Solo" (Foto: Félix Vázquez)

En el trabajo de Israel Galván (Sevilla 1973) conviven la tradición y la vanguardia, el espacio íntimo y privado con la energía que le devuelve el público y que él utiliza para crear su propio lenguaje. Baila de perfil, baila “raro”, encuentra imágenes en la pausa y transmite un tipo de cuerpo único, oscuro y honesto. Vuelve a Madrid este fin de semana con Solo, la pieza que recibió el premio Ciudad de Barcelona en 2007 y que representa sin música y sin artificios. Criticado anteriormente por el público flamenco más academicista, parece haber encontrado un punto de unión entre las raíces y lo nuevo.  Lo suyo le ha costado, “ahora el público ya sabe lo que  viene a ver, ya no le veo como a un enemigo”. Desde luego su baile no deja indiferente, hijo de bailaores, Galván  ha sido Premio Nacional de Danza en 2005, y en palabras de Enrique Morente, es “el más viejo de los bailaores jóvenes”. Esto es lo que nos ha contado sobre su baile, su vida y su filosofía de la práctica artística.

P- El próximo fin de semana trae de nuevo su Solo a Madrid, esta vez al Corral de Comedias de Alcalá de Henares. ¿Qué es lo que va a encontrar el público en esta pieza?

R- El Solo se adapta según el sitio en el que se represente, el espacio del Corral de Comedias será un elemento más del Solo. Es una pieza sin cante, sin guitarras, sin ningún elemento, nada más que mis botas. Un poco como mi laboratorio, mi baile sin otras partes; diseccionado. Es un amplio repertorio (no puedo decir de “palos” porque no se escucha música) percusivo y plástico hecho con diferentes ritmos del cuerpo y con diferentes estados y ánimos.

P- En esta pieza consigue hablarnos no sólo de los resultados de su trabajo previo, sino del proceso mismo; de  toda esa investigación que le ha conducido hasta ahí, como si nosotros, público, nos colásemos en su local de ensayo.

R- Exacto, también se puede ver como laboratorio, ver al bailaor desnudo en el sentido de que no hay música ni guión que lo defienda, verlo a “palo seco”. Por mi parte siempre es algo muy enérgico, se crea una cosa muy personal con el público de ese momento porque, aunque yo lleve un guión hecho, según el estado que haya allí, sale de una manera o de otra. Por parte del público, lo que nota es un vacío, una intimidad que yo invito a ver, incluso se pueden observar los fallos porque no hay nada que los esconda, se ve muy crudo. Hay también un trabajo con la luz; se pone de una manera muy plana como si fuera, como has dicho, mi local.

P- Cuando uno sale de verlo actuar se lleva a casa una infinidad de preguntas y pensamientos; se aprende a escuchar el silencio, a esperar y construir imágenes en la pausa que provoca… pero usted, ¿qué se lleva del público y de su propio baile?

R- Cada vez que uno baila en cierto modo no es como la primera vez,  siempre es un terreno nuevo, una sensación nueva, como quien abre un libro por primera vez. La verdad es que si no te dejas un poco de alma no transmites, sobre todo con el flamenco que es también un baile técnico, pero que para que transmita, debe estar un poquito alocado, digamos más libre. Y también creo que necesito de esa adrenalina.

P- ¿Cuánto hay de sufrimiento y cuánto hay de placer en lo que hace?

R- Creo que cuando pasan los años hay que dosificar el sufrimiento. Verdaderamente, esto placentero no es (por lo menos para mí);  no es un trabajo de estar tumbado ni con la cabeza divirtiéndome (bueno, según que concepto esté trabajando), pero lo que hay que intentar es que el sufrimiento no te ahogue, ni la ansiedad. Quizá un poco al final, cuando lo logras, no es porque te toquen palmas ni porque tú lo veas bien o porque le hayas gustado al público, al final siempre se queda un silencio, por lo menos yo, cuando termino me quedo en el silencio, pero intento, digamos no sufrir tanto.

P- Su aprendizaje fue muy clásico, ¿cuándo decidió cambiar e incorporar nuevos lenguajes y crear el suyo propio? ¿De qué modo ha cambiado esa manera de entender la práctica artística?

R- Es verdad que lo que he hecho profesionalmente antes (primero con mis padres, luego en los concursos y más tarde con Mario Maya), era de un estilo muy clásico. Cuando empecé a trabajar en el “no bailar bien”, ni en el tener un perfecto zapateado; cuando intenté huir de la perfección, me encontré con una cosa nueva en mi cabeza. Con mi primer espectáculo Los Zapatos Rojos me metí de lleno en este nuevo lenguaje en el que verdaderamente unos zapatos te pueden hacer bailar y entonces, reconocí el cansancio, la locura. A partir de ahí, todos los trabajos que he hecho me han marcado el cuerpo, ya no puedo bailar como antes, me lo han lesionado de una manera artística. Al repetir los espectáculos con sus ideas, sus músicas y con su elaboración, sale una cosa nueva que antes era más clasicista.

Israel Galván. "Solo"

Israel Galván. "Solo" (Foto: Félix Vázquez)

P- El concepto de identidad está muy presente en su baile, ¿cómo se vive esa tensión entre el flamenco más arraigado y tradicional y el más vanguardista como el que usted propone?

R- Bueno, creo que debo estar siempre muy arraigado en la tradición porque es la manera de transmitir algo, yo no me considero un bailarín de fusionar, digamos que yo soy un bailaor flamenco que me tomo muchas libertades. La gente puede decir que es un estilo nuevo, o que es fusión, o danza contemporánea, pero la verdad es que eso no se puede controlar. Mi tarjeta de presentación es de bailaor flamenco.

P- Usted dijo que había pasado mucho tiempo descentrado buscándose así mismo en el baile…

R- Sí, todo su proceso fue difícil. Cuando abres campo a un terreno tuyo personal no se te abren las puertas tan fácilmente, por lo menos a mí. Es verdad que llevar tanto tiempo bailando de una manera y empezar cada 2 años a crear un espectáculo e intentar reinventarme es una experiencia nueva que no tenía. La verdad es que fue como un chispazo el momento en el que sentí una simbiosis con el público. Ocurrió a partir de Arena, un espectáculo taurino muy abstracto, pero a la vez muy cercano a la raíz que tocaba las dos sensibilidades; la flamenca y la otra más teatral o más conceptual. Esa reunión de filosofías de flamenco y modernidad y esa libertad fue, por así decirlo, como el encuentro mío con el público. Antes como que me había “despedío” y aunque me acompañaban algunas personas en mi viaje,  la conexión  llegó a partir de 2004-2005 y también con la experiencia de conocer mi propio cuerpo.

P- ¿Piensa que el mundo del flamenco fomenta cada vez más la multiplicidad de nuevos discursos, de la variedad?

R- Sí claro, creo que no lo queda otra, desde el folclore -como no había partituras- cada  flamenco decía su propio discurso. Lo bueno de la pureza y la evolución vienen del propio intérprete que crea un mundo nuevo y un nuevo lenguaje. Si contamos los nuevos lenguajes contamos pureza, se llama pureza, por ejemplo, a lo que hacía Farruco y Farruco fue un impuro en el sentido de que revolucionó un baile nuevo, y  a la vista está, es una manera de que el público vea lo grande que es el flamenco.

P- Me ha hablado del Farruco, de Mario Maya, pero ¿qué artistas le inspiran en la actualidad?

R- Siempre estoy mirando bailaores, cualquier bailaor o bailaora que sale nuevo tiene algo bello que no he visto nunca. Creo que mi inspiración es un poco estar muy al corriente de todo lo que pasa y de lo que pasado. Es un todo.

P- ¿Piensa que hay diferencias significativas entre la situación que usted vivió y la que viven hoy los artistas que están empezando?

R- Creo que ahora no hay tantas compañías estables, y cuando se disuelven, algunos bailaores se quedan un poco en tierra de nadie, tienen que crear sus propias compañías empezando de manera pequeña. Es un momento en el que pienso que todos los bailaores y bailaoras tienen que crear su propio baile, su propio trabajo o su propia compañía porque no hay tantas como para que les refuercen por algún tiempo. Yo, por ejemplo, estuve un tiempo con la compañía de Mario Maya y luego decidí salir,  pero no me echaron y ni tampoco se disolvió. A parte de bailar, los artistas que empiezan tienen que ser conscientes de crear y defenderse por ellos mismos.

P- Pedro G. Romero es una figura muy importante para su trabajo, ¿qué le aporta este director artístico y artista plástico?

R- Preparamos juntos las obras, es un amigo que me ayuda y que me dice lo que hay. Es como un archivo de información, de cualquier tema te dice todo lo que ha habido, todo lo que hay y te da su opinión. Tengo suerte, es necesario rodearte de un equipo porque hacer las cosas solo es muy difícil. Es parte de mi equipo y una pieza importante que me tiene que dar un poco la aprobación de las propuestas, porque valoro mucho su opinión.

P- Usted dijo que se consideraba “un bailaor flamenco con la libertad de hoy”, ¿qué dispositivos pone en marcha para adquirir esa libertad en lo que se refiere al baile, a la escenografía, a la música y al uso tan personal que hace de los objetos?

R- Sigo lo que pasa cada día, si veo que en el mundo hay terremotos y hay víctimas le bailo a eso, si en el mundo hay violencia, yo bailo en contra de eso, no me quiero quedar siempre en la partitura del flamenco ni en el tópico; el flamenco tiene derecho también de contar cualquier tema.

P- Sé que además del baile una de sus pasiones es el fútbol y más concretamente su equipo, el Betis, ¿tiene alguna otra pasión confesable?

R- La familia, es muy difícil ser artista y tener un equilibrio con tus hijos, sacarles tiempo. Se vuelve una pasión y una obsesión.

P- ¿Sus hijos le han manifestado alguna vez la intención de bailar?

R- Claro, mis hijos bailan ballet clásico porque ellos lo han escogido y es el segundo año que van, pero bueno, son chicos; una niña de 6 y un niño de 9. La verdad es que me da miedo que quieran ser bailarines, y más en el clásico. Si de verdad lo que quieren es bailar clásico y me piden consejo, les diré que tendrán que irse de Sevilla para continuar con su formación.

P- Pero en todo caso los apoyaría, ¿no?

R- Sí sí, si ellos quieren claro que sí.

P- ¿Cómo visualiza su futuro?, ¿Qué nuevos retos asumirá su baile?

R- El futuro lo llevo día a día trabajando. He estrenado un espectáculo a finales de 2010, tengo más proyectos nuevos y se me vienen encima más responsabilidades. Creo que los retos y la responsabilidad te llegan en el momento y quizá ahora lo próximo que haga sea trabajar con otras personas en vez de yo solo y con objetos, como he venido haciendo.

P- ¿Tiene pensado incorporar un cuerpo de baile?

R- No veo mi proyecto con un cuerpo de baile. Según el concepto de la obra, escojo a diferentes personas que para mí son superimportantes, pero no me veo como una compañía estándar, no me veo primer bailarín.

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