Pequeños editores independientes

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Por Manuel Rico

PEQUEÑOS EDITORES INDEPENDIENTES: ANTE EL ENCUENTRO “OTRA MIRADA”


Hace algo más de una semana, los editores independientes iberoamericanos (al menos, una muy notable representación de ellos) y algunos libreros y distribuidores se reunieron en Zaragoza por iniciativa de la librería Cálamo bajo el título  “Otra mirada” , un auténtico foco de pasión por la literatura gracias a la iniciativa y a la hospitalidad de Paco Goyanes. Allí estuvo la cultura militante, los héroes de la edición que, día tras día, pugnan por colocar sus obras en las librerías abriéndose espacio entre el bosque de best-sellers “de calidad”, best –sellers manifiestamente mejorables o best-sellers intragables desde el punto de vista literario que llenan las mesas de novedades y los escaparates de los hipermercados, “cortesingleses” y grandes superficies .  A lo largo de dos días, editores como Juan Casamayor, de Páginas de Espuma, Pepo Paz, de Bartleby, Samuel Alonso, de 451 Editores, Luis Izquierdo, de Tarahumara Libros o Ramón Alba, de Editorial Polifemo, entre otros muchos, reflexionaron  conjuntamente sobre la situación de ese “subsector” editorial, sobre las dificultades y amenazas que lo acechan y sobre sus expectativas de fututo: es decir, sobre sus sueños y sobre sus incertidumbres.

Han sido muchas las conclusiones, los compromisos, las proposiciones: en el fondo, todas ellas, a las que se puede acceder entrando en la página web de Cálamo, se resumen en dos: 1) es preciso que la sociedad reconozca, con medidas públicas de apoyo a través de las administraciones, su importante papel  en el escenario cultural; y 2) apuestan y seguirán apostando, con firmeza, por la calidad literaria, por la buena narrativa, por la buena poesía, por el ensayo riguroso y atractivo. De ambas exigencias, quisiera destacar la segunda. Hoy, las pequeñas editoriales han asumido, en buena medida, una responsabilidad pública de primer orden: apostar por la calidad, afrontar la búsqueda de nuevos talentos, de obras innovadoras, tarea que hasta no hace mucho tiempo afrontaban algunos sellos de las grandes editoriales. Las novelas de tramas vaticanas, las creaciones sustentadas en personajes históricos más o menos conocidos, las narraciones de encargo firmadas por nombres conocidos de los medios de comunicación, los géneros de terror, romántico, etc… van recortando el espacio de las obras que descansan en la investigación literaria, en la mirada crítica y en la calidad de escritura. Por eso, las pequeñas editoriales realizan una grandiosa (y heroica) labor de utilidad pública.

Muchos nos preguntamos si hoy tendrían acogida en grandes editoriales obras como el Ulises de James Joyce, El hombre sin atributos, de Musil o los cuentos de Julio Cortázar, por citar tres ejemplos emblemáticos de una literatura de conflicto. No es una pregunta baladí. Por dos razones: en el campo de la narrativa, los grandes sellos tienden a eludir la literatura conflictiva, suelen regirse, a la hora de aceptar manuscritos, en las ventas en el cortísimo plazo, en las posibilidades de comercialización de las obras a contratar. Eso es lo que sitúan en primer plano: la literatura de fondo, la apuesta por las ventas en el medio y en el largo plazo, la consolidación lenta de obras y autores parecen ser objetivos olvidados o perdidos en la noche de los tiempos.

¿Y qué ocurre en el campo de la poesía? Pues algo parecido aunque con una diferencia: en este caso, los llamados “grandes sellos” (dos o tres, no más)  tienen una fuente de ingresos considerable en los premios institucionales y en ese campo concentran la apuesta por los nuevos autores: son raras las apuestas renovadoras o la opción por la buena poesía si no hay premio de por medio o expectativas garantizadas de ventas. Por eso, las nuevas editoriales independientes, las que transitan a la intemperie, con ayudas escasas y arriesgando dinero en favor de la calidad, están aportando algunos de los nuevos nombres de poetas con más calidad, poetas, por cierto, que no tardan en ser “absorbidos”, vía premio, por los sellos más consolidados.  ¿Y qué pasa con la reivindicación y restitución de poetas olvidados con obra de alto voltaje? ¿Y con poetas maduros con solventes trayectorias? Esas son las grandes preguntas. No es difícil editar a Blas de Otero, a José Hierro, a Gil de Biedma, a García Lorca, a Juan Ramón Jiménez, a Juan Gelman, a Ángel González o a Benedetti. Ahí no hay riesgo. El riesgo está en otro lugar: en el lugar de los más innovadores editores independientes. Los que creen en la buena literatura y desafían a las incertidumbres, las que hacen posible que otros grandes poetas (jóvenes o mayores, vivos o muertos), quizá no tan conocidos, lleguen a los lectores.   Por eso, es imprescindible saludar con calor esta primera edición del encuentro “Otra mirada”. Y desear que sea el primero de muchos otros.

Dejo para otro momento la reflexión sobre el universo digital y las editoriales independientes. De ello también se habló en Zaragoza. Combinar la edición en papel con el logro de acuerdos para reducir costes a la hora de editar y comercializar en formato digital será el gran desafío. Creo…

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