Y así trotaron los almendros

Por Rocío Álvarez Albizuri

El pasado lunes 7 de marzo, en la Sala Triángulo de Madrid, Hipólito García, más conocido como “Bolo”, estrenó su última creación “Des–apego. El trotar de los almendros”. En esta ocasión, sobre un escenario y con 24 personas sobre el mismo. Una dulce armonía caótica que no dejó a nadie indiferente.
Ocho músicos, seis poetas, un artista plástico, siete actores, todos ellos jugando y bailando sobre las tablas. El espectáculo fue proporcionando todo tipo de imágenes diferentes, oportunas e incómodas, atractivas, potentes, dulces e histriónicas. Fotografías en constante movimiento que acompañaban a un mapa de sonidos inabarcable que llegaba de la mano de Arín Dodó.
Una hora y media de viaje perpetuo. Diferentes personajes, seres y objetos que se van entrelazando aleatoriamente, como aleatorio es el viento que mueve a los almendros. Bailarinas cargadas con espadas, un poeta con una lustrosa maquina de escribir, el hombre del monóculo y la chistera, “Bolo” corriendo de un lado a otro con una brocha chorreante de pintura roja… De repente todo queda en silencio, la luz cae paulatinamente hasta agotarse y poco a poco comienzan a aparecer por todo el espacio pequeñas luciérnagas rojas. Alguien grita. El resto hay que verlo.
Sólo “Bolo” podría explicar cómo, por qué y desde cuándo. Le entrevistamos y acompañamos sus palabras con el gran reportaje fotográfico de Julio Ulanga.

P- ¿Cómo trotan los almendros? ¿Hacen ruido?
R- La improvisación dicta el trote, sinfonía de los almendros, por encima del objeto-oficio. Rumor es la banda sonora de los almendros. Al lado, magia-sujeto. Los almendros son amables, cariñosos, decorativos, y al trotar forman un ejército de sentimientos totalmente descriptibles en mi puesta en escena de la obra. Terapia en las manos de la naturaleza que recojo y expongo con la humildad con la que se me solicita.
Quiero dejar constancia que este trabajo está dedicado a mi padre Hipólito García Martínez. Nadie como ÉL sabía de la magia que albergaban, albergan, albergarán los almendros.

P- ¿Este es un proyecto que se difunda y se distribuya?
R- He recogido comentarios que me han ido llegando tras la representación y han sido sorprendentemente reveladores.
Era un ejercicio de libertad en el amplio, sentido, vivido y soñado del término. Para alguno de los asistentes fue una terapia de grupo y lo vivieron como tal. ¡El elogio es tan enormemente enriquecedor!

Se ha registrado en DVD. Ahora, quiero visionarlo, contemplarlo, extraer conclusiones y ver la mejoría del espectáculo. Me gustaría seguir trabajando en temas que me interesan como el des-apego, miedo, familia, éter-ni-edad. No me parece sencilla la difusión de estos trabajos aunque me consta, por supuesto, que hay un espacio para este tipo de propuestas. No deshecho, ni mucho menos, la difusión y comercialización del proyecto.

P- ¿Hay algún hilo conductor en el caos?
¿Y en el caos de “Des-apego. El trotar de lo almendros”?
R- Fue una inducción a la anarquía, que no es caos, desorden, es otro tipo, registro el orden, en el que el azar juega su papel más incisivo, dulce, cercano. El hilo conductor es el generado en cada momento por los integrantes del grupo. Ninguno sabía lo que iba a desarrollar el de su lado. Me negué en todo momento a crear, generar un guión, pues no era preciso ni tenía nada de convencional la “obra”.
En reuniones individualizadas, así como en grupo inculqué a cada uno de los integrantes la filosofía de mi pretensión, que no era otra que navegar, exponer el tránsito transcurrido en las tres fases: apego-des-apego. El apego es el peor cáncer de la sociedad actual, a medida que conseguimos el des-apego, fluye la libertad del individuo en pro de una sociedad más justa, humana, alejada de objetivos mercantilistas.

P- ¿Qué les dijiste a todos los artistas que intervinieron justo antes de salir a escena? ¿y justo después?
R- Nada. Un beso por mejilla. ¡Abrimos puertas!

P- ¿Consideras que hay cierto público al que podría llegarle más el proyecto? ¿Quién no va a entender/comprender/disfrutar nada?
R- Lo primero, más importante es dejarse llevar. Al no haber entregado nada previo al acto hay que estar preparado para cualquier contingencia. Des-apegarse de lo visto, oído hasta ese momento y viajar. Buscar, como en cualquier film que puedas ver, un punto que te ubique en lo que está pasando y sentirte uno más. Aquí no había barrera entre público y representantes. Era un todo envolvente. Había una importante punto hacia la plástica que podía, sin duda alguna ayudar al goze, comprensión.

P- “Juegan a que no juegan a ningún juego” Frase que repetía uno de los grandes personajes de la obra.  Por lo que parece, hoy, el asunto está complicado, ¿tú cómo ves el juego?
R- No había nada de juego. Cuando transmito a cada uno que lo que deseaba era que reflejara lo que para él es el apego-des-apego todos se lo tomaron con gran seriedad, consciencia, conciencia del tema a tratar. Si cabe, el término juego toma relevancia en cómo afronta, asume cada uno su papel y los materiales que utilizó para representarlo. Una cobra de tres metros, orinal, soga, cazuela, libros, flores, vinilos, muñecas, zapatos…

P- ¿Próximo proyecto de Bolo? ¿seguir caminando y haciendo camino por Lavapiés?
R- Edición de la nueva entrega de poemarios para la colección que dirijo, Hecho en Lavapiés, organizar veladas poético-musicales. Preparación de la nueva edición de mi poemario, “El sofá de los valientes”, en la cual, y como valor añadido, incluiré doce poemas cobalto. Preparando obra plástica para próximas exposiciones: cuatro cuadros para una muestra colectiva en Fuenlabrada, dos para exponer en  Bilbao a petición del artista plástico Pablo Milicua y por último una exposición individual para el próximo año.
Compendiando relatos sobre el ambiente nocturno de Lavapiés para una antología y seguir caminando… Lentamente, 29 minutos me separan del fin del mundo.

Contacto Bolo: bolohgf@gmail.com y en facebook: Bolo García y Bolo García II.

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