“Genealogía del psicoanálisis”, Michel Henry

Por Carlos Javier González Serrano.

La editorial Síntesis publicaba el pasado año (2010) la traducción de esta imprescindible Généalogie de la psychanalyse, de Michel Henry,  obra prologada en su versión española por Miguel García-Baró. Éste explica que M. Henry fue leído por muy pocos hace más de treinta años, a la muerte prematura de Merleau-Ponty. Poco conocido, «Henry -leemos en el prólogo-, efectivamente, es uno de esos rarísimos grandes intelectuales franceses que escogen no estar en las candilejas de París». Genealogía del psicoanálisis supone “la más recomendable introducción” al universo de este francés casi inaudito en ambientes no especializados: en esta obra reconocemos un análisis crítico de Freud, trazando con gran acierto la historia del concepto de lo inconsciente (escribe el prologuista, «marcada desde su comienzo por la mala comprensión que Descartes tuvo de su propio descubrimiento capital»).

 

 

Michel Henry elabora un interesante recorrido desde Descartes, pasando por Kant, Schopenhauer, Nietzsche y Husserl, hasta arribar al propio Freud. Éste es observado por Henry como un “heredero tardío”: «el psicoanálisis no es un comienzo, sino un término, el término de una larga historia que no es nada menos que la del pensamiento de Occidente, la de su incapacidad para apoderarse de lo único que importa y, así, la de su inevitable descomposición». El autor de Genealogía del psicoanálisis mantiene que el concepto de “inconsciente” hizo aparición en la historia del pensamiento moderno a la vez que el de “conciencia”, y además, como su “exacta consecuencia”, por lo que no se hace necesario esperar hasta Freud: «es Descartes quien ha introducido el concepto de conciencia con el sentido que tiene para nosotros, no aquel de conciencia moral […]. Con Descartes -continúa Henry- el concepto de conciencia recibe la significación ontológica radical conforme a la cual designa el aparecer considerado por sí mismo, no cualquier cosa, sino el principio de toda cosa, la manifestación original en la que todo lo que es susceptible de existir adviene a la condición de fenómeno y, así, de ser para nosotros». Más adelante leeremos que para Descartes el “yo pienso” no hace en absoluto referencia al pensamiento, a la reflexión, sino que quiere decir “vida”, o lo que Descartes denomina “alma” en la segunda parte de sus Meditaciones metafísicas.

 

 

Sin embargo, el potencial de la filosofía de Descartes “se malogró” a ojos de Michel Henry (a causa de sus “intenciones científicas”), y con ello el intento de elaborar una fenomenología que fuera capaz de discernir, «en el seno mismo del puro aparecer y bajo la fenomenicidad de lo visible, una dimensión más profunda donde la vida se alcanza a sí misma antes del surgimiento del mundo». Con la llegada de Schopenhauer al panorama filosófico, la interpretación del ser como vida va a constituir definitivamente el acontecimiento crucial de la cultura moderna, «el momento en el que retorna al Comienzo y se da de nuevo la posibilidad de unirse a él», aunque el pensador de Dánzig no logrará  zafarse por completo del aparato representativo. En Nietzsche, pasando el tiempo, «el Fenómeno se apercibe sobre el Fondo de su posibilidad comenzante, sobre el “velo” […] de la Noche original que lo engendra -Dionisos-, éste, el Ser mismo, es por fin considerado como lo que es, no un inconsciente que no es completamente nada, sino al contrario: su propio pathos, la eterna e irremesible experiencia que hace de sí en el juego sin fin de su sufrimiento y su gozo».

 

 

Un libro muy recomendable para aquellos interesados en el desarrollo de la filosofía moderna y en el desenvolvimiento del psicoanálisis como una suerte de corriente culminante de aquél. «El psicoanálisis es el alma de un mundo sin alma, el espíritu de un mundo sin espíritu».

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Una respuesta a “Genealogía del psicoanálisis”, Michel Henry

  1. Los Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano y la Monadología de Leibniz ya plantean seriamente el inconsciente, pero no suele repararse en ello.

    Óscar S.
    8 abril 2011 at 14:10 pm

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