‘Notas a pie de Gaza’, de Joe Sacco.

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EL TIEMPO DE LA HISTORIA, LA HORA DE LAS TRAGEDIAS.

Por Rubén Varillas Fernández.

En una de las páginas de sus Notas a pie de Gaza, Joe Sacco comenta: “Solamente el tiempo, la Historia, los años que lo reducen todo a huesos, pueden despojar a los muertos de su privacidad y hacer que estén suficientemente presentables para ser vistos”. Sacco se está refiriendo al cadáver de un niño palestino de ocho años que acaba de ser asesinado por una bala israelí, cuando lanzaba piedras contra una posición militar, pero en realidad, tenemos la sensación de que el autor está hablando de la naturaleza de su propia obra.

En Notas a pie de Gaza, el reportero de guerra Joe Sacco decide hurgar en las heridas del pasado, decide hacer eso que tanto asusta a algunos que es remover la historia en busca de desagravios, pruebas y realidades; en busca de datos que permitan que los muertos de la Historia “estén suficientemente presentables para ser vistos”. El lugar elegido para su particular cruzada periodística es la franja de Gaza, el momento, noviembre de 1956, la fecha en la que el ejercito israelí, guiado por el general Ariel Sharon (futuro presidente de Israel), inició la invasión de Gaza, entrando a fuego y sangre en los núcleos urbanos más importantes de la Franja, Khan Younís y Rafah. El resultado fueron varias jornadas de fusilamientos masivos de civiles y de exterminio sistemático de la población masculina (centenares de hombres entre 16 y 60 años). La Historia se encargó de tapar el “suceso“. Sacco decide desenterrarlo y lo hace mediante un formato anómalo para un periodista de guerra: las viñetas. A los que ya conocían su obra precedente (Gorazde, Palestina, El mediador) no les ha extrañado tanto este brillante ejercicio de investigación periodística.

Notas a pie de Gaza es el mejor cómic de Joe Sacco hasta el momento. Lo es porque su nivel gráfico ha alcanzado unas cotas de detallismo y expresividad apabullantes. Lejos quedan los tiempos en los que se criticaba al norteamericano por la excesiva rigidez de sus personajes o por la falta de dinamismo en ciertas escenas. Los cuadros visuales que crea Sacco revelan una técnica prodigiosa y una paciencia infinita: con su manejo del entramado manual y del sombreado mediante el rayado consigue recrear tantos matices, texturas y juegos de luces como haría la mejor de las fotografías. Pero Sacco no intenta jugar en la liga del hiperrealismo o de la mímesis fotográfica, no nos equivoquemos. Sus figuras, dentro del realismo que trasmiten, conservan cierto aire caricaturesco (con una clara influencia underground) que le permite al autor aumentar la expresividad de los rostros y la gestualidad de los personajes. El empleo del dibujo en la construcción de geografías y en la recreación de escenas le permite al autor hacer uso también de otro recurso esencial: el de la reconstrucción selectiva de instantes. Porque Notas al pie de Gaza es mucho más que una construcción cronológica de secuencias históricas, es una novela gráfica que explota y aprovecha al máximo los mecanismos del medio. Un cómic que se sabe cómic y presume de ello con tantos argumentos como la mejor de las novelas, la mejor película o la mejor crónica bélica.

De este modo, las escenografías que construye Sacco están, si cabe, cargadas aún de mayor dramatismo que el que trasmiten muchas imágenes reales. No es pequeña la paradoja: en estos tiempos de saturación de la imagen, en una época en la que las televisiones, con su sobreexposición de sangre, vísceras y vergüenzas morales, han anestesiado a sus audiencias ante el dolor de la tragedia ajena, en este preciso momento, las imágenes de Joe Sacco, producto del artificio y la convención (como lo es cualquier lenguaje creado por el hombre), resultan mucho más emotivas y verosímiles que cualquier conexión televisiva de un noticiero con una zona de conflicto.

Sabemos que Sacco estuvo allí y, desde la primera página, el autor nos convence de que la suya va a ser una crónica tan objetiva como sea posible. El lector sabe que el reportero suele mostrar un posicionamiento concreto a favor de los desfavorecidos; lo sabemos porque conocemos los temas de trabajo de Sacco y porque disponemos de los antecedentes que ofrecen el resto de sus cómics. No obstante, en este cómic el autor no está dispuesto a dejar suelto el cabo de la subjetividad, o lo está menos que nunca. Sacco sabe que el valor de su tesis, el peso de su investigación y la importancia que los otros le van a dar, depende de su grado de objetividad, de la veracidad de los datos aportados. Con esta idea en mente, el reportero comienza su trabajo de minuciosa disección del drama. Como siempre, lo hace sobre el terreno, recorriendo la franja de Gaza, hablando con sus gentes.

El autor entrevista a los palestinos, pregunta a los supervivientes de aquellas jornadas fatídicas, apunta la información en sus libretas y hace al lector partícipe de todo el proceso. Una de las grandes virtudes de las obras de Joe Sacco es su transparencia: el lector no recibe únicamente los resultados de sus investigaciones, las conclusiones de su trabajo, sino que asiste a todo el proceso. En las páginas de sus cómics contemplamos la labor de campo del periodista; desde un punto de vista externo, asistimos como testigos a sus entrevistas, “escuchamos” sus elucubraciones y la forma en el que el autor “digiere” la información compilada e incluso se nos permite relajarnos asistiendo a los escasos momentos de ocio de los personajes entre pesquisa y pesquisa. El libro presenta una búsqueda, la de los hechos dramáticos que acontecieron en noviembre de 1956 en la Franja de Gaza, pero esos hechos (siendo la base de la narración), forman sólo uno de los meta relatos de la obra, son un relato dentro de otro relato mucho más amplio. En realidad, Notas al pie de Gaza es la crónica completa y detallada de cómo se hizo Notas al pie de Gaza. El relato-marco nos cuenta el día a día de Sacco y el día a día de la Gaza actual. Por eso, la segunda parte del libro está centrada sobre todo en un momento presente, la destrucción incesante de viviendas en Rafah con excusas espurias por parte de las fuerzas militares y los tanques israelíes; el drama diario de miles de personas (“¿Por qué escribe sobre 1956?”, le espeta un palestino a Sacco, “Ahora es mucho peor. Hasta lo dice mi padre”).

El autor conoce la trascripción de los hechos que ofrece la historia: la historia bien conocida del ambicioso presidente egipcio Jemal Abdel Nasser, que se mostró constantemente en los medios, y su importancia en el conflicto israelí-palestino; la intrahistoria de los intereses económicos anglo-franceses en la zona y en su posición sobre el canal de Suez; los datos que se encuentran en los archivos de la ONU en la calle 43 Este de la Ciudad de Nueva York, en el “Informe Especial del director de la Agencia de las Naciones Unidas para los refugiados de Palestina en Oriente Próximo, que cubre el periodo 1 de noviembre de 1956 – mediados de diciembre de 1956” para la Asamblea General; conoce el resultado de las posteriores negociaciones de Oslo entre los líderes israelíes y la autoridad Nacional Palestina (la OLP de Arafat), etc. (muchos de estos documentos aparecen anexados en las últimas páginas del libro).

Pero, a fin de cuentas, cualquiera puede reunir y trabajar sobre esa información. Joe Sacco decide escuchar la voz de los testigos, lo hace desde la postura recelosa del observador que se pretende objetivo e imparcial:

Acabáis de leer una serie de recuerdos personales que cuentan la historia de cómo, en Khan Younis, el 3 de noviembre de 1956, soldados israelíes consumaron grandes matanzas de palestinos. / (…) Permitidme ahora que socave los pilares en que se basa nuestra historia. No hace falta decir que los recuerdos cambian con los años, y los que aquí hemos removido son viejos de varias décadas. La memoria desdibuja los contornos: añade y sustrae.

El periodista entrevista a miembros de ambos lados, a historiadores, como el israelí Mordechai Bar-On (antiguo brazo derecho del Jefe del estado mayor de Israel en los 50, Moshe Dayan, y actual historiador), o el sanguinario Hafez, antiguo guerrillero fedayín palestino. Como hemos visto, Joe Sacco desconfía constantemente de la memoria de sus testigos, por eso contrasta continuamente declaraciones, confronta datos y fechas, renuncia a los relatos dramatizados: “Me es imposible descifrar el sentimiento de culpa y el dolor que sufre quien sobrevive donde tantos otros han sucumbido, ni explicar qué puede inducir a una persona traumatizada a evocar la muerte de un hermano, no estando aquella allí, suponiendo que así fuera.

Acabamos de señalar que Joe Sacco busca la objetividad de la información constatable, sobre todas las cosas, y que se pretende imparcial. El lector podría dudar de este punto conociendo la afinidad de Sacco hacia el pueblo palestino y sabiendo los muchos amigos que allí tiene. Estos hechos magnifican el mérito de su investigación. El periodista evita afinidades y consideraciones apriorísticas: sus reacciones dependen exclusivamente del proceso de su investigación.

Otra cosa es el Joe Sacco persona. En algunos momentos de la narración, básicamente en esos en los que aparece el Sacco ser humano (en detrimento del periodista objetivo), el autor muestra franca hostilidad hacia algunos personajes que le complican la vida. La plasmación de esos momentos incómodos (la incomodidad de ser persona y cometer errores) supone un ejercicio de honestidad narrativa que dota al resto del relato de mayor veracidad: Joe Sacco no esconde ni sus propios momentos de flaqueza, ni siquiera intenta parecer simpático o ecuánime ante el lector, tan sólo intenta relatar las cosas como suceden o sucedieron, aunque de dicho ejercicio sea el mismo el que salga mal parado. Casi nunca oculta su antipatía ante Hafez el fedayín, por ejemplo; ni oculta las dudas que le surgen ante un personaje como Khaled, ¿héroe palestino? ¿terrorista, como señala el gobierno israelí? ¿negociador sin esperanza? ¿combatiente moderado? En un momento de estrés, durante el derrumbe de viviendas en Rafah por parte de los bulldozers israelíes, un grupo de adolescentes palestinos hostigan a Sacco, se pavonean amenazantes ante él y ponen en riesgo la vida de algunos de los presentes; su pensamiento íntimo, expuesto ante el lector: “Si uno de estos mierdecillas se lleva un tiro hoy, me va a costar mucho mostrar aflicción.

Estamos ante un cómic honesto y lleno de verdad. El trabajo de un hombre que no ha regateado esfuerzos, momentos de crisis (estuvo a punto de abandonar el proyecto a mitad de trabajo) y dificultades económicas con el fin de llevar un único objetivo a buen puerto: rescatar la Historia.

‘Notas a pie de Gaza’, de Joes Sacco, Random House Mondadori, 2010, Cartoné, 432 pp., b/n.

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