Orgasmos low cost

 

Por Recaredo Veredas.

 

La primera vez que vi el anuncio tuve una cierta sensación de irrealidad. Seguro que la conocen: de repente parece que los sueños han irrumpido en la vida y han instaurado su lógica quebrada. Sin embargo, la irrealidad está ya muy desgastada y soporta mal el paso de los días. Ni siquiera una invasión extraterrestre causaría más de dos días de asombro. Al tercero  criticaríamos que los marcianos se colaran en el autobús. Pero esta vez la sensación no se desvaneció con la habitual rapidez. Porque, aunque sepa que todo es posible y, sobre todo, asumible, no pude evitar un choque frontal con las consignas grabadas a fuego por los Frailes Mercedarios en mi subconsciente. Pese a tan ingente obstáculo todas las piedras, incluso las más duras, acaban digiriéndose y, a día de hoy, Victoria Milan forma parte de mi vida con la misma cotidianeidad que la panadería.

 

Vayamos al origen: Victoria Milan es una página web centrada en las relaciones personales cuya diferencia con el resto es su atención exclusiva a usuarios con pareja. Ayuda a casadas* que, aburridas tras lustros o décadas de convivencia con el mismo rostro, buscan, casi anhelan, que un arrebatador extraño les devuelva la incertidumbre de la pasión. Pero sin pasarse: la usuaria modelo no quiere finiquitar su relación y afrontar el posible odio de los hijos y el desconcierto de las amistades. Es decir, Victoria Milán es un negocio cuyo propósito es la difusión y la exaltación de un adulterio discreto, ajeno al drama. El affaire, tal y como indica la web con diáfana claridad, puede ser digital-masturbatorio o real como la vida misma. Es decir, los más recatados pueden pulsar veinte veces la letra A sin otro riesgo que el ridículo de un ordenador mal apagado.

 

 

El atrevimiento de Victoria Milan también afecta a la narrativa. Porque el adulterio es, como no se le escapa a nadie, uno de los temas centrales de la literatura universal. Hasta nuestro siglo, su narración solía incluir el suicidio o la degradación social de la adúltera. Así les ocurre a las perversas francesas Emma Bovary o Cecile de Volanges. El siglo XXI, al que pertenece Victoria Milan con pleno derecho,  está derribando las barreras monoteístas, suprimiendo el aura moralizante de la infidelidad, que ahora resulta incluso recomendable para el cutis.  Aún resta bastante camino por recorrer: el adulterio físico sigue precisando justificaciones más o menos laboriosas, pero la infidelidad digital está casi normalizada. Regala orgasmos low cost con una culpa mínima, comparable a la que causa el robo de unas gominolas o a colarse en el metro.

 

*Utilizo el femenino porque la publicidad, tal y como pueden comprobar en la foto, está claramente dirigida a ellas. El interés de ellos, como el fervor de los gorrinos por las bellotas, se da por descontado.

 

**Ayer mismo, en un alarde de periodismo gonzo, tan peligroso como el viaje de Hunter S. Thompson con los Ángeles del Infierno, me di de alta en la susodicha web. Hallé fotos de un montón de señoras de muy limitado atractivo. No tanto por las señoras, que a buen seguro serán estupendas en su realidad corpórea, sino por la nefasta calidad de las imágenes.  Si uno quiere ligar por internet debe prepararse a conciencia para ello. No promuevo la contratación de Mario Testino, pero sí la publicación de unas fotos en las que el demandante salga mínimamente favorecido. Además, por lo que vi, no exigían comprobación alguna del estado civil del usuario, ni siquiera de su sexo. Es decir, Victoria Milan no se diferencia en nada de la típica web de ligoteo, llena de empleados de banca, taxistas, editores, críticos literarios o desempleados que, mientras su mujer dormita en el sofá, afirman que se llaman Sheila y acaban de estrenar mayoría de edad.

 

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