“Los genes australes”, serie de poemas de Isabel Pérez Montalbán

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LOS GENES AUSTRALES
Isabel Pérez Montalbán

I
Se nace con un ácido interior,
un ADN carcelario,
una larva o factor determinante
de colores y razas:
rubio o castaño el pelo,
roja o azul la sangre,
la piel casi mestiza, verde el iris,
marron glacé la vida,
gris acero la vida,
blanco roto la vida.

Lo innato es eso. El color y el pan,
la dirección, la brújula.
Lo natal son los túneles,
fuego y luz ulterior.
La oscuridad sucesiva. Lo negro.
Corre en las venas un paisaje.
El norte. El sur vital y geográfico
del mundo y sus monedas.

II

Yo tuve un gen de cal y siesta,
un patio con helechos,
un barrio en las afueras, dos familias,
un testamento de guerra civil.
Porque se heredan la sangre y los muertos,
se hereda lo amarillo.

Mi paisaje primero es un eclipse.
Córdoba como un puzzle,
la tumba de su río bajo el Puente Romano
–el peligro del puente–,
las calles sin horizonte de Córdoba
–la adolescencia mala sin plano ni horizonte–,
siempre el agua estancada de los árabes,
siempre el miedo al calor en las noches de agosto.
Y siempre la distancia y el exilio.


III

Navegar no es sinónimo de hundirse,
pero a veces los barcos se sumergen.
Me hice a la mar. Málaga es sólo mar,
un mar de azul profundo,
una marina en óleo sobre lienzo,
la costa de un turismo pobre
que llega al rompeolas de una ciudad fenicia.

Después, los territorios extranjeros.
Recuerdo el metro musical
de aquel Madrid en hora punta,
Lisboa ardiendo cuesta arriba,
los portugueses negros hablando con su acento
expulsado de la colonia.
Barcelona parece un Miró en blanco y negro.
Y Galicia es un barco en la tormenta,
bruma verde en la ría,
el catecismo de la lluvia,
el agua religiosa, el opio líquido
confundiéndose con el llanto.

Todo se ha perdido en el tiempo
como lágrimas en la lluvia,
y no vale ni dura más
que la vida de un replicante.


IV

Si me muevo, y vaya donde vaya,
siempre me bajo un poco más al sur,
me salgo de los límites correctos.
Porque tengo la brújula anímica
dañada de fiebre meridional.
Y la dirección rota y los genes australes.
Tengo africana
la rosa de los vientos.

Me tira el ser humano,
me quema el sur proletario y silvestre,
el grito de los desaparecidos,
la mano esclava de un niño explotado,
los ojos siervos de algún inocente,
la piel negra del Harlem
y la escoba del apartheid.

Me tiro y me sumerjo
en el sur rojo y amniótico de la sangre,
en los temblores de las fallas sísmicas,
en la pulposa humedad caribeña
y en la fábrica asiática de todo a cien.


V

El sur también existe, que dice Benedetti.
No sé si existo, pero si existo soy el sur.
Pienso, luego sur.
Estoy al sur de todo,
a la izquierda del norte judicial y becario,
de la caridad solidaria,
de la nieve que viaja en limusina,
del imperio nipón-germánico,
a la izquierda del verde cantábrico y bursátil.
Y sin botines.

No es verdad que están llenos los hoteles.
Al auténtico sur no llega nadie
ni se viene de vacaciones.
El sur no se visita.
El sur se lleva dentro como un órgano
y no tiene fronteras ni aeropuertos,
pues se expande como un big bang
y es un incendio inextinguible.

VI

Toda revolución pasa en el sur,
aunque tome un palacio de invierno en pleno octubre.
Todas las bombas caen en el sur,
aunque exploten en Serbia.
Porque el sur no es un punto cardinal,
sino un planeta viejo, quemado por el sol.
Y están en él los insurrectos todos,
con su astillero regulado y su aceite de oliva
de un grado de acidez –cada día más caro–,
cada niño con su patera,
con su coche italiano cada adulto,
y cada amor con su mentira
de perfume francés.


VII

El sureño es un hombre que por ejemplo va
al Banco Santander Central Hispano,
y cambia su salario anual, su ahorro,
y se da cuenta de que mil sudores
son tres euros y un dólar
con siete céntimos de yen.
Un hombre antártico no hace un crucero
por los fiordos noruegos porque
se le congela el sistema arterial.


VIII

El Inserso programa viajes y balnearios,
baños para la artrosis,
playas para la edad del pensionista,
mapas y rutas al centro-derecha
y tarjetas doradas con bastante descuento.
Porque la arruga es bella en fin de siglo.
Pero los pasajeros del Inserso no llegan
a fin de mes con la receta.
Sus hijos los asilan
por turnos en sus casas adosadas,
y los emplean de niñeros.
Una cierta economía doméstica,
un sistema de XXV años de paz.

IX

Es agrio el sur. Y tiene sabores a salitre
y a fresas inmaduras, pero es mío.
Indigna consultar los mapas
y hallarse siempre abajo.
Desconcierta nacer,
ir dejando los días al torrente imprevisto,
acostumbrarse al caos.

Y es que nunca se sabe.
Hay quien sale de un vientre
y acaba en una mina antipersonal.

Isabel Pérez Montalbán (Córdoba, 1964) reside en Málaga desde 1981. Ha estudiado Magisterio y Ciencias de la Información. Ha publicado los poemarios y cuadernillos de poesía: No es precisa la muerte, Ayto. de Málaga, 1992, Puente levadizo, Barcarola, Diputación Provincial de Albacete, 1996, Fuegos japoneses en la bahía, Miguel Gómez Ediciones, Málaga, 1996, Cartas de amor de un comunista, Germanía, Hoja por Ojo, Valencia, 1999, Los muertos nómadas, Diputación Provincial del Soria, 2001, De la nieve embrionaria, Casa del Inca, Ayto. de Montilla, Córdoba, 2002, El frío proletario, Litoral, El Agua en la Boca, Málaga, 2002, La autonomía térmica de los pingüinos, Poesía Circulante 41, Málaga, 2005, Siberia propia, Bartleby Editores, Madrid, 2007, Animal ma non troppo, Crecida, Huelva, 2009, Un cadáver lleno de mundo, Hiperión, 2010.

Asimismo ha participado en un buen número de antologías, entre las que destacan Feroces. Radicales, marginales y heterodoxos en la última poesía española. DVD, Barcelona, 1998; Poesía y conciencia. Voces del extremo, Fundación Juan Ramón Jiménez, Moguer, Huelva, 2000; Una mano tomó la otra, Comunidad de Madrid. 2002; 11-M: Poemas contra el olvido. Bartleby Editores, Madrid, 2004; Con voz propia. Estudio y antología comentada de la poesía escrita por mujeres (1970-2005), de María Rosal. Renacimiento, Sevilla, 2006; Once poetas críticos en la poesía española reciente, Enrique Falcón, coord., Ediciones Baile del Sol, Tenerife, 2007 o 23 Pandoras, Baile del Sol, Tenerife, 2009.

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Una respuesta a “Los genes australes”, serie de poemas de Isabel Pérez Montalbán

  1. Estimada isabel…. soy Anacarmen Roldán , jefa del departamento de actividades extraescolares del IEs Francisco de los Ríos de Fernán Núñez ( Córdoba)… me gustarái hacer una “proposición muy indecente” , didáctica, claro…ponte enc ontacto conmigo en el siguiente correo anncarmen72@hotmail.com. Estuve hablando sobre ti con Lola Lesmes, que me recomendó que me pusiera en contacto contigo para invitarte a realizar una actividad con nosotros…. un besito

    ANA CARMEN ROLDÁN
    15 septiembre 2011 at 14:01 pm

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