No te signifiques (29)

Por Jorge Díaz.

 

Tal como están los tiempos, casi mejor no meterse en líos y hablar de literatura. Lo demás es terreno de minas.

 

Me decía el otro día un amigo escritor que, ya que era tarde para que fuéramos jóvenes y poderosos, lo mejor que podíamos hacer era convertirnos en ricos y famosos.

 

–          ¿Esas son tus charlas con los amigos?

 

–          No, somos intelectuales, justo antes habíamos estado hablando de si Neymar le conviene al Madrid o es un nuevo Robinho. Yo creo que sí, que debe venir, él que no. A la gente le ha dado por decir que es maleducado… Pues perfecto, éste es su país.

 

¿Jóvenes y poderosos, ricos y famosos o satisfechos y reconocidos? Como si se pudiera escoger. O las mezclas de todo lo anterior con sus respectivos antónimos: viejos y pobres, insatisfechos y desconocidos, débiles y denostados…

 

¿Hablábamos de literatura? Creo recordar que sí. Es que nos gusta crear frases y generaciones y enseguida perdemos el hilo de la conversación.

 

Y quería seguir hablando de literatura. Les debo reseñas de sus novelas a varios amigos y nunca encuentro tiempo para escribirlas. Así que me vais a permitir que hoy me aproveche.

 

–          ¿Vas a convertir esto en un espacio publicitario?

 

–          No, en un homenaje. Entiéndeme, no quiero hablar del camping de Sol, del acoso a un ciudadano llamado Ruiz en su domicilio, o de la utilización de imágenes de disturbios griegos en Telemadrid.

 

–          Esto último por repartir para todos lados.

 

–          Antes creía que los inmorales nos habían igualado, ahora creo que nos pasan por la derecha y por la izquierda.

 

Bueno, hablo de los amigos a los que les debo reseña, que yo he venido a hablar de sus libros.

 

–          ¿Hay una frase más manida que esa?

 

–          Quizá la de la madre de todas las X, pero sólo quizá. Ah, sí, la de la crónica de una X anunciada. Ésas ya sólo las pueden usar los periodistas deportivos.

 

–          ¿Estás diciendo que hablan mal?

 

–          No… Son académicos.

 

A Marina Fernández Bielsa, que ha escrito una novela que se llama “Los patos de Central Park” y es estupenda, con una de las mejores frases que he leído últimamente: “Qué le voy a hacer si yo nací en Madrid y no en el Mediterráneo. Mi niñez no juega en una playa, ni siquiera en una acera, sino en un patio de colegio y en los jardines del Retiro”.  Una novela llena de recuerdos generacionales: canciones, series de televisión, libros… Y me sorprende tener una docena de años más que ella y reconocerlos todos: Verano Azul, y si esta noche quieres ir a bailar vete poniendo el disfraz de pecadora…, Tokio ya no nos quiere… O cambiamos poco o ella los ha escogido tan bien que da igual la edad que tengas para identificarte y entender su historia.

 

Le debo también reseña a Javier Lorenzo, que acaba de publicar “El error azul”, del que también saco una frase, la primera: “Ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez”, que me gusta mucho pero que creo que es falsa, sí que es culpable. Javier escribe una novela ambientada antes, durante y después de la guerra civil que no habla de la guerra sino del amor, la posesión, el odio, la venganza… Como debe ser.

 

Hace tiempo ya, tanto que me avergüenza, le debo otra a María Zaragoza por “Dicen que estás muerta”. Creo que María va a ser una de las mejores escritoras de este país. Y si no, al tiempo, acepto apuestas. El otro día le escuché contar de dónde nació su novela y lo entendí todo, incluso algunas cosas que se me habían pasado por alto al leerla. ¿Cómo se teje la verdad sobre la noticia de un asesinato? Datos confirmados, otros que no lo están, visiones sesgadas, exageraciones, rumores aceptados… Entre todos se forma la verdadera historia que, en ocasiones, no tiene nada de real.

 

También le debo a Vanesa Montfort por “Mitología de Nueva York”, le dije hace tiempo que tenía que decidir si me había gustado o no antes de escribirla. Me decidí en seguida, me gustó, lo que pasa es que soy vago para escribir. No era la novela que me esperaba, yo estaba influenciado por el aspecto dulce de Vanesa y por el mapa de la guarda del libro: lugares míticos de Nueva York aparecidos en películas famosas. Esperaba una novela amable, evocadora, sentimental… Me encontré con una novela dura sobre policías, mafias del juego, asesinatos, muertes jugadas a las cartas… Creo que era una novela bastante mejor que la que me esperaba.

 

Tengo otras por ahí para leer. Cuando las lea diré algo. Y algún día me atreveré a decir las malas, que las hay.

 

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