Entrevista a Luis Antonio González Pérez

Por Victoria Albalá

Entrevista a Luis Antonio González Pérez con motivo de la publicación de su poemario

“Somos materia desechable”


 


El poeta Luis Antonio González Pérez (Telde, Gran Canaria, 1983) cumple en el presente 2011 una década desde que publicara su primer poemario doble ¿Me Escuchas? / Sabiendo que me pudo el amar. Mucho ha llovido desde entonces, y aquel adolescente que comenzaba en la poesía con unos sentidos versos de desamor, hoy cuenta en su haber con casi una decena de publicaciones, además de haber sido recogido en diversas antologías, y nos presenta su nuevo trabajo Somos materia desechable, con el que repite con la prestigiosa firma Ediciones Vitruvio.

Lo primero que nos llama la atención es el título ¿A qué se debe esa afirmación tan descorazonadora?

Conversando con el poeta Miguel Ángel Curiel, a quien dedico esa parte del poemario, sobre la fútil de las relaciones tanto sentimentales como personales de estos tiempos en que todo parece obligar a esperar beneficios rápidos de la otra persona (amigo, pareja, amante, etc.) el me dijo “Luis Antonio, no te das cuenta que el mundo está demasiado acostumbrado a consumir personas”. Esa frase me dejó varias noches en vela, pensando. De ahí nace esa parte del poemario que da nombre a todo el libro.

Por lo que comenta, el libro está compuesto de varias partes. ¿Qué podemos encontrar en este nuevo poemario?

El poemario comprende lo escrito entre enero y junio de 2011 aproximadamente. Una primera parte, Contra el tiempo, son poemas escritos con fondo de jazz y degustando una shisha, por lo que tiene un ritmo sereno, más equilibrado, donde la soledad, la oscuridad y la ausencia tienen mucho peso. Luego viene Somos materia desechable, donde reflexiono sobre esa afirmación que antes comentaba, y juega con fuerza el cuestionamiento vital, la desesperanza y la ciudad. Grito, azul, y el viento me devuelve, gris, cierra el poemario con un eco más rotundo, con muchísima sonoridad, violento quizás, escrito frente a un espejo, lo que lo hace pleno de sufrimiento y deconstrucción personal.

¿Hablamos entonces de un poemario que hiere escribirlo y posiblemente leerlo?

No voy a negar que es un poemario que nace de la sombra uno mismo, que pisamos sin meditar sobre ella. Esas páginas están cargadas de preguntas lanzadas a las pupilas de quien lee, porque antes se me clavaron en el reflejo del espejo al mirarme. Escribir siempre resulta una mezcla entre placer y exorcismo, una supervivencia a uno mismo salvado por las páginas completadas con versos  espacios que también cuentan mucho.

¿Qué queda de la obra anterior en este libro y que hay de nuevo en esta publicación?

Seguramente si hay algún lector que conozca mi obra anterior puede reconocerme en estos versos. En el fondo el poeta vuelva siempre los mismos miedos, los fantasmas que lo acompañan, sólo que intentan presentarlos de una forma distinta, enriquecerlos, darles otra óptica.

¿Crees que puede ser útil leerlo?

No hace mucho leía una entrevista que le hacían a Luis Alberto de Cuenca en la que le preguntaban sobre la utilidad de la poesía. Él decía, haciendo referencia a algún poeta clásico, que la poesía debía ser por base inútil. A pesar de eso yo creo en la utilidad de la poesía: la social porque hace reflexionar sobre las necesidades de cambio de un entorno; la poesía íntima porque obliga al lector a cuestionarse su propia existencia, sus sentimientos, su forma de ver el mundo o su propia vida.

Diez años publicando y con diversas firmas. Ahora repite con Ediciones Vitruvio. ¿Es fácil publicar poesía?

Para todos no resulta igual de sencillo. Yo he tenido una suerte especial. He publicado con varias editoriales (Anroart Ediciones, Huerga y Fierro, Ediciones Qneras, Ediciones Vitruvio). Creo que un buen editor debe ser además un gran lector y un enamorado de la poesía. A un editor no le mueve especialmente el dinero, ya que la poesía no es que sea muy beneficiosa para ninguno. Guardo buena relación con todos, y tengo proyectos con la mayoría en un futuro. Creo que ha primado mucho la ilusión, el esfuerzo y una relación de camaradería y confianza, que también ayuda.

Aunque creo que has respondido a la pregunta, ¿se puede vivir de la poesía?

Un poeta, como cualquier artista, vive de su creación. Ciertamente lo que resulta casi imposible es sobrevivir, alimentarse y pagar el alquiler, de la poesía. Para eso hay que meterse en un juego que hoy por hoy no me interesa: talleres, colaboraciones en medios, etc. Me gusta hacer lo que hago y hacerlo por placer. No depender de ello para subsistir, para no terminar ejecutando arte por euros, creación al peso, que podríamos decir. Pero sin duda respeto y admiro a quien lo consigue.

Es una pregunta algo manida pero ¿el poeta nace o se hace?

Puede que sea una pregunta manida, pero es igualmente difícil de responder. Creo que el poeta, o por lo menos en mi caso, nace y sufre un proceso de formación. Evidentemente la sensibilidad o la forma de ver el mundo es algo que se genera desde muy temprana edad. Yo me recuerdo haciendo rimas con siete u ocho años. Algunas incluso las recuerdo. Por supuesto eso no asegura nada, a partir de ahí hay mucho trabajo de estudio, muchísima lectura, un sacrificio importante de crear y saber tirar a la basura, de desechar hasta quedarte con la materia que eres, con lo que te define y con lo que crees que quieres proyectar. Es un proceso de ensayo y error también. Pero sigo sin poder responder bien a esta pregunta que tantas veces nos hacen a los poetas.


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