Entrevista a Javier Lorenzo: “El error azul”

Por Benito Garrido

Fotografías por Pablo Álvarez

 

 

 

 

Ninguna mujer es culpable de que la amen dos hombres a la vez.”

 

 

 

A propósito de su nueva novela El error azul (Editorial Planeta, 2011) hemos entrevistado al escritor madrileño Javier Lorenzo.

 

Escritor y periodista, Javier Lorenzo (Madrid, 1960) ha trabajado para medios como la Cadena Ser o El Mundo, además de realizar guiones para televisión. Casado, y con dos hijos, dice escribir desde que tiene uso de razón, incluso que aprendió a leer antes que a hablar.  En el año 2.000, al llegar a los cuarenta, decidió abrirse camino en el mundo literario. Empezó trabajando la novela histórica, lo que ha dado como resultado dos títulos: “El último soldurio” y su continuación “Las guardianas del tabú”, muy bien acogidas ambas por crítica y público. Con este su nuevo libro abandona el género histórico para adentrarse de lleno en el terreno estrictamente literario.

 

“El error azul” es la historia de dos hombres enfrentados no solo por una guerra que les separa ideológicamente, sino también por el amor de una mujer atractiva, sensata, diferente. Es la historia de una traición, la que sufre Amelia al decantarse por el hombre idealista y ateo que milita en el bando perdedor. Es la historia de Martín, el inconformista que humillado por la guerra tiene que vivir escondido como un topo en un pequeño refugio tras el aparador. Es la historia de Alberto, el cruel militar de carrera que tras la guerra tiene tanto que ofrecerle a ella. Es la historia de intriga que rodea al “error azul”, un sello único que conmueve por su belleza y valor. En definitiva, es una historia de impulsos y emociones, las de esos personajes que luchan por la vida, por la dignidad y por esos sentimientos que terminan redimiendo al ser humano.

 

 

 

P.- Te hago embarcado en una tarea de promoción ardua. Así que lo primero que quiero es agradecer tu tiempo, pero sobre todo, agradecerte que hayas escrito una novela tan maravillosa como esta.  Una novela que en mi opinión, como todas las cosas buenas, se vende sola. El boca-oreja seguro que hace el resto. Enhorabuena.

Muchas gracias. Si algo tengo claro es que no quiero escribir libros que se caigan de las manos. Mi único propósito es hacer las cosas bien, cosas que no solo lleguen al público de ahora, sino también al de después. Busco la verdad de la literatura, la calidad, la emoción, el trabajo de arquitectura, que todo confluya para hacer una obra que perdure en el tiempo. Y aunque no lo parezca, lo digo con la máxima humildad.

 

P.- ¿Tu libro es más una historia de amor y traición, o una novela de la guerra civil?

Es una novela difícil de definir. Es sencillamente una novela. Si estuviera obligado a escoger una definición, yo diría que es una novela de intriga, pero también de personajes. Y es una novela de sentimientos y de reacciones:  me interesa mucho la dignidad de Amelia, o la rendición en vida de Martín, incluso el espíritu retorcido de Alberto. Me interesan las reacciones ante esas personas, los matices que perfilan y definen a un personaje.

 

P.- Es una novela intensa, de frases contundentes y personajes profundos llevados al extremo. ¿Solo en un ambiente de guerra como el que cuentas, pueden surgir personalidades y sentimientos tan marcados como estos?

Sí, quizás se requieran situaciones extremas. En una sociedad como la actual no podrían darse. Fuera de lugar, de contexto, incluso podrían llegar a ser ridículos. Es imprescindible que los seres humanos se vean obligados a dar una respuesta ante la situación que viven. Hoy en día, el hombre vive sin necesidad de tener que responder a nada.

 

P.- El título “El error azul” viene dado por el famoso sello.  Pero también podríamos asociarlo a la camisa azul que siempre lleva Alberto como signo de superioridad ante todos, de victoria, de poder. ¿Qué surgió primero en tu novela, la trama del sello o la del triangulo amoroso marcado por la contienda?

Lo primero que me surgió fue la trama del triángulo amoroso. Luego me vino la idea del topo, y por tanto, de llevar la acción a la guerra civil. Y de ahí surgió el personaje perseguidor, el teniente Recuero, y Amelia en el centro. La trama del sello surge cuando busco darle un contrapunto sensible, de sofisticación, de elegancia al teniente Alberto Recuero, y así evitar convertirle en un canalla puro y duro. La filatelia se me apareció como ese arte contemplativo para pacientes y meticulosos amantes de la belleza. Y el hecho de convertir las mismas pinzas con las que se sujeta delicadamente un sello, en un arma de tortura, me facilitaba el contraste perfecto que busco en una novela. Además, el nombre del sello “error azul”, cuadraba perfectamente con la historia.

 

P.- Alberto como bien dices no podía ser una más infame y canalla. Martín no podía ser más idealista y apasionado.  Está claro hacia quien se va a decantar el lector, ¿no?

Es lógico. Uno se decanta hacia Martín desde el primer momento. Con un trasfondo como el de la guerra civil en el que es tan fácil marcar buenos y malos, no quería ser maniqueo ni sectario. Solo quería mostrar dos personas: una buena por naturaleza, y otra mala por naturaleza. El que es bien nacido lo será toda su vida, y el que es mal nacido lo será hasta que se muera. De ahí que esas naturalezas se vayan manifestando desde los primeros momentos de la infancia, no tiene nada que ver ni la política, ni ninguna ideología.

 

P.- Los tres personajes protagonistas configuran un triángulo amoroso de extremos: los dos hombres con ideologías políticas claramente enfrentadas, y en el vértice central, Amelia. ¿Qué representa ella en la historia?

Ella es el sentido común, la sensatez, es la dignidad, la lucha por la integridad. No manifiesta ideas políticas. A ella le hubiera venido bien, por seguir las ideas familiares, haberse casado con el hijo del alcalde, pero se da cuenta de que es un sinvergüenza y un miserable, mientras que Martín es buena gente, le cae bien, le gusta. Ella entonces actúa en consonancia con eso, representa la coherencia.

 

P.- Los personajes secundarios no dejan de tener tanta fuerza como los protagonistas: la abuela Generosa o el tío Nicolás, mister Warrington o el sargento Honrubia. ¿Es una capacidad natural que tienes para dibujar personas que no dejan indiferente?

A mí particularmente me encantan estos secundarios. Sí, creo que tengo esa capacidad que comentas. Ya me pasó también en mis anteriores novelas: los personajes llegan a calar en el lector. Las características básicas del personaje pueden ser siempre las mismas.  Desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo, todos sus anhelos, sus miedos, son siempre los mismos, lo único que cambia son las circunstancias, y el saber contar las historias para que parezcan distintas.

 

P.- “No hay nada más peligroso que el frenesí. No matan los hombres, ni tampoco mata el plomo de las balas o el acero de las navajas. Lo que de verdad mata, es el frenesí”. ¿Ese frenesí fue el que marcó esta guerra tan terrible?

Sí, fue ese frenesí, la incapacidad para ponerse en lugar del otro, la incapacidad para la empatía. ¿Conoces algún español que en una simple conversación se le haya hecho cambiar de opinión? Aunque se le convenza de que no tiene razón, él seguirá disintiendo y manteniendo su versión.  Pues bien, ese es el frenesí.  Por eso el tío Nicolás (es el personaje con el que me siento más identificado) tiene mucha conciencia cuando dice: “el único riesgo que no puede arrostrar un español es el de que se le convenza”.

 

P.- Tu novela es angustiosa, sirva como ejemplo la vida del topo rodeada de miedo y hambre. ¿Se pierde la dignidad o simplemente se vive por instinto?

La dignidad no la dan las condiciones materiales, la dan las condiciones espirituales de cada uno. Puedes estar siendo castigado, torturado, puedes vivir en una situación extrema… Y puedes seguir manteniendo una dignidad inviolable, porque eso es algo que es patrimonio del alma. Pero el alma solo es del hombre.

 

 

P.- Se trata de un libro perfectamente documentado a nivel histórico (Teruel-Madrid), incluso a nivel de costumbres de la época. Un trabajo minucioso y concienzudo. ¿Es importante el rigor en una novela?

Sí que es importante. Se trata de un importante trabajo el de documentación, luego hay cosas que usas y otras que no, algunas incluso te pueden dar para un capítulo entero. La mejor novela es la que aúna realidad y fantasía, pero en una unión tan completa, que el lector no sabría distinguir con exactitud qué de realidad tiene la ficción, y qué de fantástico hay en lo real. Es la realidad lo que hace que la ficción se sostenga.

Aquí en mi libro, por ejemplo, todos los personajes de Falange que aparecen son nombres auténticos, y ejercieron incluso esos cargos.  Salvo el triángulo principal de la obra, todos los demás personajes están basados en personas reales.

 

P.- Novela de amores y odios, de emociones puras sin llegar al melodrama. Todo parece estar en su sitio y perfectamente medido a la hora de ser contado para que sea así.  ¿Tienes bien estudiado lo que quieres contar antes de comenzar a escribir?

Nunca se llega al melodrama. Es emoción auténtica. Odio el melodrama. Sin embargo, adoro la tragicomedia, me parece soberbia.

Siempre parto de una estructura previa bien trabajada, para luego darte cuenta que todo se va a hacer puñetas. Cuando me estoy documentando, encuentro cosas que me aportan ideas. Ideas que yo marco como algo especial para desarrollar posteriormente una escena o un capítulo. Pero luego está también la pura intuición, la espontaneidad que te hace cambiar algo que ya tenías previsto.  Lo importante en estos casos es el ritmo, una novela es como una sinfonía. Cuando me pongo a escribir, lo primero que hago es escuchar lo escrito el día anterior. Para después, empezar a escribir siguiendo con el mismo ritmo que tenía ya la historia. Cómo escritor voy viviendo en una continua sinfonía, dónde subo o bajo el ritmo en función de lo que quiero contar y la forma de la escritura.

 

P.- Memoria histórica: es algo que quizás reclamas en tus libros. ¿La sociedad actual, la juventud actual, está dejándola a un lado?

Lamentablemente sí.  Es lo de siempre: “el país que no conoce su historia, está condenado a repetirla”. Estamos formando masas sin criterio. El simple hecho de leer parece que es el vicio de unos cuantos degenerados, y sin embargo, es lo que nos da criterio.  Es lo que nos hace seres humanos, lo que en un determinado momento nos permite decir no, es lo que nos da dignidad.

 

P.- De novela histórica a literatura pura y dura. ¿Es algo buscado a propósito?

Son las ideas que me surgen, y que del mismo modo me traicionan. En este caso, no he tenido más remedio que enfrentarme a un paisaje diferente, el cual me permitía unas licencias que no me daba la novela histórica. Aquí he podido explayarme más literariamente y recrearme más como escritor.

 

P.- ¿Cómo y cuando surge en Javier Lorenzo la idea de escribir, de hacer literatura?

Yo nací un 23 de junio de 1960, pues creo (entre risas) que fue en agosto del 64. Desde siempre me recuerdo llenando cuartillas. Mi madre dice que empecé antes a leer que a hablar.

Siempre escribí, lo que pasa es que yo no tenía demasiada confianza en mí mismo. Y por otro lado, también tenía que buscarme los garbanzos.  Así que entré en el periodismo, un mundo apasionante que me permitía hacer todo esto. De hecho yo me sigo sintiendo periodista y sigo haciendo periodismo. Pero me faltaba quizás un punto más, así que en el año 2.000, cuando cumplía 40 años me asaltó la idea de “El último soldurio” y me planteé que tenía que ponerme a prueba. Son momentos en los que dices: me la juego. Si además creo que lo estoy haciendo bien, tengo que arriesgarme.  Si hubiera visto que esa historia era mediocre, seguramente no me hubiera lanzado, pues en aquel momento no tenía ni editorial. Como decía Platón: “ el hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre”. Ese fue el proceso y aquí estoy.

 

P.- ¿Esperas con este libro tener la misma acogida que ya tuvieron tus anteriores novelas históricas?

Espero que más. En el caso de la novela histórica existe un grupo de lectores que la rechaza ya de por sí directamente. Con “El error azul” nos encontramos una novela cercana en el tiempo, de personajes totalmente reconocibles, y de situaciones y paisajes que siguen estando ahí.

 

P.- Yo suelo hacer siempre una pregunta que puede ser de catálogo, pero que a mí me gusta: ¿Qué influencias has tenido en tu escritura?

Muchas. Debo mucho al realismo mágico, que me apasiona y siempre he recomendado. Me encanta Camilo J. Cela y sobre todo su “Viaje a la Alcarria”, Valle-Inclán, Cunqueiro. Otro que me influyó mucho fue Rudyard Kipling, así como todo este tipo de literatura oriental que abusa del conjuntivo. Y no quiero olvidarme de Naguib Mahfuz.

También he leído mucho teatro, sobre todo clásico: Lope, Calderón, Tirso. Y los escritores rusos como Gorki, Tolstoi o Dostoievski.

 

P.- Como hombre inquieto que eres, te supongo ya trabajando en algo nuevo. ¿Es así?

Sí, llevo un año investigando, y ya tengo otra historia por contar.  Se trata de una mezcla temporal con doble polémica, pero prefiero no avanzar más del asunto.

 

 

Nos despedimos del autor con la promesa de otra entrevista cuando salga esa nueva novela, que esperamos llegue a los mismos niveles de calidad y contundencia literarias que con “El error azul” Javier Lorenzo ha conseguido.

 

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