Insolaciones, nubes

Categoría: Críticas,Poesía |

Insolaciones, Nubes

El ecuador lumínico y poético de Rafael – José Díaz

Por Luis Antonio González Pérez

 

 

“Te queda menos de una hora, sol, para seguir cegándome. Te hundirás sin remedio y yo, en cambio, espero encaramarme en mi propia desesperación para avistar en alguno de los rincones de la noche algún brillo, aun turbio, que me salve un instante.”

 

 

Rafael – José Díaz camina de nuevo en el complejo espacio de la poesía en prosa, donde ya dibujara algunos encuentros en sus libros anteriores, como en el ya comentado por nosotros, Antes del eclipse (Pre-textos 2008), una de sus obras más sorprendentes. Esta nueva publicación del poeta canario lleva como título Insolaciones, Nubes, una acertada deconstrucción del título original de la obra que resume ciertamente la lucha difusa entre el norte y el sur de la isla, entre la ceguedad oscura de las nubes y las nieblas, con la plenitud lumínica que también impide la visión del espacio.

 

 

“Somos realmente unos bichos muy torpes, aunque no queramos reconocerlo. O bien vamos perdiendo gracia e inventiva con el paso del tiempo. “

 

 

Como bien señala Goretti Ramírez en las palabras que introducen la obra, no es sólo un reflejo de la reflexión sobre el espacio, sino que el tiempo toma una importante fuerza en el pulso del poeta y la obra. El transcurso de los días, y la fijación de estos como esquema de la composición; la medición del mismo en el paseo de las nubes; e incluso, el tiempo más personal, el reflejo de la niñez y la madurez en los mismos terrenos, son algunas de las lecturas temporales de la obra de Rafael – José Díaz.

“Flotan a la misma altura de la montaña. Como teledirigidas por alguien. Estreno este bolígrafo con ellas, pero en un cuaderno que usé hace ya tres años para dos series de poemas igualmente estivales.”

 

El poeta vuelve a un espacio temprano, se reencuentra con un cuaderno usado antes para la escritura anterior, y con un nuevo bolígrafo se dispone, en una especie de burbuja sensorial, a encontrarse con un entorno que él transforma en propicio para la creación, degustando de algún modo, todo aquello que le circunda.

 

Sorprende sin duda la transformación de la poesía de Rafael – José Díaz desde la serenidad y equilibrio de los versos, hasta la cercanía secuencial de las imágenes e impresiones de un diario de viaje, eso sí, más interior. El autor si conoce la necesidad de escribir tan sólo lo necesario, herramienta ésta que traslada de la composición versada a la poesía en prosa. Las frases cortas, las imágenes enumeradas, las impresiones ligeras, son una especie de construcción de puzle, pero en la concepción separada y de unicidad de sus piezas, sino en la necesaria conformación de un todo desde los precisos apuntes y trazos de cada una de las frases usadas.

En la peligrosa frontera que transita esta forma de crear poesía, la obra anterior de Rafael – José Díaz, su pureza poética, el dominio del ritmo y la forma en que reescribe lo que podríamos denominar como el “orbe poético”, responde más que suficientemente a quienes duden de si estos textos cruzan o no la intención del poeta. Son una buena muestra de trabajo decidido sobre los límites clásicos del verso, pero con un cuidado en los tiempos de la lectura y el lirismo de las imágenes. No se deja nada al azar o a la creación casi automática. La corrección y el trabajo de composición es notorio y en algunos casos magistral.

 

 

“Y ahora hay una nube que es como una bandada inmovilizada en su vuelo, una bandada que en pocos segundos adopta la forma de un seno de mujer cuyo pezón apuntara al mar que duerme abajo. Ya nada de esto existe. Lo han borrado el tiempo o la escritura, como hacen también con el dolor o la dicha. Ni bandada ni seno, ni pezones ni pájaros, sólo un blanco ligero mezclado con un azul cada vez menos intenso.”

Este fragmento del segundo día es buena muestra de lo expuesto. Rafael – José Díaz destrona quizás un halo de poesía alta, con cierta negativa connotación de la misma, para volcarse en una sinceridad que no traiciona la grandeza de lo escrito. Se derrota si es necesario, se niega, incluso se permite bajar la guardia en estos versos. Es un yo quien escribe, pero también un yo quien lee. No resuenan ecos entre las páginas, ni uno puede imaginarse a alguien más que uno mismo en esos mismos fotogramas versados.

 

Esta edición del genial Juan José Martín Ramos en su sello Polibea, incluye a Rafael – José Díaz en una colección ejemplar, donde nombres de la talla de Isabel Bono, Antonio Sánchez Nuñez, Miguel Losada o Ana Rossetti, conforman un terrenal parnaso, que lejos de comprenderlos en un paraíso celestial, se encuentran y confluyen llamándose Los Conjurados.


 

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